La tribuna

Pedro Sánchez: ahora o nunca

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Ilustración

La ejecutiva del PSOE repite estos días que “España primero y luego el PSOE”. Resulta obvio que la primera preocupación política en España para los electores y nuestros representantes es si podrá pactarse un gobierno y cuál sería. La posibilidad de una investidura es urgente e importante, pero haríamos mal en no prepararnos a la vez para el caso probable de volver a las urnas en solo unas semanas.

Es lo que está ocurriendo dentro de los partidos. Hay que saber hacer compatible el leal apoyo al liderazgo actual con un debate sereno sobre los errores cometidos y los cambios deseables. Tras los 100 días que se han cumplido desde las elecciones (donde los partidos han negociado de veras apenas un tercio del tiempo), durante los 34 que quedan hasta saber si han de disolverse las Cortes, lo responsable es debatir abiertamente todos los escenarios.

Trataré el caso del PSOE, donde milito. Habrá compañeros que consideren desleal o inoportuno hacerlo porque en las demás formaciones también cuecen habas, ya sea con las listas plancha de Podemos, las convocatorias sorpresivas de primarias en Ciudadanos, o el mero dedazo que es norma en el PP. Respeto el argumento pero creo que el PSOE es más atractivo para los votantes cuando muestra una autocrítica constructiva para que nuestro funcionamiento sea más democrático, contribuyendo a que la política española sea más exigente al respecto en lugar de refugiarnos en que otros lo hagan peor.

Recordemos los elementos. El último Congreso Ordinario del PSOE se celebró entre los días 3 y 5 de febrero de 2012. Los Estatutos establecen que "el Congreso se reúne ordinariamente entre el tercer y cuarto año desde el anterior" y que "será convocado por el Comité Federal, quien determinará las fechas y lugar de reunión por lo menos con 60 días de antelación". Ninguna otra disposición de los Estatutos contempla la posibilidad de no aplicar estas previsiones. Por lo tanto, el Congreso Ordinario debería haber sido convocado por el Comité Federal antes del 7 de diciembre de 2015. Al no haber sido así, se ha producido una omisión de las obligaciones de la Comisión Ejecutiva Federal, a quien los Estatutos encarga "la convocatoria del Comité Federal y la propuesta de Orden del Día".

Unas elecciones anticipadas pueden ser una potente herramienta política; retrasarlas es una vulneración de las garantías y derechos más elementales

La consecuencia es una vulneración de los derechos más elementales de la militancia (como son los referidos al sufragio activo y pasivo) al suspenderse nuestra participación a través de los cauces democráticos previstos, debido a que los citados órganos federales retienen ilegítimamente los mandatos que al cabo de un máximo de cuatro años debían ser elegidos de nuevo. Algunos argumentan que el Reglamento Federal de Congresos establece que "el Congreso Federal Ordinario no podrá ser aplazado salvo por decisión expresa del Comité Federal, y siempre que concurran causas suficientes que justifiquen su aplazamiento". Considero que esta disposición debe considerarse nula por antiestatutaria dado que la competencia para desarrollar reglamentos del Comité Federal emana de los propios Estatutos "en aplicación de los mismos". Por lo tanto, el Comité Federal no puede arrogarse una competencia que no prevén los Estatutos, máxime cuando su decisión resulta precisamente en prorrogar su propio mandato al no convocar el Congreso.

¿Alguien imagina que el Gobierno hubiera extendido el mandato de las Cortes Generales -y en consecuencia el suyo propio- con la excusa de no estorbar la recuperación económica o que nos tocara la presidencia de turno de la Unión Europea? ¿O que un alcalde pretendiera retrasar el paso por las urnas porque su ciudad es candidata a unos Juegos Olímpicos? Unas elecciones anticipadas pueden ser una potente herramienta política; retrasarlas es una vulneración de las garantías y derechos más elementales. Igual de exigentes se ha de ser con los partidos políticos que están reconocidos y protegidos en el núcleo de nuestra Constitución: su artículo 6 les atribuye nada menos que "expresar el pluralismo político, concurrir a la formación y manifestación de la voluntad popular y ser instrumento fundamental para la participación política", pero exigiéndoles a cambio que "su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. Por lo tanto, si Pedro Sánchez quería evitar esta coincidencia de fechas, la opción adecuada era adelantar el Congreso.

El PSOE es más atractivo para los votantes cuando muestra una autocrítica constructiva para que nuestro funcionamiento sea más democrático

Aun aceptando que esa norma excepcional de retrasar el Congreso fuera válida, el Comité Federal debería haberlo decidido antes del citado 7 de diciembre mediante una "resolución expresa y justificada". Por el contrario, se permitió que la situación se consumara por la mera omisión que ni siquiera puede considerarse involuntaria, dado que la primera noticia al respecto ni siquiera fue una nota oficial sino una nota de prensa publicada el 21 de diciembre por la Comisión Ejecutiva Federal indicaba que "el Partido ha decidido aplazar a primavera el periodo de Congresos ordinarios, que tocaba en febrero". Llamativa confusión entre "el Partido" y las preferencias de algunos de sus actuales dirigentes en una reunión donde, horas después de lograr el peor resultado del PSOE en democracia, Pedro Sánchez consideró útil ocupar el terreno anunciando ya ese mismo día que se presentaría a la reelección como secretario general.

