Polémica en el partido republicano

La última vida de Donald Trump

El magnate, que hasta ahora ha superado sus innumerables escándalos, atraviesa su peor crisis tras desatar una guerra civil en el Partido Republicano.

Donald Trump pide perdón en televisión por sus últimas declaraciones.

Donald Trump pide perdón en televisión por sus últimas declaraciones. Reuters

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En EEUU los gatos no tienen siete vidas, sino nueve. Si extrapolamos esta creencia popular a los políticos, tendríamos que concluir que la longevidad de la carrera de un representante público a este lado del Atlántico es mayor, aunque dependa de factores como la formación en que milite o el escándalo que encare.

En el caso de Donald Trump, ha venido demostrando que puede salir indemne de cualquier golpe o metedura de pata. Aunque esta racha puede acabar, porque desde que en 1974 el senador Barry Goldwater de Arizona se uniera a un grupo de líderes republicanos para invitar a Richard Nixon a abandonar el despacho oval, el partido conservador estadounidense no se había visto fracturado como lo vuelve a estar hoy por la enésima y más grave polémica de su candidato, a cuenta de unas machistas y obscenas declaraciones de 2005 difundidas el viernes por el Washington Post.

Desde que el rotativo lanzara la grabación en la que Donald Trump alardea con un lenguaje muy vulgar de poder hacer “lo que quiera” con las mujeres porque es rico y famoso, las deserciones y los puñales han ido cayendo sobre sus espaldas en cascada. A estas alturas, son pocas las voces conservadoras que no se han desmarcado de alguna manera de su cabeza de cartel condenando sus palabras, retirándole su apoyo o directamente pidiéndole que se vaya y deje que sea su número dos, Mike Pence, quien trate de alcanzar la Casa Blanca.

La última en sumarse a esta campaña ha sido la que fuera secretaria de Estado con George Bush, Condoleezza Rice, quien ha publicado en su cuenta de Facebook un elocuente “basta”. “Donald Trump no debe ser presidente, debe renunciar. Como republicana, espero apoyar a alguien que tenga la dignidad y la altura de competir por el puesto más alto de la democracia más grande del mundo”, ha sentenciado.

La lista de ‘rebeldes’ la completan los candidatos presidenciales de 2008 y 2012, John McCain y Mitt Romney, respectivamente, el líder del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, los senadores John Thune y Mike Crapo, los representantes Mark Kirk, Mia Love, Mike Coffman, Jason Chaffetz, o el exgobernador de California Arnold Schwarzenegger. Mike Pence, por su parte, ha reprobado las palabras de 2005 de su compañero de papeleta, pero le ha agradecido “que haya demostrado remordimientos, pidiendo perdón”.

GUERRA ABIERTA: “HIPÓCRITAS”

Pese a estos movimientos, Trump, que nunca ha rendido espacial lealtad al partido al que ha utilizado para lanzar su carrera presidencial, no tiene intención de marcharse. Hay “cero posibilidades”, según enfatizaba el sábado, de que renuncie a estas alturas. Más bien al contrario, ha pasado a la ofensiva. A las diez de la mañana de este domingo llamaba “hipócritas mojigatos” a sus críticos en un tuit, en el que auguraba que se arrepentirán de su actitud ya que sus “encuestas y resultados electorales” bajarán. Hay que recordar que, además de elecciones presidenciales, EEUU renueva su Congreso y un tercio de su Senado.

En noviembre de 2015 se burló de un reportero con discapacidad física y sus enfrentamientos alcanzan incluso a los más conservadores, como fue el caso de la presentadora Megyn Kelly

Pese a esta situación de guerra civil interna, no son pocos los que apuestan a que buena parte de su electorado perdonará y justificará este episodio al multimillonario, como lo ha venido haciendo hasta ahora con el resto de controversias en las que se ha ido metiendo. Y es que, como ha quedado demostrado, sus leales nunca han esperado corrección ni maneras de político profesional de Trump. Por eso no han castigado sus numerosas salidas de tono. Incluso este fin de semana, tras destaparse el polémico vídeo de 2005, en los últimos actos de campaña el público ha pedido a gritos ver a su ‘estrella’ y ha abucheado a aquellos que se han atrevido a criticarlo frente al atril.

MEXICANOS, DISCAPACITADOS, MUJERES...

La lista de ofensas es larga y se remonta al inicio de su candidatura presidencial, en junio de 2015, cuando habló de contener a los inmigrantes mexicanos con un muro, acusándolos de traer “drogas, crímenes y ser violadores y asesinos”. Un año después, iba aún más lejos y ponía en duda la imparcialidad del magistrado federal encargado de juzgar una demanda contra su universidad por su ascendencia mexicana.

En noviembre de 2015 se burló de un reportero con discapacidad física, después de haber expulsado unos meses antes al periodista hispano de Univision Jorge Ramos de una rueda de prensa. Sus enfrentamientos con los medios alcanzan incluso a los más conservadores, como se vio cuando dijo en Twitter que Megyn Kelly, una presentadora de Fox News, debía estar menstruando por su actitud incisiva durante una entrevista en agosto de aquel año.

