El negociador jefe de la UE, Michel Barnier

El negociador jefe de la UE, Michel Barnier Eric Vidal/Reuters

Reunión en Bruselas

Las negociaciones del 'brexit' empiezan por fin este lunes: guía para no perderse

Londres acude debilitada por la debacle electoral de May mientras que la UE mantiene su unidad.

Juan Sanhermelando Bruselas

Transcurridos 362 días desde el referéndum en el que por sorpresa triunfó el brexit, las negociaciones de divorcio entre la UE y Reino Unido comienzan por fin este lunes. La primera ronda de contactos oficiales dura sólo un día (desde las 11:00 hasta las 18:30 horas) y servirá sobre todo para concretar la organización del diálogo, aunque también empiezan a abordarse los temas más espinosos.

Los dos bandos llegan a la mesa de negociación en un estado de forma muy diferente. Contra todo pronóstico, los 27 han logrado mantener una unidad sin fisuras y han pactado una dura estrategia de negociación contra Londres. En contraste, la delegación británica acude a Bruselas en una situación de extrema debilidad y sin objetivos claros tras la debacle electoral de la primera ministra, Theresa May, en las elecciones del 8 de junio.

Pese a los problemas en Londres, el inicio de las negociaciones se ha mantenido en la fecha prevista porque la cuenta atrás de dos años hacia el brexit, fijada en el artículo 50 del Tratado, avanza de forma imparable: el 29 de marzo de 2019, Reino Unido quedará fuera de la UE, haya o no acuerdo. La UE teme que la indefinición británica acabe desembocando en un brexit caótico.

"Es más lo que nos une que lo que nos separa", ha dicho este lunes el negociador británico, David Davis, en una breve declaración a la prensa antes de empezar a negociar. Davis admite que las negociaciones serán difíciles, pero ha prometido un "tono constructivo y positivo" y se ha marcado como objetivo forjar una "relación especial" con la UE tras el brexit. Por su parte, el representante de la UE, Michel Barnier, dice que esta primera jornada debe servir para "identificar prioridades y calendario".

¿Cómo influye el resultado de las elecciones británicas?

Todavía no está claro. Theresa May se presentó a los comicios reclamando un apoyo aplastante para su plan de brexit radical: salida del mercado único y de la unión aduanera, freno a la inmigración de europeos y desvinculación total del Tribunal de Justicia de la UE. Su fracaso electoral -perdió la mayoría tory y necesita el apoyo de los unionistas irlandeses- significa que no tiene mandato para esta estrategia. La oposición laborista y varios miembros de su propio Gobierno, encabezados por el ministro de Finanzas, Philip Hammond, le reclaman que suavice su postura. Pero otros, como el ministro de Exteriores, Boris Johnson, siguen pidiendo una ruptura total. El resultado es una indefinición absoluta y una debilidad que tiene desconcertados a los socios europeos: no entienden que casi un año después del referéndum, los británicos aún no sepan lo que quieren.

¿Qué temas se abordarán en esta primera ronda?

Es el primer punto en el que ha capitulado Reino Unido. May reclamaba discutir de forma simultánea el divorcio y el acuerdo de libre comercio que pretendía cerrar con la UE. Pero la incertidumbre sobre la relación futura que quieren los británicos ha facilitado que se impongan las tesis de Bruselas. En esta primera ronda sólo se discutirán las tres cuestiones principales de la separación: los derechos de los europeos que viven en Reino Unido y los británicos que residen en el continente; la factura de salida que debe pagar Londres, que Bruselas cifra en 100.000 millones de euros; y la frontera con Irlanda del Norte. No se hablará del futuro hasta que no se resuelva el divorcio

¿Quiénes son los negociadores?

Por parte de la UE, el negociador jefe es el conservador francés Michel Barnier (66 años), ex ministro y ex comisario, un pragmático con 40 años de carrera entre París y Bruselas. Su especialidad es precisamente tejer compromisos difíciles como los que requerirá el brexit. Como contrincante tiene a David Davis (68 años), un veterano político tory que, a diferencia de la primera ministra, sí apoyó la salida de Reino Unido en el referéndum del año pasado. Ahora, May le ha nombrado ministro responsable del brexitLos dos hombres ya coincidieron en una vida anterior en los años 90, durante la negociación del Tratado de Ámsterdam, cuando ambos ocupaban la cartera de Asuntos Europeos en sus respectivos Gobiernos. 

