Un carnívoro cuchillo

Mama, por

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Mama, por". Mamá, miedo. Recordarán los sibaritas de la prensa, es decir, los que desde el primer día se leen sin perder coma ni comba todo lo que en esta santa casa escribimos, entre otros, yo, que me estrené con un diccionario político-satírico donde aventuraba la siguiente definición de izquierda, de izquierda así en general, pero vista y entendida desde Cataluña.

Toma recordatorio: "Decían en la Guerra Civil que Barcelona sería la tumba del fascismo. Sin comentarios. O, mejor, con el comentario de George Orwell elocuentemente expresado en su trascendental y deprimentísima obra Homenaje a Cataluña. Entre que aquí nadie lee y entre que el título engaña, las Ramblas y el Paseo de Gracia van felizmente llenos de gente convencida de que no hay ni ha habido nunca izquierda tan chula, tan florida, tan divina y tan rematadamente internacional como la catalana, reserva progre y espiritual de las Españas siempre tirando como a más rancias y a más casposas. Y es cierto que decirle a un catalán 'tú eres de derechas' roza la temeridad y el peor insulto. En Cataluña se ha podido y se puede ser anarquista, pistolero, sectario, asesino, patriota y ladrón. Pero facha…¡jamás!"

"Mama, por". En los tiempos de George Orwell, las Ramblas se cruzaban a tiros y desaparecía Andreu Nin. Companys proclamaba la república de su casa a la vez que mandaba quitar de en medio a un matón de ERC elocuentemente apodado Capità Collons que había llenado las calles de armas y se había acostado con su novia (la de Companys) antes que él. Etc. Todo esto siempre con el morrito apuntando al cielo, mirando por encima del hombro al retrógrado e insufrible resto de España. Quien dice resto, dice residuo.

"Mama, por". Hasta ahora la demencia senil-separatista catalana se manifestaba en forma de autoexilio de España y de la realidad (como ese personaje masculino de los Monty Python que reclama su derecho a embarazarse...) y el drama era que no había partido político español que se tomara la cuestión en serio quitando a los jabatos de Ciudadanos que han salido de estas últimas elecciones trasquilados por la muy extendida dislexia que confunde culo con témporas y centro con derecha. Con lo cual predicar un gobierno PP-PSOE-Ciudadanos, siendo seguramente la opción menos mala con los ases del 20-D en la mano, entraña el riesgo cierto de prender en la calenturienta mente de algunos, quizás muchos, el fantasma de la CEDA de un lado, el Frente Popular del otro.

Por fin llega una izquierda lo bastante canalla e irresponsable para tomarse el tema catalán, no ya a cachondeo, sino como gasolina de sus más descarnadas ambiciones. En el momento en que vuelvan a aunarse la mística independentista con la bolivariana-estalinista, Barcelona volverá a tener pretensiones de ser la tumba, no del fascismo, sino de los fascistas, que al parecer somos todos los demás. La purga vuelve a ir en serio.