Vísperas del 36

Carta de Merche

(9 de noviembre de 1935, sábado)

Carlos Rodríguez Casado

Carlos Rodríguez Casado

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Resumen de lo publicado. -Merche y Pepe, pareja de novios, se cartean y comentan la tensión que envuelve la política española tras el escándalo del estraperlo y la salida del Gobierno de Lerroux.

Queridísimo Pepe:

Hoy llegó tu carta, que devoré encerrada en mi alcoba y que me apresuro a contestar. ¡Qué bien describes a tu familia y vuestra tienda de la calle General Ricardos! Sin haber estado en ella, tengo la impresión de conocerla, y sin haber visto nunca a tu madre y a tus primas, tengo la impresión de que, desde lejos, ya las quiero. Pero, como bien dices, todo se andará. No debemos precipitarnos.

Por aquí, en Ciudad Real, las cosas van como siempre. Padre trabaja en asuntos que tienen que ver con la tabacalera, y anda de aquí para allá, haciendo visitas y negocios. Él sale por la mañana y a menudo come fuera y solo volvemos a verle por la noche. A madre eso la pone negra, pero lo aguanta. De todas maneras, bastante tiene con cuidar la casa y organizar todo. ¡Una familia numerosa es cosa tremenda!

Mis hermanos siguen bien. Te mandan todos saludos. El único que está hecho un revoltoso es Ambrosio, que desde que ha decidido que es de izquierdas y que se ha afiliado a la CNT anda todo el día en mono, para disgusto de mamá. Últimamente va con un grupo de amigos, paseándose con su mastín y un pistolón tremendo. Dice que la República ya ha dado de sí lo que podía, y que se va a montar la marimorena pronto.

Insiste en que en la Confederación están recibiendo indicaciones de que vayan preparándose para las próximas elecciones, porque si ganan las izquierdas volverán a represaliarlos entre socialistas y republicanos, como en Casas Viejas; y si son las derechas, seguirán apoyando a los patronos para que contraten pistoleros o, en el peor de los casos, será el ejército el que se les enfrente durante las huelgas. "Pase lo que pase, habrá hule", dice.

Yo no entiendo nada de política, Pepe. Pero me molesta cuando Ambrosio se mete con la Iglesia y grita que si las izquierdas han perdido las últimas elecciones es porque nos han dado el voto a las mujeres, que votamos lo que nos dicen los curas. Eso también se lo oigo a mis primos socialistas. Yo creo que no es así, y que están siendo todos injustos.

En muchos pueblos la Iglesia cumple una buena función. A mí me gusta el olor de la cera y el incienso, y también oír la música y ver a la gente limpia y arreglada. Allí no se oyen groserías y los mozos y mozas van vestidos con sus mejores galas. Allí aflora lo espiritual, y el alma se eleva imaginando cosas sublimes.

Yo sé que no eres muy de ir a misa, pese a todo el cariño que le tienes a tu tío el párroco, pero me gustaría que habláramos más sobre estas cosas y que, gracias a mí, entendieras mejor todo lo que nos da Dios a través de su palabra y sus ministros…

Entregas anteriores

La obsesión de Chapaprieta (8 de noviembre de 1935)

La ley electoral (7 de noviembre de 1935)

Companys, Largo Caballero y Carrillo (6 de noviembre de 1935)

Domingueo en Puerta de Hierro

Las discusiones políticas y el estraperlo protagonizarán las conversaciones de la familia Mañas en su domingo en el parque.