Y hay más. Ha pedido que se prohíba la entrada a EEUU de todos los musulmanes, a los que propone inscribir en un registro. Tras responsabilizar a esta comunidad religiosa de la matanza en el club gay de Orlando el pasado julio, criticó a la familia de un soldado americano musulmán fallecido en Irak que participó en la pasada Convención Demócrata, insinuando que su padre no dejaba a su madre hablar en público por ser mujer. Esto desencadenó la que quizá haya sido la segunda mayor crisis de su campaña, después de la presente.

Siguiendo en el terreno militar, sagrado para muchos norteamericanos, en julio de 2015 dijo que no tiene por qué respetar a los veteranos de guerra que fueron capturados en combate, en clara referencia a John McCain.

El senador republicano por Arizona John McCain.

El senador republicano por Arizona John McCain. Gtres

En febrero de 2016 se negó a condenar a un grupo del Ku Klux Klan (KKK) que lo apoyaba, alegando que no conocía exactamente su actividad. Ha acusado a Hillary Clinton y a Barack Obama de ser los fundadores de ISIS, ha insultado a través de las redes sociales, ha presumido de no pagar impuestos en el último debate presidencial y se ha enfrentado a la ex Miss Universo Alicia Machado, a la que en el pasado llamó “Miss Cerdita” por sus problemas de sobrepeso. En su guerra con esta modelo venezolana, difundió en su cuenta de Twitter una grabación en la que se la veía manteniendo relaciones sexuales en un reality español de hace diez años. Sin olvidar que en 2011 inició una campaña poniendo en duda que Obama hubiera nacido en América. Y todo esto, casi sin despeinarse ni disculparse.

Si tanto los votantes como los líderes republicanos han sido capaces de perdonar y tolerar semejante ristra de ofensas, cabe preguntarse por qué en las últimas 24 horas han salido en tromba las principales figuras del partido para marcar distancias con Trump. Muchos pensarían que, como Barry Goldwater en 1974, lo hacen por el bien de la nación, pero quizá hay más motivos.

Cuando Trump logró la nominación tras imponerse al resto de competidores, muchos republicanos consideraban que no era la persona indicada para representar los valores que encarnaba esta formación. Se alzaron algunas voces, pero pronto fueron acalladas y transigieron, respaldando al magnate, en el que veían una posibilidad real de vencer a los demócratas aunque esto costara ensanchar aún más la brecha que separa a la ya polarizada sociedad americana. Y el plan se mantuvo contra viento, marea y tuits incendiarios.

VOTO FEMENINO Y DEBATE

Pero la grabación de 2005 ha cambiado las cosas. Hasta ahora los exabruptos de Trump afectaban a sectores de la población que no repercuten demasiado en las expectativas de voto republicano, que no tiene sus principales caladeros ni entre los hispanos, los afroamericanos o los sectores más progresistas. Son más bien los ciudadanos más conservadores, defensores de los valores familiares tradicionales y contrarios a todo lo que huele a Obama o Clinton, los que sustentan a esta formación.

En la grabación se escucha a Trump soltar perlas como “agarrar por la vagina” o llamar "perra" a una mujer

Por eso este último episodio, a un mes escaso de las elecciones, golpea directamente sobre esa escala de valores y puede afectar especialmente al electorado femenino, sin el que los republicanos no tienen nada que hacer. Y ahí ha sido donde el resto de líderes de la formación han visto el peligro. En EEUU el sistema electoral no es como el español, donde el partido ordena y manda. Aquí las siglas son una herramienta, pero las carreras electorales son prácticamente individuales. Y en las elecciones de noviembre no sólo se elige al presidente.

Con esta grabación, en la que se escucha a Trump soltar perlas como “agarrar por la vagina” (usando el término pussy, que en realidad es la expresión vulgar, con connotación sexual, para referirse al órgano genital femenino) o llamar “perra” a una mujer, el millonario neoyorquino, que presumía de poder gestionar el país mejor que los políticos, ha dejado de sumar. Y ya no es exclusivamente la Casa Blanca lo que está en riesgo, sino la presencia republicana en las cámaras de representantes. Y esta preocupación parece comprensible teniendo en cuenta que en EEUU, país donde las cadenas de televisión silencian las palabras malsonantes en las películas y programas, estas controversias afectan.

No olvidemos que incluso el implicado ha pedido perdón públicamente, desatando la ironía de algunos viñetistas, que bromean estos días en la prensa con el hecho de que la sociedad americana está más sorprendida de haber escuchado la palabra “perdón” de labios de Trump que las obscenidades del vídeo de 2005.

Y mientras los republicanos afilan sus armas y los medios estadounidenses desentierran de las hemerotecas viejas declaraciones sexistas del millonario y acusaciones de agresiones sexuales del pasado, Trump se prepara para la última de sus oportunidades de salvar la cara. El segundo debate presidencial que se celebra esta noche (madrugada en España) será decisivo para reconciliarse con América. Una ocasión más. La última de sus nueve vidas.