La tribuna

Simón Peres, el eterno optimista

Mario Sznajder
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Respetado por muchos, la avalancha de condolencias no deja de sorprender al pueblo de Israel que en los últimos años aprendió a quererlo como presidente del país y como el personaje más representativo de Israel en todo el mundo.

Tras su fallecimiento, en los obituarios y programas radiales y televisivos conmemorativos, en las redes sociales y en la prensa escrita de Israel y de todo el mundo se habla de Simón Peres (o Shimon Peres, como le llamamos en Israel) como el gran estadista cuyos pares lo recibían con respeto cuando y donde fuera que estuviera. En Davos, Washington, Moscú o Buenos Aires, y especialmente en París, Peres fue un huésped bienvenido, escuchado y festejado. El merecido respeto venía del premio Nobel de la Paz, del proceso de Oslo, de la visión de un Medio Oriente en paz; pero también de su vasta cultura, curiosidad intelectual, ansia de innovación y constante optimismo que lo llevó a realizar muchos emprendimientos en el marco del Centro Peres por la Paz y mas allá de éste.

Casi 50 años en la Knesset, el Parlamento de Israel, y su participación personal en la mayoría de los gobiernos de este país le otorgaron una experiencia política que emparejada a su longevidad y presencia pública no tuvo igual hasta ahora en Israel. Hoy se recuerda menos que Simón Peres vivió hace muchos años en un kibutz y soñó con ser pastor. Ya en los años 50 se perfilaba como uno de los delfines políticos del partido gobernante. Siendo el más fiel seguidor de David Ben Gurion, el padre fundador del Estado de Israel, abandonó junto a éste el Partido Mapai para fundar un nuevo partido político - Rafi -, que políticamente fracasó. Ben Gurion abandonó la política para retirarse a Sde Boker, su kibutz, y escribir sus memorias y Peres retornó a la política en el marco del laborismo, junto a Moshe Dayan, otro de los fieles seguidores de David Ben Gurion.

La visión, muy innovadora, que Peres propuso sobre el Nuevo Medio Oriente, se hundió en un baño de sangre terrorista que descarriló los Acuerdos de Oslo

El ascenso político de Peres fue jalonado con numerosas dificultades e impopularidad. Fracasando en las elecciones internas del laborismo y en las elecciones nacionales frente al Likud (el partido de Benjamin Netanyahu), fue acusado y atacado por sus opositores y humillado más de una vez. Su histórica confrontación con Isaac Rabin fue fuente de amargura para ambos, que prefiere no recordarse hoy pues Peres es visto como un estadista de la paz y no un político que busca poder, en su imagen pública actual.

Pero la reconciliación política en pos de los Acuerdos de Oslo, la firma de la Declaración de Principios en Washington, en septiembre de 1993, y el subsiguiente premio Nobel de la Paz para Rabin, Peres y Arafat, subsanó las viejas heridas. El asesinato de Rabin - noviembre 1995 - colocó a Peres al frente del Gobierno interino y del laborismo, pero perdió las elecciones de 1996, tras la Operación 'Viñas de Ira' (en Líbano) frente a Netanyahu. También en esta ocasión, como ya había sucedido con el voto judío oriental en la década anterior, Peres alineó el voto de un segmento importante de la población de Israel, los árabes-israelíes, y perdió.

La visión, muy innovadora, que Peres propuso sobre el Nuevo Medio Oriente, se hundió en un baño de sangre terrorista que descarriló los Acuerdos de Oslo.

Su compromiso con la paz lo llevó a asociarse en un partido de centro con Arik Sahron en 2005. Su elección como presidente de Israel en 2007 -tras haber fracasado en las elecciones presidenciales en el año 2000 frente al candidato del Likud entonces, Moshe Katsav- fue el momento en que Peres, el estadista, se reveló con todas sus capacidades.

Sin intervenir directamente en la política del país, como presidente, se convirtió en asesor moral de los políticos y de la sociedad y en el mejor representante de Israel frente al mundo

Sin intervenir directamente en la política del país, se convirtió en asesor moral de los políticos y de la sociedad y en el mejor representante de Israel frente al mundo. Su ascendencia interna y popularidad internacional lo reconciliaron con los sectores de la política y sociedad israelí que lo habían atacado siempre, y creció su popularidad en Israel.

Al morir, se fue también como el último de los grandes líderes que participaron directamente en la fundación del moderno Estado de Israel y hoy, el pesar por su desaparición de la escena publica es sincero, tanto en Israel como en el mundo.

***Mario Sznajder, profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Simón Peres, el eterno optimista.