La tribuna

¿Buscando el norte o mirando al este?

Juan Pedro Moreno
Ana Yael

Ilustración

  1. Exportaciones
  2. Alianzas comerciales
  3. Comercio
  4. Comisión Europea
  5. Crecimiento económico

La serie de televisión Buscando el Norte, una comedia coral sobre la vida diaria de varios emigrantes españoles en Berlín, puede servir de entradilla de actualidad para -simplemente cambiando los personajes físicos por personas jurídicas- concluir que emigrar no es sinónimo de triunfar -para los primeros- ni internacionalizar es solo exportar, si hablamos del entorno empresarial. Eso sí, para unos y otros pueden serle útil dos simples palabras, ambición y visión. Una relacionada con la estrategia y otra con la diversificación.

Tomemos en cuenta las previsiones de la Comisión Europea sobre exportaciones previstas en 2016: España será el quinto país de la UE-28 en crecimiento de las mismas, con un 5.3%, un punto por encima de la media, y sólo después de Hungría, Irlanda, República Checa y Polonia. Una tendencia que se ha mantenido estable durante la crisis, mientras la demanda interna caía año tras año, seguíamos aumentando nuestra presencia internacional. Junto con Alemania, España ha sido la única economía que ha mantenido cuota en el mercado global. ¿Un hecho coyuntural -un “buscando el norte” por pérdida de demanda interna- o un verdadero potencial que se afianzará en el largo plazo?

No es sostenible un internacionalización basada solo en  la devaluación interior y la depreciación del euro

Quizá lo primero que haya que definir es el término internacionalización. España se internacionaliza, se globaliza, no solo como la exportación e inversión directa de las empresas de capital nacional, sino también a través de la presencia de las multinacionales extranjeras -o empresas globales- afincadas en España y que trabajan cada día con el objetivo de buscar el crecimiento país: facturación de 400.000 millones de euros, empleo del 15% de la población ocupada y más de 13.000 filiales añadidas desde 2009… con un impacto en el I-D+i nacional del 12%. Ellas también nos abren al mundo y contribuyen a nuestro crecimiento formando parte de manera muy notable del nuestro sector exportador.

Pero ¿es sostenible un modelo de internacionalización basado en nuestra reciente competitividad originada tras la devaluación interior sufrida durante la crisis y la depreciación del euro?

Para hacer sostenible el crecimiento de nuestra  actividad internacional y nuestra economía no basta cuánto exportar, sino cómo hacerlo. Hoy tan solo el 5,6% de nuestras empresas exporta y tengamos en cuenta que el 92% de las exportaciones españolas están concentradas en un 15% de empresas, donde, además tan solo un 31% lo hace de forma regular. Nuestro potencial exportador sigue aún inexplotado si consideramos que podríamos llegar a exportar hasta un 40% de nuestro PIB a través de 200.000 empresas. Para ello se requieren cambios profundos en nuestro tejido empresarial: necesitamos empresas más grandes; necesitamos apalancar el desarrollo en la dotación de talento en las empresas y, finalmente, necesitamos construir sobre nuestras fortalezas. En suma, pasar de la internacionalización basada en la competitividad a apalancarnos mucho más en la diferenciación.

La clave es la diferenciación: debemos potenciar los rasgos diferenciales asociados a la innovación

Talento quiere decir más capacidades de gestión, más idiomas y más integración de procesos e innovación. Formación para mejorar la capacidad de gestión de los empresarios, idiomas para -más allá de entendernos- lograr mayor capacidad de negociación, e integración de las PYMES en las cadenas globales de valor generadas por las grandes marcas multinacionales para facilitar su salida al exterior.

Apalancarnos en nuestras fortalezas es diferenciación. Ahí están empresas españolas liderando sectores a nivel global en Moda, Turismo, Servicios Financieros, Automoción, Utilities, Construcción y Agroalimentaria. Nuestros productos (35% de la exportación) y servicios (42%) son y pueden ser líderes globales. La clave es la diferenciación, por ello debemos potenciar los rasgos diferenciales que tienen que ver con la innovación, sus modelos de negocio y servicio, su componente digital y su calidad.

Nuestra dependencia de la UE para exportar puede llevar a perdernos parte del crecimiento mundial

Para ello, empresas y administraciones hemos de esforzarnos para facilitar todos aquellos elementos que permitan contar con más y mejores start ups; una estructura universitaria más cercana a las empresas y que atraiga talento internacional y estudiantes Eramus que nos llenen de diversidad -y que los retenga al finalizar sus estudios-, y un ecosistema de colaboración que -apoyado en talento- genere inversión e innovación. Todo ello mediante la optimización del uso de las tecnologías y la transformación digital de los procesos y las organizaciones.

En resumen, diferenciación sí y mucha, pero también diversificación. Si continuamos con nuestra alta dependencia de la UE como destino de exportación -hoy situada en el 62% del total- perderemos el 90% del crecimiento mundial previsto para las dos próximas décadas y que se localizará fuera de las fronteras europeas, fundamentalmente en Asia, quedándonos atrapados en un mercado que envejece sin remisión.

Busquemos el norte, sigamos en el oeste, no perdamos el  sur y miremos al este. Ahí van cuatro nuevos títulos para las productoras de series de televisión.

*** Juan Pedro Moreno es presidente de Accenture.