La tribuna

Impresiones de emergencia en Bruselas

Juan Fernando López Aguilar
.

Ilustración

Situación sin precedentes en la capital europea. Esta mañana, cuando me dirigía al aeropuerto de Zavendem en torno a las 8.20 A.M., el conductor ha recibido la notificación del cierre de todos los accesos: "Il y eu des attentats, c'est pas une blague". No, no era una broma. Desde los despachos de la delegación española en el Parlamento Europeo se escuchan continuadamente sirenas de policía y bomberos que han acudido al lugar de una nueva explosión, en la estación de Melbeek, junto al propio Parlamento. Verificación inmediata de que mis compañeros y compañeras de trabajo se encuentran a salvo, sólo resta asistir a un despliegue de fuerzas militares y policiales en las que la ciudad queda bloqueada en minutos, cerradas sus infraestructuras de comunicaciones y blindadas las fronteras con los países limítrofes. Sobrevuelan helicópteros el perímetro del centro; las tanquetas y ambulancias son los únicos vehículos reconocibles en torno a las sedes comunitarias.

Bruselas es también capital de un Estado federal en el que coexisten diversos cuerpos de policía y seguridad, dependientes de distintas administraciones y gobiernos territoriales, no siempre coordinados entre sí. La amenaza yihadista ha desatado un clima espeso de seguridad. Los días en que, hace escasos años, accedíamos libremente a las instituciones y disfrutábamos de las múltiples y fluidas comunicaciones de la capital europea con el resto de Europa y el mundo en la plenitud de disfrute de la libre circulación de personas, parecen ahora muy remotos: hace tiempo que los controles de identificación son numerosos y constantes.

Esta jornada inesperable y trágica ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la capital de Europa

El aeropuerto de Zavendem, nódulo internacional de tráfico aéreo, lugar de enorme intensidad de tránsitos, viene siendo patrullado regularmente por unidades del ejército con armamento pesado desde hace muchos meses. Pero, con todo, esta jornada inesperable y trágica ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la capital de Europa.

La respuesta no debiera hacer concesiones al pánico. Sigue siendo precisa una estrategia europea de seguridad, merecedora de ese nombre por la escala de sus capacidades y de sus instrumentos. La garantía de nuestra integridad personal y colectiva no podrá alcanzar, probablemente, el 100% frente a una amenaza proteica, mutante y terrible como la del yihadismo que mata y muere matando. Ese enemigo no viene de fuera, y desde luego no lo encarna el drama de los refugiados: los terroristas que nos golpean, según hemos conocido hasta ahora, habían nacido en la UE y residían entre nosotros, habiendo enloquecido de odio -la yihadización del malestar social- en un sentimiento tóxico de marginación y exclusión que arraiga preocupantemente en las segundas y terceras generaciones de alguna antigua inmigración.

La libre circulación de personas es el acervo más querido por la ciudadanía a todo lo ancho de la UE

Pero hacerle frente requiere poner en común información, inteligencia, cooperación con las propias comunidades locales para detectar y atacar el problema en su raíz, capacidad operativa, recursos materiales, tecnológicos y personales. Sin desmantelar sin más lo que aún queda en pie de Schengen y de lo que un día fue la tan preciada libre circulación de personas, que es, de lejos, el acervo más querido por la ciudadanía a todo lo ancho de la UE.

Día aciago. Consternación y dolor, y solidaridad con las víctimas, inocentes siempre ante la barbarie, y con sus familias rotas. Condena de toda violencia. Y llamamiento a las autoridades europeas para que su respuesta no ceda a la provocación del mal, orientada a demoler lo que lo hemos construído durante más de medio siglo en el continente europeo.

***Juan Fernando López Aguilar es eurodiputado socialista y fue ministro de Justicia.