El rugido del león

Europa traiciona sus valores

Europa ha decidido poner en almoneda sus valores y convertir en papel mojado los acuerdos comunitarios y la legislación internacional sobre derechos humanos, con tal de que Turquía haga de dique de contención frente a los refugiados. La consecuencia previsible del acuerdo alcanzado entre las autoridades comunitarias y el Gobierno de Ankara -y que de no corregirse a tiempo será ratificado el 18 de marzo en la cumbre de Bruselas- es que la UE habrá traicionado sus principios fundacionales a cambio de posponer la solución de la crisis humanitaria más importante desde la Segunda Guerra Mundial. Ni que decir tiene que tan enorme renuncia acabará pasando factura a un continente en el que el euroescepticismo ha crecido espoleado por la crisis y en el que, recién asumida la excepcionalidad británica y sus prerrogativas, cada vez parece más complicado pactar soluciones compartidas a los grandes retos comunes.

Según el pacto alcanzado, Europa trasladará a Turquía a cuantos demandantes de asilo lleguen de forma irregular a las islas griegas, si bien con el compromiso de acoger a un número equivalente de refugiados provenientes de este país. El Gobierno turco se compormete a tramitar las solicitudes de asilo y redoblará sus esfuerzos para combatir a las organizaciones criminales que trafican con las personas que huyen de las guerras de Siria e Irak o de Afganistán.

Devoluciones en caliente

Precisamente hacer frente a los traficantes de seres humanos y lanzar el mensaje de que el único modo de ser acogido en Europa es de forma regular son los pretextos con los que la Unión se dispone a justificar este acuerdo. Lo cierto es que el trato con Ankara supone dar luz verde a deportaciones masivas desde suelo europeo a un tercer país y apostar por la misma política de devoluciones en caliente que Bruselas criticaba en las fronteras españolas de Ceuta y Melilla.

El cinismo de la Comisión Europea no tiene parangón. El aliado elegido ahora para aliviar la crisis de los refugiados es una semidictadura que no respeta los derechos humanos ni la libertad de prensa, como demuestra el cierre la semana pasada de un diario crítico con el régimen de Tayyip Erdogan. No es pues de extrañar que este martes Naciones Unidas y asociaciones en defensa de los refugiados hayan advertido que las expulsiones colectivas contravienen la Convención Europea de Derechos Humanos y la legislación internacional.

Turquía, más cerca de la UE

Como contraprestación a hacer de gendarme de Europa, Turquía ha pedido otros 3.000 millones de euros adicionales a los 3.000 ya aprobados para asistir a los refugiados, que no se pidan visados a los ciudadnos turcos que decidan viajar a Europa y que se acelere su adhesión a la Unión. Si la contraprestación en dinero y en especie ya ha levantado ampollas entre los 28, la posibilidad de que Europa abra sus puertas a un país principalmente asiático, de mayoría musulmana, en el que la islamización de la esfera pública avanza a pasos agigantados, y sobre el que la propia Comisión Europea alertaba en noviembre de que había experimentado una "evolución negativa" en derechos humanos, este cambalache sólo puede abonar el descontento y el euroescepticismo.

Europa actúa a la desesperada por su propia incapacidad para cumplir con el compromiso de acoger a los refugiados sirios; desbordada ante el levantamiento unilateral de alambradas en los países balcánicos; y estupefacta ante el espectáculo cotidiano en que se ha convertido la avistamiento de náufragos y cadáveres en sus costas. En 2015 murieron ahogados cerca de 3.800 refugiados tratando de llegar a tierra y Grecia entera se ha convertido en un improvisado campamento en el que es la asistencia humanitaria es un atarea titánica.

La lucha sin cuartel contra la inmigración ilegal es necesaria, pero no puede amparar el tráfico de seres humanos entre países ni ninguna forma de tasas de equivalencia entre refugiados con un destino asignado y solicitantes de asilo a la desesperada. La única solución posible pasa por retomar la política de cuotas haciendo valer los principios europeos, no renunciando a ellos.