Elecciones EE.UU. 2016

El Estados Unidos del rústico Cracker Barrel se impone al del cosmopolita Whole Foods

Clinton, los demócratas, la 'CNN' y los urbanitas estadounidenses han subestimado a un electorado rural que ha coronado a Trump.

Una gran coalición de votantes blancos ha aupado a Trump.

Una gran coalición de votantes blancos ha aupado a Trump. Getty

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La conversación tipo que se repite en Estados Unidos a raíz de la victoria electoral de Donald Trump varía en función de dónde nos encontremos, ya que mientras en las grandes ciudades las caras llegan al suelo, en la 'América interior' se presume con orgullo de la proeza de haber dado la vuelta a todas las encuestas.

Estos días de abundancia de análisis políticos en la prensa norteamericana, algunos medios han recordado una interesante teoría ideada por el periodista David Wasserman en The Cook Political Report, que ayuda a entender por qué Hillary Clinton ha perdido su batalla contra los republicanos sin que ni los más avezados gurús lo vieran venir.

Para explicarla correctamente, primero debemos trasladarnos a dos establecimientos estadounidenses muy diferentes. Por un lado, los Whole Foods Market, una suerte de supermercado gourmet donde abundan los productos orgánicos -desde la verdura a la leche, pasando por el ketchup-, las porciones individuales, las barras autoservicio de ensaladas, de sushi y de otras variedades de comida internacional.

Así son los Whole Foods, una mezcla de restaurante y mercado ecológico.

Así son los Whole Foods, una mezcla de restaurante y mercado ecológico.

En definitiva, todo lo que necesita el clásico urbanita que no se fija en el precio y que no dispone de tiempo para acercarse a otros locales más económicos, como el Walmart o el Cotsco. Si ha visitado EEUU, posiblemente habrá visto alguno en Nueva York o Washington DC, muy transitado habitualmente por un público de corbata estrecha, traje oscuro y auriculares pegados algún smartphone de última generación.

Imagen de un restaurante Cracker Barrel.

Imagen de un restaurante Cracker Barrel.

En el otro extremo tenemos el Cracker Barrel Old Country Store, una cadena de restaurantes-tienda donde la decoración y la comida traslada al visitante a los estados del Sur, lo que muchos denominarían la 'América profunda'. Platos genuinos de ternera y puré de patatas con guarnición de judías verdes. Aquí lo único orgánico que se puede encontrar es quizá la clientela, directa del campo y de las pequeñas villas, pura y sin adulterar. De hecho, no encontrará ninguno de los locales de esta cadena en la concurrida Manhattan o en la capital del país.

Volviendo al mencionado método, David Wasserman cree que se puede explicar el resultado de unas elecciones estudiando cómo votaron los electores de los 493 condados donde hay un Cracker Barrel y hacer lo mismo con los 184 que cuentan con un Whole Foods. Según este analista, en 2012 Obama se llevó el 75% de los condados que tenían uno de estos supermercados orgánicos y el 29% de los que disponían de un restaurante sureño. Este año, en cambio, Trump le dio la vuelta al reparto al ganar el 76% de los segundos y el 22% de los Whole Foods, es decir, incrementando la ventaja republicana en el medio rural y manteniéndola en la ciudades.

Y aquí radica una de las explicaciones que pone de relieve que el fallo de Clinton ha sido no haber conectado con el votante que no vive en la burbuja urbana estadounidense. Sólo el 26% de los votantes rurales fueron para la candidata demócrata, en contraste con el 40% de los que apoyaron a Obama en 2012, según recoge The New York Review of Books.

Elizhabeth Drew, periodista que ha seguido esta campaña electoral, publica en el citado medio un artículo titulado "How it happened" (Cómo ha pasado), en el que relata cómo Clinton emergió ante estos estadounidenses "como una criatura venida de otro mundo, el urbano, como una mujer rica, defensora de la idea de un Gobierno fuerte y grande, y no supo conectar con ellos", como sí hizo en los 90 su marido Bill, que supo cómo tratar a este electorado. No en vano, el expresidente creció entre ellos, en Arkansas, mientras que Hillary nunca fue capaz de empatizar con este sector, que parecía secundario hasta que Trump llegó con sus promesas de recuperar las industrias y los puestos de trabajo perdidos por la deslocalización.

