La tribuna

Diez años más de calvario para Cataluña

Alfons Quintà
Diez años más de calvario para Cataluña

Ilustración

Toda la política catalana está dominada por una sucesión de tacticismos, aderezados por absurdos e inútiles clamores secesionistas. Pero finalmente ha quedado claro que el único objetivo de Artur Mas es prolongar su agonía, como sea. Hoy aparece como bastante claro que no podrá ser reelegido y que habrá unas terceras elecciones autonómicas anticipadas en marzo. Entonces se verá si se podrá formar un gobierno, y aún, porque podemos entrar en otro callejón sin salida.

Pese a necesitar, más que España, un gran cambio de rumbo, el tema es tabú. Sería admitir lo que es obvio: que la trayectoria seguida por la Generalitat desde la Transición ha sido un desastre. Hoy es innegable que el pujolismo fue como una maldición bíblica, al servicio de un mesianismo, del propio Pujol primero y de Mas después. El gran medio para conseguirlo también está detectado: el control social por métodos que ahora están siendo sometidos a consideración judicial. Había lucro personal pero no sólo eso. Había un sistema.

Hace exactamente cuatro años, cuando destapé el gran caso de corrupción Innova, de origen sanitario, osé invocar la figura de Derecho positivo español de "consorcio criminal". En estos últimos días he constatado que las dos grandes cadenas privadas de televisión la utilizan, normalmente, para referirse a los procedimientos judiciales que afectan a la familia Pujol. No hay que limitarse a la corrupción familiar, sino exponerla más ampliamente. Había la intención de crear una dinastía de poder político, un nepotismo puro y duro.

Entrar en esta dimensión a partir del debate político es imposible hoy en Cataluña. Se trata de una vergüenza que salpica a toda la sociedad. Incluso una comisión del Parlament destinada a investigar este mal, evitó ir al fondo.

"No veo cómo Cataluña puede volver a ser lo que fue", me dijo Eduardo Martín Toval, malagueño de 73 años, que desde 1967 a 1996 ocupó cargos de muy primera fila en el PSC y en el PSOE. "Opté por ir a Cataluña, como inspector de Trabajo que podía escoger destino, por el carácter transversal y moderno de su sociedad. Hoy creo que ambas cosas son dos grandes carencias". Como tantos otros, no ve que se pueda resolver el problema de fondo en menos de diez años. El túnel será largo y difícil. Aún no se vislumbra ninguna salida.

Además, en Cataluña no hay sólo un tapón político sino un desastre social general. Pujol nunca pretendió ser únicamente un líder político. Creyó ser un gran pensador y el padre de la patria. Cené a solas con él un número imprecisable de veces, pero en especial fui muy amigo de las dos personas que, sin quererle, sino sufriéndolo, estuvieron muchos años a su lado: Ramón Trias Fargas y Jaume Casajuana Roca.

Pujol tenía una visión estratosférica de sí mismo, a pesar de que su capacidad intelectual era espeleológica. Ello le llevaba a rodearse de mediocres (con la excepción del pragmático y nada ideologizado Roca Junyent) y muy particularmente a hundir a quien le pudiese hacer sombra. En este orden debo citar a Jaume Vicens Vives.

Que el pujolismo todavía domine un millón de voluntades resulta más medieval que el Cid

Por todo ello, arrasó Cataluña intelectualmente. Ha habido muy pocos supervivientes. Los intelectuales conocían sus malas artes. Ahora nadie las puede ignorar. ¿Alguien puede negar que Josep María Castellet fue un pensador como la copa de un pino, que quería y podía dar de sí mucho más de lo que dio? Pero sabía qué era el pujolismo y cómo podía actuar. Otros, los que se rindieron, fueron, como siempre, los peores.

Pero paradójicamente, hoy en España no hay un substrato intelectual felipista o aznarista, ni carrillista, ni fraguista, ni suarista, y es muy bueno que así sea. Incluso en Francia no hay un substrato gaullista, ni (gracias a Dios) mitterrandista, ni en Gran Bretaña blairista o thatcheriano, o en Alemania adenauriano o willybrandiano.

En cambio, en Cataluña, pese a la fácil calificación penal del imputado Pujol, perdura un substrato pretendidamente ideológico creado a lo largo de decenios por el expresident y aún empeorado por Mas. No sé si el Cid ganaba batallas después de muerto, pero que el pujolismo domine un millón de voluntades, aún después de las imputaciones judiciales, resulta más medieval que el Cid. Si eso no ocurriese, en Cataluña no habría ningún gran problema. Lo malo es que lo que está afectado es el tuétano del hueso, cuya destrucción no tiene fecha.

Con un dominio espectacular y creciente de la industria de la cultura y de la información, el pujolismo vació cerebros para intentar rellenarlos a su guisa. Dispuso de dinero para poder actuar. Hoy podemos saber cómo funcionaba todo el conjunto. Preciso más: sin TV3 no estaríamos donde estamos. Pese a ello, el circuito catalán de RTVE es hoy conceptualmente e inexplicablemente inexistente.

¿Cómo aplicar a la economía catalana el resultado de la perversión ideológica pujolista que ha continuado Mas? Muy fácil. Hoy en Cataluña hay dos tipos de empresarios: los que se han camuflado respecto de la Generalidad y han encontrado algún resquicio en la economía globalizada, y aquellos que se pusieron al socaire de la Generalidad, dispuestos a obrar de corsarios de la cosa independentista. Los primeros van bien y, en general, irán mucho mejor cuando Mas desaparezca, mientras que los segundos se irán merecidamente al traste.

¿Cuándo acaecerá? Nadie muestra atisbos de optimismo. Artur Mas es capaz de todo. Durará tanto como pueda y dejará Cataluña tan mal como le sea posible. Quiere que sea suya o de nadie. Es algo inconcebible en el resto del mundo democrático.

***Ilustración: Sr. García