La tribuna

La lista negra del fracaso

Francisco de la Torre
La lista negra del fracaso

Ilustración

  1. Opinión
  2. Lista de morosos
  3. Ministerio de Hacienda
  4. Deudas
  5. Empresas
  6. Agencia Tributaria

Este 2015 acaba con la publicación de una nueva lista negra, la que corresponde al nuevo artículo 95 bis de la Ley General Tributaria. Este artículo tiene una rúbrica pomposa, y quizás profética: “Publicidad de situaciones de incumplimiento relevante de las obligaciones tributarias”. Bajo este título, lo que se publicó el pasado 22 de diciembre fue la lista de morosos con la Hacienda Pública, es decir los 4.855 contribuyentes que a 30 de junio debían a la Agencia Tributaria más de un millón de euros, sin que las deudas estuviesen aplazadas o suspendidas, o por supuesto en el periodo voluntario de pago. A esto habría que añadir que las deudas no se hubiesen extinguido por alguna causa legal, como por ejemplo, la prescripción.

Este listado es simplemente el reconocimiento de un fracaso, el fracaso recaudatorio de la Hacienda Pública. Pensemos que lo que no pagan unos, lo acabamos teniendo que pagar entre todos. Estos 4.855 contribuyentes son 345 personas físicas y 4.510 empresas, que debían 14.900 millones de euros. Esta cifra es aproximadamente un 30% del importe que tenía pendiente de cobro la Agencia Tributaria en esas fechas, unos 51.000 millones de euros, y que no ha dejado de crecer. Estas cifras son simplemente monstruosas. El total pendiente de pago es casi la recaudación de IVA de todo el año pasado, y lo que corresponde a los 4.855 grandes deudores se acerca a todo lo que recaudaron los impuestos especiales sobre gasolinas, gasóleos, alcohol, tabaco…

Para calibrar la lista, lo primero que hay que ver es qué es lo que no incluyen estas “situaciones de incumplimiento relevante de las obligaciones tributarias”. En primer término, no se incluyen las deudas extinguidas por prescripción, ni las inferiores a un millón de euros, aunque deber 900.000 euros le parezca relevante a cualquiera. En segundo lugar, tampoco están los contribuyentes que han obtenido el aplazamiento o la suspensión de la deuda. Esto es lógico, pero hay aplazamientos que no tienen garantías, o con garantías insuficientes, que acaban en deudas incobrables.

Por otra parte, cuando se recurre una liquidación de Hacienda, es habitual pedir la suspensión, es decir que Hacienda se tenga que esperar a cobrar a la resolución del pleito. Esta suspensión es automática en el caso de las sanciones, que obviamente son el supuesto más grave de incumplimientos tributarios, los culpables que se sancionan.

Cuando hay procesos por delitos fiscales que tardan una década en resolverse, la cuestión es relevante

No sólo el importe de las sanciones no se incluye para llegar al millón de euros de la lista negra, tampoco se incluye el de las deudas presuntamente delictivas que no se hayan resuelto por sentencia firme. Cuando hay procesos por delitos fiscales que tardan una década en resolverse una década, y no es teoría, yo he sido perito en alguno, la cuestión es relevante.

Hasta la nueva Ley General Tributaria, que entró en vigor en octubre, la regla general era que la deuda defraudada, si podía ser constitutiva de delito, no se intentaba cobrar hasta que la sentencia era firme. En consecuencia, en una lista supuestamente ejemplarizante, los casos más reprochables no están.

Por otra parte, los casos más espectaculares por su cuantía son los de empresas en concurso de acreedores. Esto quizás tiene poco que ver con el ánimo de defraudar, y bastante más con el fracaso empresarial. De hecho, muchas de estas empresas son grandes inmobiliarias cuyos concursos no se han resuelto. De nuevo, esta lista negra lo que expresa son los fracasos, y no los comportamientos más reprochables.

