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Por favor, haga sonar el claxon

Las carreteras en la India son toda una estampa de colores y un peligro para los maquinistas. En el trabajo fotográfico de Dan Eckstein, “Horn, please” (bocina, por favor) lo demuestra con impresionantes retratos de estas bestias de carretera.

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India es un lugar donde los sentidos comienzan a aflorar. Sin duda, una de las cosas que más llama la atención son sus carreteras. Bocinazos, rebeldes ciclistas que pedalean con tres personas a cuestas, pequeñas scooters que cargan decenas de kilos, carros de bueyes como si de otra época se tratase y peatones que, cansados de esperar a que el tráfico atienda a los semáforos, cruzan las calles con una agilidad inaudita -y salen victoriosos de la escena-. A pesar de toda esta caótica estampa, existe algo que resalta sobre las carreteras indias: sus camiones.

El fotógrafo Dan Eckstein se dio cuenta de ello en 2011 mientras cruzaba el estado de Rajastán, al noroeste de India. Por primera vez se percató de que India era color, arte y destreza gracias a los camiones que, junto a él, surcaban las carreteras. Estas bestias rodantes eran increíbles obras coloridas, genuinas y virtuosas creaciones. A penas un año después, con cámara en mano, decidió volver a adentrarse en esas curvas y pedregosas autopistas por todo el país. Sin temblor, tomó su cámara y capturó lo que nunca nadie antes había visualizado como auténticas piezas de arte. Después de más de 10.000 kilómetros recorridos en busca de los camiones más atractivos, Dan Eckstein había completado su trabajo fotográfico.

El resultado fue Horn, please, un libro que recopila las increíbles imágenes de este road trip por la India donde gasolineras, moteles, restaurantes de carreteras, talleres de coches y demás lugares del estilo han sido los mejores cotos de caza para el artista estadounidense. “Un camión es como un retrato del conductor”, explica Eckstein, quien asegura, además, que no se trata de mera decoración, sino de personalidades, propias culturas y creencias religiosas. “Los camiones se decoran con borlas, santuarios y guirnaldas de flores. Sacerdotes hindúes bendicen los camiones y se pintan con henna”. De esta manera, los camiones se presentan como tapices donde su propietario puede ‘tejer’, decorar y crear lo que más le guste, bordar talismanes que espante el mal de ojo, escribir mensajes, hacerlo único y suyo.

Muchas de las decoraciones en los camiones, según asegura Eckstein, tienen el propósito de atraer la buena suerte y garantizar una conducción segura. El de los camioneros, es un trabajo lleno de potenciales peligros “especialmente por la noche cuando los animales se quedan dormidos en la carretera y algunos vehículos viajan sin luces”.

Este viaje ha sido para Eckstein “como la búsqueda del tesoro: debía encontrar el camión perfecto, en el espacio perfecto y con la luz adecuada”, asegura el artista. El título del proyecto, Horn, please (bocina, por favor), “deriva de una frase que, de alguna forma y otra, adorna la parte posterior de casi todos los camiones y funciona como una especie de mantra. Dado que los conductores rara vez observan las carreteras a través de los espejos laterales, los conductores tocan la bocina constantemente como una señal para que los demás sepan que están acercándose. Es el sistema informal y funciona increíblemente bien”.