La tribuna

Mas, hacia su fin; Cataluña hacia la izquierda

Alfons Quintà
Sr. García

Ilustración

Mas ha perdido, y no sólo los barcos y sus corsarios, sino también la honra. Asumió todas las irracionalidades imaginables, muy incluido el ridículo. Ahora todo le cae encima. Será abrumador, porque en Cataluña no hay sólo un problema político, sino una necesidad urgente de reconstrucción intelectual y social.

Este lunes habrá junta de portavoces del Parlamento catalán y la coalición Junts pel Sí podría presentar a otro candidato. Minutos después de que la CUP rechazara apoyar la candidatura de Mas, tuiteros secesionistas, más o menos oficiosos, apuntaban a que podría ser Raúl Romeva, de la misma coalición pero cien por cien fiel a ERC y a su líder Junqueras. La incógnita desaparecerá muy pronto.

Para presentar un nuevo candidato debería llevarse a cabo, en plan sprint ciclista, un debate de investidura y la votación antes de medianoche del próximo sábado. De otro modo, resultaría que, por imperativo legal, las elecciones catalanas serían inexorablemente convocadas enseguida después de dicho día y hora. Su fecha más probable de celebración sería el 6 de marzo.

Como Mas ya no va a poder encabezar su proyecto, muchas realidades no podrán camuflarse

Haya o no elecciones, la ausencia de Mas es de una importancia capital. En primer lugar, la hoy agónica CDC es una organización clánica construida por Jordi Pujol, heredada y protegida por Mas y con unos ribetes de corrupción, por decirlo púdicamente, de los cuales el poder judicial deberá decir la última palabra.

Si Mas hubiese podido encabezar la coalición JPS muchas realidades se habrían podido continuar camuflando. Ahora no debería ser así. Tendrán que cambiar de discurso, abandonando el falso unitarismo nacionalista. Éste puede desaparecer, o quedar muy tocado. Pujol siempre fue un político sectario, pero con habilidad para ponerse en una posición de poder hablar, falazmente, en nombre de todos los catalanes.

Otro aspecto clave para Mas es la contestación interna en su partido. Este mismo domingo, el consejero de Sostenibilidad Santi Vila expresaba convicciones refundadoras que ya han manifestado otros dirigentes de su partido. "Visto lo visto, todos juntos hemos de reflexionar. Este país emprendedor, de progreso y hecho a sí mismo, ha de dejar atrás los despropósitos", decía en Twitter.

Existen intentos formales por sacar a la antigua Convergència de la vía secesionista y antiespañola

Este domingo ha sido el día D de un intento formal para sacar de la antigua CDC la gangrena secesionista y volver a colocarla en el ámbito español, en la vía constitucionalista, acompañada del PNV y abiertamente en contra de Podemos. Los promotores de este proyecto tienen bien presente el momento político español. En pura lógica, el nuevo castañazo de Mas les estimula para su objetivo inmediato: quieren liquidar a la puta para reinstaurar a la Ramoneta. Pero no es nada que pueda tratarse frívolamente. Muchos no se acaban de creer el fin de Mas, después de tantas muertes aparentes. La mayoría de fuerzas políticas tampoco tienen claro si Mas querrá encabezar una nueva lista.

En Cataluña todos los programas políticos e incluso las ideas genéricas contrarias a las de Mas son ahogadas de una manera inimaginable en el resto de España. La dictadura mediática es tan enorme que impone la agenda informativa. Así, la información pese a la payasada llevada a cabo por la CUP y Mas ha sido de un unicolor espectacular y fácilmente acreditable.

Hace pocos días un dirigente de la CUP me facilitó una información al mediodía. Por la tarde y por la noche, el aparato mediático de la Generalitat dijo exactamente lo contrario. Al día siguiente me quejé a mi fuente, que me dijo que entendía mi queja pero lo que me había comunicado era y seguía siendo cierto. "Entiendo tu queja porque los medios de la Generalitat mintieron tanto que yo mismo creí que te había informado mal", repuso.

Si Mas se presentara a unas elecciones encabezando la lista de su partido sufriría otro batacazo

La pérdida de libertades va en serio y no desde ayer. Ello genera parálisis y un sentimiento de total incertidumbre por la radical arbitrariedad de que goza el poder autonómico. La incertidumbre tiene fundamentos básicos: Mas encarna un problema más psicológico que político. Su alterado ego siempre se impone a la realidad objetiva. Tengo confirmado que, en los últimos días, Mas estuvo solicitando ayuda a muy altos financieros catalanes para "parar los pies a la CUP", mientras hacía creer que cedía a esta organización en infinidad de temas.

En cualquier caso, si se presentase a las elecciones de marzo encabezando su partido sufriría otro batacazo. Quizás sólo lograría unos 25 diputados, o menos. Seguro que sería superado por ERC, situada en primer lugar, quizás seguida de la franquicia de Podemos coaligada con Iniciativa. También Ciudadanos le podría superar en votos.

En cualquier caso, hoy parece que se produce un deslizamiento del electorado catalán hacia un gran radicalismo de izquierda, encarnado por Ada Colau, aunque el candidato aparentemente mejor situado para ganar la Generalitat podría ser Oriol Junqueras, el líder de ERC. Para ser más taxativo sería precisa una mejor previsión respecto al futuro político español. Lo cual tiene su gracia o su ironía: un Mas lanzado a la piscina cada día más vacía del secesionismo no sólo ha potenciado a fuerzas que no son separatistas sino que ha entrelazado aún más la política española y la catalana.

*** Alfons Quintà es periodista y ex director de TV-3.

*** Ilustración: Sr. García