Picalagartos

Queríamos tanto a Brey

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Mariano Rajoy, de miércoles en la mañana en la radio, con Pepa Bueno y su declaración unilateral de fortaleza, de futuro. Que no hace falta que en los carteles pongan su cara, ni que lo arrastren por los platós o por esas plazas de segunda con cagajones en el albero. Porque Rajoy es España, y España es fuerte, y como España es fuerte y Rajoy es España, ya está resuelta la ecuación y a ver el fútbol, que es lo que nos une como país. Que "nadie es imprescindible", pero sucede que él no es nadie, sino Rajoy Brey, candidato del Partido Popular, y punto pelota.

La mayéutica rajoyniana de pueril es aplastante, y su músculo político es el olvido, el pelotazo arriba y que los Sorias, Bárcenas y las Ritas y demás culebrones le vayan prescribiendo. Su hoja de servicios acabará blanca como teta de monja: será un milagro del Apóstol Santiago o de la vieja democracia. Y aquí estaremos para verlo a pesar de las hemerotecas, de lo publicado, de la conversación de café y del clamor de algunos -pocos- que fueron tan suyos.

Escucharlo en la radio hablar de grandes coaliciones, de Centroeuropa, da rubor y vergüenza; cuando Rajoy habla de España se piensa uno así, en nacional, y se ve con el botijo y las moscas persiguiendo suecas con López Vázquez, y no en un Parlamento serio con moqueta y reverencia. Pero ése es el legado político de Rajoy, que no es legado, sino "muy y mucho" futuro, con su inmortalidad y su puro en julio, y así que pasen los años.

Porque sí, su músculo es el olvido y un pueblo, el hispano, con unas tragaderas legendarias según las últimas estadísticas. Dice Rajoy que a nadie le gustan los debates, y entonces recuerdo lo que la pasada nos dijo Andrea Levy en la Calle del Pez sobre que ella forma parte del espectáculo del "entretenimiento", ahora que el tertulianismo es de consumo masivo entre una serie y otra.

Rajoy irá a debatir con la chaqueta deslavazada, cuatro gestos desorbitados, y la aorta sobresaltada cuando lo llamen indigno; mirará los papeles cuando le digan corrupto -a todo se hace el buen gallego-, y se irá al día siguiente a hacerse el remangado y el sociable por las cuestas de Toledo. Saludador en el casino, con los viejos, y en la plaza mayor con las marujas. Caminos de España. "Polvo, sudor. El Estafermo cabalga".

Los grandes estadistas se crecen en las adversidades, los Rajoys en la autocomplacencia, y eso es porque nadie nos vendió a Rajoy como Churchill, ni mucho menos.

De aquí al 26-J lo peor serán los muertos por el camino, el papel mojado desde diciembre. Y el voto cautivo y desalmado que volverá a encauzarse en las torrenteras de lo mismo.

Queríamos tanto a Brey...