¿Cómo se organiza el diálogo?

Debe terminar de concretarse en esta primera ronda, pero también aquí ha prevalecido la posición europea. La primera ministra británica defendía unas negociaciones discretas de expertos y desatascar los temas más complejos, como los derechos de los ciudadanos, al máximo nivel político, en las cumbres de líderes europeos. Pero lo más probable es que el diálogo quede reservado a los equipos de Barnier y Davis -lejos de los líderes pero tampoco totalmente en manos de los técnicos- y que se desarrolle con la máxima transparencia y publicidad. Cada mes se celebrará una ronda de conversaciones de una semana de duración que concluirá con conferencia de prensa de las partes. 

¿En qué lengua se negocia?

Como era de esperar, ha sido una cuestión polémica. Los británicos se indignaron al filtrarse que Barnier pretendía negociar en francés y también protestaron cuando el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, aseguró en tono jocoso que el inglés está perdiendo fuerza en la UE. Finalmente se ha optado por una solución salomónica: las lenguas del divorcio serán el inglés y el francés. En lo que no han cedido los europeos es en el lugar: las negociaciones se celebrarán siempre en Bruselas.

¿Cuál es la cuestión más difícil?

Reino Unido ya ha avisado de que está dispuesto a levantarse de la mesa si la UE le presenta una abultada factura de salida. Pero los 27 mantienen una unidad férrea en su exigencia a Londres de que salde todas sus cuentas antes de dejar el club: en total, 100.000 millones de euros que corresponden a compromisos financieros asumidos por los británicos de aquí a 2020. En Bruselas se teme que este desacuerdo radical provoque una ruptura temprana de las negociaciones. Los británicos y los europeos también discrepan sobre los derechos de los ciudadanos. Davis ha dicho que las exigencias de la UE en esta materia son "ridículamente altas". Bruselas ha publicado su posición negociadora sobre ambas cuestiones. Reino Unido no ha presentado ninguna contraoferta.

¿Qué calendario se maneja?

Los aspectos relacionados con el divorcio ocuparán los primeros meses de negociaciones. Sólo cuando los líderes de los 27 constaten que se han realizado "progresos suficientes" sobre la factura de salida y los derechos de los ciudadanos, se pasará a la siguiente fase, la relación futura. Bruselas espera que esta segunda etapa pueda comenzar en octubre. Los últimos meses se destinarán a fijar los parámetros del periodo transitorio, ya que es imposible cerrar un acuerdo de libre comercio en dos años. El acuerdo del brexit debe estar listo como muy tarde en octubre de 2018 para que dé tiempo a ratificarlo.

¿Y Gibraltar?

El Gobierno de Mariano Rajoy ha logrado que Gibraltar quede fuera de las negociaciones de divorcio. El Peñón no tendrá el estatus especial que reclamaba y saldrá de la UE al mismo tiempo que Reino Unido. Además, España gozará de poder de veto a la hora de definir las relaciones futuras entre la UE y Gibraltar. El Gobierno español asegura que no pretende resolver la disputa de soberanía en el marco de la negociación del brexit. Pero sí quiere acabar con la competencia desleal que ejerce Gibraltar en tanto que "paraíso fiscal".

¿Qué pasa si no hay acuerdo?

Un brexit caótico, sin acuerdo de divorcio entre la UE y Londres es el escenario que más preocupa en Bruselas. Y con el que ha coqueteado May en campaña electoral. Eso sí, los dirigentes europeos no se cansan de repetir que los británicos serían los más perjudicados: colas de camiones en Dover por los controles aduaneros; problemas de abastecimiento; perturbaciones graves en los aeropuertos de Londres o suspensión de la circulación de materiales nucleares. Pero sobre todo saldrían perdiendo los ciudadanos expatriados, europeos y británicos, que quedarían en una situación de incertidumbre total sobre sus derechos.