El rugido del león

Un buen pacto que acorrala a Rajoy y enfada a Iglesias

La alianza sellada por PSOE y Ciudadanos en torno a un programa de evidente carácter reformista deja en una comprometida situación al PP y a Podemos. Y es así porque el acuerdo que este martes reclamó Rivera y aceptó Sánchez, es objetivamente positivo y muchos españoles no entenderían que se boicotease por egoísmos personales o de partido.

Estamos ante un programa que incluye cinco puntos básicos que, de concretarse, supondrían una mejora cualitativa de nuestra democracia: la despolitización de la Justicia, la eliminación de los aforamientos de los políticos, la supresión de las diputaciones provinciales, la limitación del mandato del presidente del Gobierno para que no exceda de los ocho años y la rebaja de exigencias a las iniciativas legislativas populares como forma de mejorar la democracia participativa.

El ejemplo de las diputaciones

Una vez expuesto este plan ¿a qué medida se oponen PP y Podemos? No lo dirán, porque si hoy hubiera un referéndum, muy probablemente las cinco saldrían ampliamente respaldadas por los españoles. Hoy mismo publicamos un informe en EL ESPAÑOL en el que se revela que las diputaciones gastan por término medio tanto dinero en sí mismas como en servicios a los ciudadanos, una situación insostenible que demuestra que han acabado convertidas en agencias de contratación de los partidos.

Estas cinco medidas supondrían una reforma de la Constitución que Rivera y Sánchez han acordado que fuera "exprés", es decir, al principio de la legislatura, como una forma de rearmar moralmente cuanto antes nuestra Democracia. Pero también "exprés" por cuanto se acometería por el procedimiento abreviado, lo cual requeriría de la mayoría absoluta de las dos Cámaras del Parlamento y, por lo tanto, del concurso del PP.

Pero esas medidas sólo son el anticipo de un pacto más amplio que hoy presentará cada ejecutiva a su partido y que incluye desde la exclusión de cualquier referéndum de autodeterminación, a la congelación de impuestos o la petición a Bruselas de que conceda una prórroga para cumplir el objetivo de déficit.

Del 'teatro' al 'teatrillo'

El acuerdo para formar gobierno ha sido mal recibido en el PP y en Podemos, que han coincidido a la hora de llamarlo "teatro" y "teatrillo", asegurando que no podrá prosperar por falta de apoyos. Pero si no fructifica será precisamente porque los dos lo habrán abortado, pues bastaría con que uno se abstuviera para que saliera adelante.

Iglesias tiene más fácil justificar su voto en contra, porque siempre ha defendido que o gobernaba con el PSOE, como vicepresidente y controlando los ministerios principales, o nada. Aún así, el acuerdo ha enfadado a Podemos, que se ve empujado hacia el extremo. La acritud con que Iglesias lo valoraba este martes es muy elocuente.

Pero el problema sobre todo es para Rajoy. El líder del PP tendrá que explicar, llegado el caso, por qué vota junto a Podemos y por qué obliga a los españoles a ir a una nuevas elecciones tras las cuales es muy probable que se mantuviera la actual situación de bloqueo. Y el panorama se complica aún más para Rajoy por cuanto, tal y como hoy desvelamos, Ciudadanos se ha comprometido con el PSOE a mantener el acuerdo incluso después de que la investidura de Sánchez fracasara. Es decir, se diluye la posibilidad que acariciaba el PP de que, una vez fracasada la intentona de Sánchez, llegaría la oportunidad de Rajoy. No habrá tal y Rajoy seguirá solo, lo cual puede hacer que surjan voces en el PP para que se haga a un lado.

Tanto el PSOE como Ciudadanos han jugado con habilidad sus bazas y han presentado un programa atractivo, transversal, que respaldarían millones de ciudadanos. Han hecho ver que existe la posibilidad de que España se regenere y disfrute de una  democracia mejor en unos meses, cambiando el negativismo actual por un entorno de optimismo. A ver quién y cómo tumba eso.