Un carnívoro cuchillo

Vivo o muerto

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A Baltasar Porcel solían llamarle "el mejor prosista catalán vivo" para diferenciarle de Josep Pla, que escribía aún mejor que él (aunque con menos imaginación) y estaba muerto. Muerto en lo biológico y enterrado en lo cultural. Generaciones de catalanes hemos pasado por nuestros orgullosos colegios e institutos tan patriotas leyendo y estudiando a autores vernáculos estrictamente medievales y/o de izquierdas. Sin oler ni por casualidad un verso homérico de Verdaguer, un Homenot de Pla o una hemingwayada mediterránea de Porcel. Genios de derechas o raritos, abstenerse.

La diferencia entre la cultura catalana y nuestra admirada cultura francesa es que los franceses no dejan escapar ni una gota de excelencia propia, y si pueden chupan golosos las venas de la ajena, mientras que aquí… ejem. Hacemos como si nos sobrara gente capaz de diseñar la o con un canuto.

Baltasar Porcel fue el mejor escritor catalán vivo durante muchos años en que la intelligentsia progre y los esencialistas nacionalistas (el embrión de lo que ahora es la CUP) lo minimizaban y le ponían su proa desdeñosa. Su dimensión literaria se procuraba empequeñecer y ensombrecer por mor de la política, porque Porcel era un asesor áulico de Jordi Pujol, y eso solo le inhabilitaba para ser un verdadero escritor interesante.

Irónicamente no le atacaban por eso en el mismo plan que le atacarían ahora. Porcel falleció en 2009, es decir, que igual que la Pasionaria se ahorró ver la debacle mundial del comunismo, nuestro hombre se ahorró ver la del pujolismo. Si le sacaban los colores, o lo intentaban, era por catalanista cuando esto no era todavía rompedor y cool, por neocon a la mallorquina y por trepa, que eso sí lo fue, en grado sumo. Aficionado al poder, a verlo y a tocarlo de cerca.

Pero no era más trepa que otros y en cambio escribía mejor que casi todos, arrasadora, prodigiosamente. Una sola frase suya aguijoneaba el espinazo de la lengua catalana como nadie lo había hecho desde Pla, y como nadie volverá a hacerlo en mucho tiempo, me temo. Faltan gigantes y sobran chupasubvenciones.

Por eso es un alivio tan grande que se haya inaugurado ahora la exposición Baltasar Porcel. Mallorca, Barcelona, el món, organizada por la Institució de les Lletres Catalanes y l’Obra Social La Caixa, que hasta el 28 de febrero podrá verse en el Palau Robert de Barcelona y a partir del 2 de junio, en Caixaforum Palma, en Mallorca.

Gracias a Dios que en medio de lo que parece una acelerada carrera colectiva hacia la demencia social y cultural, hacia el olvido de todo valor, faro o referente, hay quien calladamente se echa encima la tarea de subir y bajar la persiana del ser y del país verdadero… y procurar que no le falte algo digno que recordar. Y que leer.