Vísperas del 36

La ley electoral

(7 de noviembre de 1935, jueves)

Carlos Rodríguez Casado

Carlos Rodríguez Casado

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Resumen de lo publicado. -Con el parlamento revuelto después de estallar el escándalo del estraperlo, Josep Pla explica en un artículo periodístico las dificultades vividas por la República para diseñar una nueva ley electoral.

"Puede ser útil a nuestros lectores aficionados a la política, ahora que vuelve a pasar a primer plano la cuestión de la ley electoral, el recordar las incidencias que esta cuestión ha tenido en el ambiente político responsable. Estas incidencias son literalmente grotescas y su desarrollo constituye una de las farsas más desagradables del actual bienio.

De la lectura de los diarios, el lector ingenuo deducirá, probablemente, que estos últimos meses ha existido en Madrid un verdadero deseo de hacer una ley electoral equilibrada y justa para todo el mundo. Eso no es cierto. El único partido que de manera constante se ha preocupado de hacer una ley electoral, convencido como ha estado de la trascendencia que desde el punto de vista de la consolidación y conservación tiene esta ley, ha sido la Lliga Catalana. Nadie podrá desmentir lo que acabamos de escribir. El señor Cambó, sobre todo, ha trabajado indeciblemente en este sentido, antes y después del verano. Ha impulsado la cuestión, ha hablado con la gente, ha hecho funcionar la comisión, ha ido y venido.

Nosotros, como toda la prensa, hemos dado noticia de estos trabajos, pero no hemos podido jamás afirmar que, por parte de los demás jefes de minoría, haya habido la correspondencia natural que merecían los esfuerzos del señor Cambó. Al contrario. Más bien hemos podido sorprender, en las caras de los interlocutores del señor Cambó, después de estos diálogos, ciertas risas de conejo reveladoras de una atenta y cortés indiferencia –por no decir algo peor. No nos hemos de engañar. El señor Cambó ha encontrado, externamente, a todo el mundo muy bien dispuesto, pero en realidad, haciendo estos trabajos, ha roto los esquemas de mucha gente. La farsa que han representado delante del señor Cambó –y delante del señor presidente de la República- ha sido magnífica.

Durante el primer bienio, el señor Azaña retrasó todo lo que pudo la elaboración de una ley electoral, por el temor de que, una vez aprobada, el poder moderador disolviera el Parlamento. En el segundo bienio, el señor Gil-Robles ha vivido dominado por el mismo estado de espíritu y ha tenido el mismo temor. Cuando no pudo más, el señor Azaña hizo aprobar una ley electoral a su gusto, terriblemente mayoritaria, porque así pensaba que ganaría. Ahora, el señor Gil-Robles quiere también una ley con un premio a la mayoría, porque se piensa que esa es su conveniencia. El señor Azaña se equivocó y es posible que, en mayor o menor medida, se equivoque también el señor Gil-Robles. En todo caso, una y otra posición implican una voluntad de corrección del interés nacional a favor del interés de partido.

El señor Lerroux y los radicales, los melquiadistas y los agrarios, han defendido siempre lo mismo: el retorno a las circunscripciones pequeñas. Este criterio, teóricamente aceptable, tiene únicamente el inconveniente de que resucitaría, si se implantara, la compra de votos en gran escala y las filtraciones del dinero en la política. Las inmoralidades de la compra de votos desgastaron enormemente las instituciones de la monarquía: ¿a qué no llegaría hoy, que no hay freno ni ley en ningún orden de la vida? Los partidarios de la tendencia que aludimos, al exponer sus puntos de vista, se hacen cargo de la fuerza de las objeciones que se han formulado y eso los mantiene en un estado de perplejidad y silencio –perplejidad que dificulta la solución del problema. Estos elementos, en la farsa general, hacen el papel de bobalicones.

La representación proporcional pura que como desideratum máximo y el sistema mayoritario con la proporción de la ley Maura de 1907 que como desideratum mínimo ha defendido la Lliga Catalana, ha encontrado, en algunos elementos de la izquierda moderada y en ciertos elementos de la CEDA, como en el grupo de Jiménez Fernández, una valiosa adhesión indudable. Jiménez Fernández, sobre todo, ha trabajado con competencia y tenacidad. Pero estamos prácticamente en la segunda quincena de noviembre, estamos en vísperas de la disolución de Cortes y del periodo electoral, y aún no hay nada concreto. La cuestión ha resucitado sobradamente por la presión del poder moderador, que en este asunto ha demostrado un gran sentido común. Oficialmente ahora parece que hay prisa. Ya veremos; y cuando haya alguna cosa concreta, ya se lo comunicaré. Yo, personalmente, tengo mucho miedo, precisamente porque la necesidad de hacer una ley electoral es hoy el trabajo de sentido más antirrevolucionario, más consolidador y más necesario al país que los políticos pudiesen llevar a cabo".

(Josep Pla, en La veu de Catalunya)

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