El periodista David Wong realiza el mismo diagnóstico en la publicación Crack, en un artículo cuyo gráfico título es "How Half Of America Lost Its F**king Mind" (Cómo medio EEUU perdió la p**a cabeza). En su análisis, recurre al cine para explicar lo sucedido. En concreto, cita varias películas -Los juegos del hambre, La Guerra de las Galaxias y Braveheart- en las que se repite un patrón común, “los buenos son humildes habitantes del campo, que ven a los malos como decadentes cretinos que viven en la ciudad y visten ropas ridículas” sin preocuparse de sus problemas.

Parece simple, pero en cierto modo es lo que ha ocurrido en estas elecciones. Los habitantes de las grandes ciudades han dado por hecho que la única visión real de lo que ocurría en EEUU era la que dictaban algunos expertos y tertulianos, vecinos también de grandes urbes, desde los estudios de la CNN.

ENCUESTAS FALLIDAS

Muchos subestimaron la realidad del mundo rural, cuyos problemas quizá no se abordaron suficientemente desde la campaña demócrata. Incluso las encuestas erraron aquí. Los votantes del interior aparecían poco representados en estos estudios, que llegaron a pronosticar más de 300 votos electorales para Clinton, cuando su total real fue de 228, frente a los 279 de Trump. No olvidemos tampoco que la CNN y otros medios nacionales dieron a la aspirante demócrata por ganadora de los tres debates presidenciales después realizar los respectivos sondeos tras los cara a cara.

En estos estados de interior, desde los del Sur a los del Medio Oeste, parece que el denominador común clave que justifica la sorpresa electoral está en los votantes blancos, que Trump se llevó de calle en casi todos sus segmentos, desde los de clase obrera hasta los universitarios, a excepción de las mujeres blancas con titulación superior. Entre los hombres blancos en general, Trump dominó, ganando el 72% de los no universitarios y el 54% de los que sí tienen un título, que decantaron los estados industriales del lado republicano.

En el caso de las mujeres, según los datos de la web FiveThirtyEight, sólo el 34% de las no universitarias apoyaron a Clinton y el 62% a Trump; mientras que la demócrata ganó el 51% de las féminas con educación universitaria, frente al 45% que respaldó al magnate.

Según publicaba el analista político Michael Kesler en The Washington Post, su ventaja en el electorado femenino fue aproximadamente la misma que la de Obama en 2008 y 2012, mientras que el millonario aumentó los márgenes republicanos entre los hombres. Y así, dato a dato, se llega a la victoria del empresario del pasado martes.

Ante semejante fallo en las previsiones, volvamos al método de Wasserman. En el Harris Teeter de la calle M de Washington, una cadena similar a Whole Foods, encontramos a Michael, un joven abogado originario de Michigan, un demócrata cuyos padres optaron por Trump.

“Ellos siempre han votado republicano y van a seguir haciéndolo. Cuando se presentó Obama, decían que no tenía experiencia y que Hillary hubiera sido mucho mejor candidata, incluso que habrían votado por ella. Y este año, en cambio, decían que jamás apoyarían a alguien así. No van a cambiar su pensamiento y creo que muchos conservadores son así de fieles, por lo que supongo que el fallo ha estado en el lado demócrata. No han movilizado bastante a los suyos”.

Eddie Glaude Jr., jefe del departamento de estudios afroamericanos de la Universidad de Princeton, sostenía en el programa de la MSNBC "Morning Joe", el día después de las elecciones, que ésta era "la última toma de posición de la América Blanca", ya que se espera que las minorías se conviertan en la mayoría de la población en 2060. Éste, por cierto, ha sido otro de los temores que ha sacado a votar a la población rural, temerosa de perder su supremacía.

Mientras siguen publicándose análisis en los medios de comunicación del país, en los Cracker Barrel no parece que se tema al año 2060 como una amenaza inminente. Para la mayoría de su clientela, los últimos días han sido tranquilos y hasta dulces. Casi tanto como la versión edulcorada de Donald Trump que el domingo se lanzó al país a través de la entrevista en "60 minutos’", con la que los republicanos intentan ahora calmar al votante urbano que teme la llegada del magnate a la Casa Blanca.

Los demócratas todavía no han empezado a moverse, pero para recuperar la delantera deberán salir a buscar ese voto blanco perdido, dejar el Whole Foods y la comida orgánica y empezar a masticar ternera. Las próximas elecciones se deciden en la 'América profunda'.