Un modelo de desarrollo basado en el ladrillo ha llevado a la quiebra a las grandes inmobiliarias y a los acreedores a no cobrar

Así, tenemos el fracaso del modelo de desarrollo que ha seguido España, basado en el ladrillo, que es el que ha llevado a las grandes inmobiliarias a quebrar, y consecuentemente a que sus acreedores no hayan podido cobrar. Estos acreedores no sólo eran bancos o proveedores, sino también la Hacienda Pública. Parte de esta deuda, como en el caso, por ejemplo de los clubes de fútbol, no se debía haber aplazado y se debía haber embargado inmediatamente.

Esto es un fracaso del procedimiento recaudatorio de la Agencia Tributaria. Pero, por encima de todo, también tenemos un sistema concursal que no resuelve las situaciones en varios años, liquidando o permitiendo que las compañías viables tengan una segunda oportunidad, reestructurando la deuda, lo que es, sin duda, otro gran fracaso.

En fin, que la Hacienda española tenga más de 50.000 millones de euros pendientes de cobro es un fracaso; esencialmente porque no se han puesto medios para intentar cobrar estas cuantías. De hecho, tanto el importe como el número de contribuyentes que debían a Hacienda no han dejado de crecer, mientras que tanto el PP como el PSOE no paraban de recortar personal y presupuestos en la Agencia Tributaria.

La mejor forma de fracasar, y la más segura, es no intentarlo

Como el Departamento de Recaudación de la Agencia Tributaria no sólo cobra impuestos, sino también multas, recargos… de casi todos los entes públicos salvo la Seguridad Social, todavía se entiende menos porque se han puesto cada vez menos recursos para intentar tener más dinero y menos impagados. La mejor forma de fracasar, y la más segura, es no intentarlo.

Desde hace muchos años creo que la medida anti-fraude más importante de todas es convencer a los españoles de que tienen que pagar sus impuestos. Esta legislatura comenzó con una serie indiscriminada de impuestos a los que ya los pagaban. A la vez, se aprobó una vergonzosa amnistía fiscal, que como algunos preveíamos desde el primer día, acabó en un monumental fracaso. Por otra parte, ha continuado el rosario de casos de corrupción, y no todos de épocas anteriores: pensemos que la trama púnica estaba operando a mediados de 2014, y no es el único caso. Todo esto no es ejemplar, y como señalaba Albert Einstein, el ejemplo no es la mejor forma de cambiar el comportamiento de los demás, es la única forma.

¿Contribuye esta lista negra de morosos a la ejemplaridad en el pago de impuestos o será un fracaso? El lector podrá formar su opinión, aunque quizás sea pronto para emitir un veredicto. Es cierto que en algunos casos de personas físicas que aparecen en la lista, puede que su influencia social disminuya. Sin embargo, que algunas de estas personas parezcan vivir como millonarios mientras adeudan cantidades enormes a la Hacienda Pública no envía un mensaje ejemplarizante, sino una vez más de fracaso…

Durante toda la democracia, la información tributaria se ha basado en el sigilo

Probablemente esta lista negra no tendrá un efecto significativo en el pago de impuestos; de hecho de momento no lo ha tenido. Sin embargo, lo que sí supondrá es un antes y un después en la publicidad de la información tributaria. Durante toda la democracia, la información tributaria se ha gestionado basándose en el sigilo tributario. Es cierto que en estos últimos años, ha habido varios casos que han saltado a los medios de comunicación, y que la gestión en este punto del titular de Hacienda ha sido discutida, y muy discutible, por ser suave. Ahora, tenemos el primer caso de publicidad legal, al que pronto seguirá la lista de condenados por delito contra la Hacienda Pública.

Esta cuestión debería debatirse racionalmente buscando un equilibrio entre el derecho de los ciudadanos a saber cómo cumplen los demás, y la salvaguarda de la información de la Hacienda Pública: muchas empresas y ciudadanos no entregarán la información que Hacienda necesita imperiosamente si piensan que se va a utilizar políticamente o con otros fines distintos de aplicar los impuestos. Es una reflexión que deberíamos hacer porque el escarnio como método para recaudar no es algo moderno, sino el reconocimiento de un fracaso.

Francisco de la Torre Díaz es inspector de Hacienda, autor de '¿Hacienda Somos todos?' y diputado electo de Ciudadanos al Congreso

Autor ilustración: Jon G. Balenciaga