El Pandemonium

La decepción

Si los datos son ciertos, y no hay razones para pensar que no lo son, la gráfica más significativa acerca de las elecciones del próximo domingo es la que ha realizado el politólogo José Fernández-Albertos. La gráfica muestra dos Españas radicalmente diferentes. En la primera de ellas, la de los usuarios de Internet, los cuatro principales partidos obtienen un porcentaje de votos muy similar (alrededor del 14% para cada uno de ellos), con ligera ventaja para Podemos y Ciudadanos. En la segunda España, la de aquellos que no usan Internet, PP y PSOE arrasan a Ciudadanos y Podemos hasta dejarlos al borde del extraparlamentarismo.

El lunes por la noche dediqué un par de horas a tuitear el debate entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. El ambiente en Twitter era de cachondeo inmisericorde. De anacronismo, más bien. Como ver desde las pantallas de la sala de mando de la Enterprise a un par de trogloditas arreándose con un canto rodado en las muelas. En algunos momentos incluso sentí pena por Rajoy y Sánchez, tan decimonónicos ellos, tan rancios, tan ajenos a las burlas y las parodias crueles que se volcaban en las redes con ese ingenio ácido en el que los españoles despuntamos.

Pero este domingo, PP y PSOE quedarán muy por encima de Podemos y Ciudadanos. Es probable que el PSOE le saque treinta escaños de ventaja a Ciudadanos y otros tantos a Podemos. El batacazo del PP será espectacular… pero solo en comparación con los 186 escaños obtenidos hace cuatro años. A fin de cuentas, el PP va a ganar las elecciones.

Los resultados de Podemos y Ciudadanos serían demoledores para el bipartidismo en cualquier otra circunstancia… pero no después de que se haya hablado de Rivera y de Iglesias como posibles ganadores de las elecciones.

Es una obviedad que las redes sociales son un microcosmos. Que hay un mundo real ahí fuera que tiene muy poco que ver con lo que se cuece en Twitter y Facebook. Que España se parece todavía mucho más a Rajoy y a Sánchez que a Rivera y a Iglesias. Todavía no sé si eso es bueno o malo.

Conozco a muchos votantes de Ciudadanos, a muchos de Podemos y a algunos del PP. Estos últimos suelen dudar entre PP y Ciudadanos, aunque intuyo que votarán PP. Pero no conozco a ninguno del PSOE. A ninguno. Nadie de mi entorno próximo les votará el próximo domingo. Tampoco nadie de mi entorno menos próximo. Y, sin embargo, el domingo serán el segundo partido en escaños y muy probablemente en porcentaje de voto.

Las conclusiones (dos) son obvias. La primera es que vivo en una España diferente a la de la mayoría de los españoles. La segunda es que el domingo voy a tener que tirar ¡de nuevo! de ingenio ácido para sobrellevar la decepción de los resultados de las elecciones.