El merodeador

Aznar acertó al denunciar el peligro de C's para el PP , Lecciones que hay que aprender de la muerte de Andrea , El único que puede poner fin a las pitadas es Piqué , Premio para una transición tunecina que hay que proteger

Aznar acertó al denunciar el peligro de C's para el PP

Las encuestas conocidas este viernes que señalan que en la Comunidad Valenciana Ciudadanos también ha adelantado al PP en intención de voto, dan la razón a los temores expresados por Aznar. Tras el revés que para los populares supusieron las elecciones catalanas, el expresidente del Gobierno y del PP reclamó públicamente en dos ocasiones cambios en la actitud del partido. Consideraba Aznar que la formación de Albert Rivera podría arrebatarle la hegemonía al PP en el centro político y las encuestas confirman que ese riesgo es real. En lugar de despachar a su expresidente con desdén, bién haría la dirección del PP en tomar nota y ponerse manos a la obra. Si Rajoy queda por debajo de Rivera en Cataluña, Valencia y en especial en los grandes núcleos urbanos, el peligro de implosión del partido no es ninguna fantasía.

Lecciones que hay que aprender de la muerte de Andrea

La muerte de Andrea, la niña cuyos padres tuvieron que acudir a un juez para lograr que se le retirara el suministro de alimentación, ha reabierto el debate acerca de la muerte digna. Se trata de un asunto complejo que, en muchas ocasiones, se aborda con ligereza y demasiados prejuicios ideológicos. La cuestión es tan importante para EL ESPAÑOL que la hemos incluido en nuestras 30 Obsesiones. Sucede que, por mucho que se quiera regular, hay casos extremos para los que es difícil aplicar un precepto determinado. En España está prohibido provocar la muerte a un paciente de forma intencionada, pero los médicos descartan, como es natural, la obstinación terapéutica. Ahora bien, la frontera entre ambas opciones no siempre es diáfana. Lo que desde luego es un disparate es que cada comunidad autónoma regule por su cuenta una materia así, por más que los padres de Andrea hayan podido acogerse a una ley gallega de derechos de los enfermos terminales.

El único que puede poner fin a las pitadas es Piqué

Las gradas no perdonan a Piqué cuando juega con España. El defensa del Barcelona recibió uno de los primeros balones del partido de este viernes ante Luxemburgo y el público de Logroño, al igual que ocurrió en Oviedo y León, abucheó al jugador catalán. La militancia soberanista de la que hace gala, rotundamente contradictoria con lo que representa la selección, y una agresividad pueril contra el Real Madrid, en numerosas ocasiones a destiempo, sigue haciendo que se repita las muestras de rechazo de los aficionados. A pesar de las tímidas campañas, sin efecto alguno, para revitalizar la imagen del futbolista, el único que puede poner fin a este divorcio entre la grada y Piqué es él mismo. Hasta el momento, ni ha pedido disculpas por sus resbalones ni ha explicado con claridad por qué apuesta por la ruptura de España y luego compite con su selección nacional.

Premio para una transición tunecina que hay que proteger

El Comité Noruego del Nobel ha acertado al otorgar el galardón de la Paz al Cuarteto de Diálogo Nacional de Túnez, una coalición de organizaciones civiles y activistas de derechos humanos que impidió que la Revolución de los Jazmines se sumiese en el caos tras el derrocamiento del régimen de Ben Ali. Ellos son los verdaderos arquitectos de la transición democrática tunecina y su hazaña bien merece el premio. Sin embargo, un reconocimiento simbólico no es suficiente. La comunidad internacional debe garantizar que la estabilidad del único país donde la Primavera Árabe ha llegado a buen puerto no se vea amenazada por elementos terroristas ni pueda ser desestabilizada por otros países árabes que recelen del gran logro político y social conseguido. El Nobel de la Paz debe servir no para celebrar sin más un acontecimiento histórico, sino para reforzar una sociedad traumatizada tras los ataques contra el Museo del Bardo y para que todos sean conscientes de que han de ayudar a consolidar un proyecto que seguirá necesitando de ayuda exterior.