Sin soltar amarras

Vuelve la gomina

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Estaba convencida de que la gomina había caído en desuso. Lo digo de verdad. La gomina era cosa de los primeros noventa, cuando los niños pijos se esculpían el pelo intentando parecerse a Mario Conde, que entonces era lo más. La última vez que leí en prensa algo sobre la gomina fue cuando, en 1998 -que ya llovió- se supo que un alcalde del PP en León cargaba al ayuntamiento la compra de fijador para el pelo. A lo mejor ahí fue cuando la gomina se cubrió de una pátina de cutrez, se quedó viejuna y nos pasamos a la espuma y al gel, que es casi lo mismo que la gomina, pero queda más moderno.

No contábamos con que la historia es cíclica y tiende a repetirse: hace unos días supimos que, como el alcalde pepero, el alcalde zaragozano de Podemos no tiene empacho en cargar al presupuesto municipal la compra de gomina para su cuarto de baño. Preguntado por el abuso, el hombre ha dicho que a los vecinos de Zaragoza les gustará ver a su alcalde presentable, que es lo mismo que contestaba Evita Perón cuando le reprochaban el gasto suntuario en joyas y vestidos: “mi pueblo quiere verme así”. De acuerdo con Evita y de acuerdo con el señor Pedro Santisteve, que hay que decir que va siempre hecho un pincel: a la gente le gusta que sus líderes luzcan más bonitos que un san Luis, pero es de agradecer que sea con cargo a su propio pecunio y no a las arcas municipales. En un cajón de mi despacho en el Congreso tengo un cepillo para el pelo, un kit de limpieza dental y un brillo de labios, pero no se me ha ocurrido pedir a mantenimiento que me los proporcione junto con el cartucho de la impresora y el taco de folios.

Uno de los peligros de llegar a la cima es la tentación del gratis total, que gravita peligrosamente sobre la cabeza del poderoso. Te preguntan qué necesitas para el despacho y después de pedir bolígrafos y una papelera, hay alguno que se encuentra solicitando embellecedores para el pelo. Lo que sorprende es que sea un representante de la nueva política el que se apunte al abuso cosmético a cargo de los bolsillos de los contribuyentes maños, y que cuando le señalen el gesto se encastille en que no tiene ninguna importancia. Que sepa el señor Santisteve que ahora metes “gomina” en el buscador de google y lo primero que te sale es “alcalde de Podemos”. No sé si le compensa por ahorrar quince euros. Que, por cierto, vaya gomina buena que se gasta el alcalde de Zaragoza. Pero de eso, si quieren, ya hablamos otro día.