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La leche

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Este viernes los representantes de los sindicatos agrarios de León derramaron litros y litros de leche delante de la delegación del gobierno regional. Unos días antes se habían concentrado en el mismo sitio y habían tirado casi 2.000 litros de leche.

Protestan porque los ganaderos ni siquiera tienen quien les recoja la leche. El conflicto empieza por la liberalización de precios de la Política Agraria Común y el hundimiento de lo que cobran los productores.

El caso leonés es parte de la tendencia mundial de la bajada de precios en medio de un cambio radical del sector. Sucede también en Estados Unidos, el mayor productor de leche de vaca del mundo. Pero en la tierra de la innovación la respuesta es distinta.

La última revolución de la leche llega por dos vías: el boom de los productos lácteos y la comercialización de la leche como un bien más cuidado. De vacas muy bien alimentadas, de granjas orgánicas o en botellitas de cristal personalizadas y distribuidas de puerta en puerta. En Chicago hay una start-up que va a abrir una lechería artesanal al estilo de las cervecerías ahora tan de moda. La idea es de un empresario de 35 años llamado Travis Pyykkonen que se obsesionó con las marcas de leche y su procedencia cuando nació su hija, dejó su trabajo y acabó montando este nuevo negocio.

Algunas de las claves pasan por explicar de dónde viene la leche y cómo se produce o, como cuenta un productor de Pensilvania, por poner fotos de la granja en los envoltorios de los helados. Así, con sustancia y buena marca, las pequeñas empresas lácteas que valoran la calidad son cada vez más exitosas.

La revolución de la leche se parece a la que está sucediendo en muchos otros sectores afectados por un cambio de costumbres de los consumidores y por la pérdida de valor en una carrera de producción masiva en donde hay una brecha demasiado grande entre unos pocos grandes dominantes y todos los demás, en donde hay que ser una multinacional para ganar la carrera del volumen.

Tirar litros y litros de leche cruda, sin pasteurizar, nunca fue y nunca será la solución. Por suerte siempre hay unos pocos que lo entienden y tienen ideas para no conformarse. El presente es suyo.