El merodeador

Unas vacaciones que retratan el auge y decadencia de una época , La sociedad no debe pasar por alto las coacciones a los políticos , No es justo que un asesinato se salde con sólo dos años de cárcel

Unas vacaciones que retratan el auge y decadencia de una época

Este próximo miércoles se cumplirán veinte años de la primera victoria electoral de José María Aznar, que cerró las negras pesadillas del felipismo y dio lugar a una exitosa etapa de gobierno marcada por la estabilidad política y la prosperidad. Después vino la mayoría absoluta del año 2000, donde acabaron ensombreciéndose parte de los logros anteriores. En esa segunda legislatura germinaron los logreros y aprovechados que siempre medran al calor del poder. Ese tipo de personajes son los que quedan retratados en el vídeo que EL ESPAÑOL ha difundido de las vacaciones en el mar de algunos de los protagonistas de Gürtel, como Francisco Correa o Álvaro Pérez. Junto a ellos viajan Alejandro Agag y Ana Aznar Botella, sobre cuya integridad no hay dudas. Pero el testimonio es indicativo de la búsqueda de cercanía a personajes influyentes de quienes acabaron construyendo un entramado de corrupción con múltiples tentáculos. En esas imágenes que retratan el auge y decadencia de una época aparece también Alberto López Viejo, que de concejal pasó a ser viceconsejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid y a quien se le descubrió una cuenta millonaria en Suiza. Al final de su viaje, a Correa, El Bigotes y López Viejo, como a tantos otros de su especie, les estaban esperando los tribunales de Justicia.

 

La sociedad no debe pasar por alto las coacciones a los políticos

El último de los representantes políticos que ha sido insultado con ánimo evidente de coacciornarle ha sido la portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid. En la fachada del domicilio de Begoña Villacís ha aparecido escrito en grande con spray "¡zorra!". La policía debe poner todo su empeño en averiguar quién ha sido el autor o autores de este ataque, que no por ser de baja intensidad resulta menos peligroso. Villacís ya recibió insultos y amenazas en la investidura de Manuela Carmena, cuando un grupo de personas gritó a los concejales de Ciudadanos "¡horca y guillotina!". La sociedad ha empezado a habituarse a este tipo de acciones como si fueran parte del precio que tienen que pagar algunos por dedicarse a la política. En este caso en concreto, y para hacerlo más odioso, concurre el elemento machista. No es un fenómeno que afecte sólo a la formación de Albert Rivera, desgraciadamente son habituales los ataques a las sedes de los partidos, pero sí es cierto que, seguramente por su pujanza, Ciudadanos ha sido últimamente diana de indeseables. La sociedad debe tomar conciencia del problema y las autoridades tienen que intentar ponerle remedio.

No es justo que un asesinato se salde con sólo dos años de cárcel

La puesta en libertad de José Luis Urrusolo Sistiaga, ex responsable del comando Madrid de ETA en la década más sanguinaria de la banda, demuestra que en ocasiones la Justicia no hace honor a su nombre. Este terrorista fue condenado a más de 600 años de cárcel por los secuestros de los empresarios Emiliano Revilla y Diego Prado de Colón, y por asesinar a nueve personas: un directivo de banco, un empresario, un comandante, dos brigadas del Ejército, dos policías nacionales, un guardia civil y un albañil. Pues bien, ha acabado cumpliendo diecinueve años, unicamente dos por cada muerto a sus espaldas. Urrusolo, que rompió hace tiempo con ETA por renegar de la violencia, disfrutará de una nueva vida en libertad pese a que él se la robó para siempre a nueve familias. Hacía meses que gozaba de permisos para salir temporalmente de prisión. No está en cuestión que entre los objetivos de los centros penitenciarios esté la rehabilitación del preso. Pero la condena tiene también un componente sancionador con el que la Justicia trata de reparar la deuda contraída con las víctimas. Ésta dimensión es la que no se tiene en cuenta cuando a un asesino múltiple se le permite saldar cada muerte con dos años de cárcel. Es una vergüenza que la legislación no debería permitir.