Saint Etienne du Rouvray

La Fiscalía advirtió sobre el riesgo de excarcelar a uno de los terroristas de Normandía

Quedó únicamente bajo vigilancia de un brazalete electrónico, porque la jueza creyó su arrepentimiento y le preocupaban sus ideas suicidas, según documentos a los que ha accedido'Le Monde'.

Un policía vigila los alrededores de la iglesia de Saint Etienne du Rouvray (Francia).

Un policía vigila los alrededores de la iglesia de Saint Etienne du Rouvray (Francia). Efe

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Adele Kermiche, uno de los dos terroristas que el martes degollaron al anciano cura de Saint Etienne du Rouvray (Normandía, Francia) y único identificado hasta el momento, llevaba un brazalete electrónico para que las autoridades lo tuvieran vigilado después de haber pasado diez meses en prisión preventiva. Cometió el atentado que reivindicó junto al otro agresor en nombre del grupo terrorista Estado Islámico en las horas que la justicia le permitía salir de su domicilio, entre las 08:30 y 12:30 de lunes a viernes.

Este francés de 19 años era sospechoso de pertenencia a una organización terrorista después de intentar llegar a Siria para unirse al EI en dos ocasiones en 2015. Pero entonces, ¿por qué decidieron excarcelarle? Le Monde ha tenido acceso a los documentos judiciales del caso que aportan algo de luz a la cuestión.

La jueza de instrucción decidió que podía salir de prisión permaneciendo bajo vigilancia electrónica en contra del criterio de la Fiscalía, según el diario francés. La magistrada encargó un informe sobre la personalidad de Kermiche en octubre de 2015, cuando el terrorista llevaba ya cerca de medio año en prisión preventiva. Recibió el dosier en febrero y el 18 de marzo el hombre estaba en la calle, con orden de arresto domiciliario y permiso para salir a trabajar o hacer vida social cuatro horas al día entre semana.

El informe revelaba que Kermiche había recibido ayuda psicológica desde que tenía 6 años y había sido hospitalizado regularmente por problemas psicológicos. Su aspiración profesional era ser asistente sanitario en el terreno de la psicología y su familia aseguró que tenía varias posibilidades laborales como animador en un centro de recreo municipal.

Soy un musulmán que se basa en los valores de misericordia, benevolencia. No soy un extremista

"Soy un musulmán que se basa en los valores de misericordia, benevolencia (...). No soy un extremista", aseguraba él. Contó que rezaba dos veces al día y no se despertaba para la oración matinal (en total, el islam establece que los creyentes deben rezar cinco veces diarias).

En prisión coincidió con un saudí y con un francés que había pasado 18 meses en las filas de Estado Islámico. Kermiche aseguró a la jueza que se arrepentía de haber intentado unirse al grupo terrorista en Siria: "Quiero recuperar mi vida, volver a ver a mis amigos, casarme".

Ha tomado conciencia de sus errores, ha tenido ideas suicidas y está decidido a trabajar por su reinserción

Ella creyó que el joven había "tomado conciencia de sus errores", señaló que había tenido "ideas suicidas" durante su estancia en prisión y que estaba "decidido a empezar gestiones para su inserción" social.

Además, la magistrada confió en que su familia le aportaría el "acompañamiento" necesario. Sus padres "prefieren saber que su hijo está encarcelado y vivo que libre y de camino a Siria. Si aceptan acogerlo, es porque piensan sinceramente que él sabe que se ha equivocado y que no volverá a intentar irse", argumentó.

Existe un riesgo muy importante de que intente unirse a Estado Islámico de nuevo en caso de ponerle en libertad

La Fiscalía no estaba de acuerdo con el diagnóstico de la jueza, que calificó de "poco conveniente" e "ilusorio". Para la Fiscalía estaba claro que "existe un riesgo muy importante de renovación de los hechos en caso de volver a ponerle en libertad".

Adele Kermiche, que había intentado viajar dos veces a Siria y había sido encarcelado en prisión preventiva por su presunta pertenencia a una organización terrorista, fue enviado a casa de sus progenitores en Saint Etienne du Rouvray con la esperanza de su reinserción y salvación. Un brazalete electrónico y sus padres eran las apuestas de la jueza por mantenerle a raya, a juzgar por los papeles a los que ha tenido acceso Le Monde.

No pasaron ni cuatro meses y medio antes de que tomara un cuchillo junto a un cómplice para atacar una iglesia de su pueblo. Antes de resultar abatidos por la policía, arrebataron la vida al padre Jacques Hamel e intentaron hacer lo mismo con al menos otra persona más que estaba en la iglesia y que dejaron debatiéndose "entre la vida y la muerte".