El 30 de enero se reunió el Comité Federal y parece ser que decidieron por fin convocar el Congreso para el 20 al 22 de mayo, aunque se supo solo por revelaciones de la prensa ya que la dirección no emitió al respecto comunicado público ni a la militancia, que no pudo comprobar si estaba correctamente incluida en el censo. Todo indica que pretendían guardarse el comodín de anularlo antes de que comenzara la recogida de avales. Es decir, en lugar de aprovechar todo el plazo para renovar propuestas preparando y debatiendo las ponencias, se mantuvo en silencio una convocatoria donde además se optó por reducir al mínimo reglamentario los plazos para reunir avales, declarándose los candidatos solo a partir del 11 de abril. Y ahora que quedan ya menos de los 60 días que fijan los Estatutos, y que por lo tanto debería considerarse que la convocatoria del Congreso se ha “perfeccionado” definitivamente, se pretende en efecto posponerlo sine die.

Por último, se replica con el capcioso pretexto de que, aunque no se renueve orgánicamente el partido, sí habrá primarias para designar al candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno. Sin embargo, este proceso requiere al menos 37 días para llevarse a cabo que se unen a los 34 de antelación con que deben registrarse las candidaturas que concurren a unas elecciones. Es decir que, de todas formas, quienes aspiraran a liderar el cartel electoral del 26 de junio deberían empezar a recoger avales tres semanas antes de que se sepa si se disuelven las actuales Cortes.

Sería una ocasión inmejorable para que los militantes opináramos sobre los posibles programas y pactos de investidura

Por lo tanto, tras el grave descuido de la dirección de no haber anticipado esta situación, creo que frente al descrédito de seguir maniobrando con las fechas y el empobrecimiento de elegir un candidato por defecto, lo deseable es que este sábado el Comité Federal decida abrir a la vez el proceso congresual (con la elección del secretario general) y las primarias para candidatos a liderar el ejecutivo.

Personalmente no me gusta que parezca una fatalidad que el líder del partido sea necesariamente su mejor candidato electoral; buenos ejemplos hay en España y otros países de la eficacia de establecer un contrapeso. De hecho, quizá hubiera candidatos que prefirieran no optar a ambos puestos o establecer mayores garantías de control desde el partido.

Sería en cualquier caso una ocasión inmejorable para que los militantes opináramos sobre los posibles programas y pactos de investidura que aún pueden negociar los líderes del partido: ya sea el actual -que hasta el 2 de mayo debe seguir contando con todo el apoyo del partido para formar gobierno- o los que se eligieran para el 26 de junio. Ante una situación tan bloqueada en España como la actual es necesario desplegar todos los esfuerzos para encontrar propuestas innovadoras e identificar las personas que son capaces de formularlas y resultar convincentes. Además no serían solo los militantes sino todos los ciudadanos progresistas quienes las refrendarían, al tratarse de unas primarias abiertas.

Pedro Sánchez debe asumir su responsabilidad aclarando que se retiraría el 2 de mayo de no lograr ser Presidente del Gobierno

Confío pues en que el Comité Federal no dé ni estas ni aún menos unas nuevas elecciones por perdidas, sino que se arriesgue a abrir la competencia de ideas y candidatos. Incluso si acabara saliendo alguno de los dos que más suenan -Susana Díaz o Pedro Sánchez- se beneficiaría del aporte de ideas nuevas, de la legitimación de una competición leal pero exigente, y de la publicidad de unas primarias en las que- siguiendo la referencia de otros países- podrían participar hasta dos millones de ciudadanos.

Para potenciar las posibilidades de que el proceso sea lo más abierto posible, el Comité Federal debería retirar los avales (o limitarlos al 0,5% que proponen organizaciones como Más Democracia, frente al 10% actual), abrir el plazo de recogida desde el mismo día siguiente al Comité Federal (en lugar de esperar al 15 de abril y dejar apenas diez días), dar garantías de que son secretos y no exclusivos (poder avalar a más un candidato), y prever un mecanismo de segunda vuelta (de manera que el ganador tenga el apoyo del 50% de los votantes). Idealmente -aunque es difícil que pueda ponerse en marcha para estas elecciones- deberían establecerse primarias para elegir a todos los demás candidatos a diputados.

Retrasar el inicio del proceso congresual y de primarias a después del 2 de mayo sería perder tres preciosas semanas si es que tuvieran que repetirse las elecciones el 26 de junio. Si Pedro Sánchez piensa de verdad que es incompatible simultanear la renovación de cargos y candidatos con la negociación de investidura debe asumir su responsabilidad aclarando que se retiraría el 2 de mayo de no lograr ser Presidente del Gobierno. Tanto en el partido como sus posibles socios de gobierno tendrían así claro que hasta esa fecha va a por todas, y que después tendrían que medirse o pactar con otros. Pero, sin ese compromiso, volver a mover sorpresivamente las fechas del Congreso del PSOE donde la única certeza es que el partido volvería a presentarlo como candidato sin apenas debate ni posibilidades reales de renovación, no debe en ningún caso ser tolerado por el Comité Federal.

*** Víctor Gómez Frías es profesor de ParisTech y militante del PSOE.