Acuerdos de paz

Número 3 de Uribe: “Espero que el Nobel a Santos ponga su corazón en representar a todos”

La senadora Paloma Valencia muestra disposición por un acuerdo de mínimos rápido con las FARC para facilitar el nuevo proceso. 

La senadora Valencia es estrecha colaboradora de Álvaro Uribe.

La senadora Valencia es estrecha colaboradora de Álvaro Uribe.

La número 3 del expresidente Álvaro Uribe en el Senado colombiano, Paloma Valencia, muestra respeto por la decisión de la academia noruega al otorgar el Nobel de la Paz al presidente colombiano Juan Manuel Santos cinco días después de perder el referéndum sobre los acuerdos de paz con las FARC que ha promovido. La academia desea que este reconocimiento evite el “peligro real” de volver a la guerra civil que ha durado 52 años y ayude a “avanzar en el proceso de paz”. Amnistía Internacional y Human Rights Watch han valorado positivamente el galardón.

Sin embargo, Valencia asegura que la comunidad internacional ha hecho el vacío a quienes defendían el 'no' y cree que el comité que otorga el premio no ha entendido la realidad colombiana.

En esta entrevista telefónica con EL ESPAÑOL pide a Santos que se enfunde la camiseta del 'no' y salga a renegociar con las FARC representando a todos los colombianos. Argumenta que la gran abstención (del 60%) en el plebiscito del pasado domingo en el que se impuso el 'no' con un ajustadísimo 50,2% no hace más que reflejar la falta de ilusión del pueblo colombiano por unos acuerdos con los que no se siente identificado.

¿Qué le parece el Nobel de la Paz para Juan Manuel Santos tras el 'no' al acuerdo con las FARC en el referéndum?

Es una noticia sorpresiva para el país, que muestra la diferencia que existe entre la percepcón que tiene la comunidad internacional que ha adelantado con el grupo terrorista FARC el presidente Juan Manuel Santos y la que tienen los colombianos. La realidad es que no solamente ganó el 'no', sino que ésta es una de las elecciones con mayor abstención en Colombia, que muestra que miles de colombianos no están ilusionados con estos acuerdos.

Pero también abre una oportunidad el premio Nobel, y es que el presidente se ajuste a lo que los colombianos quieren ahora sin la necesidad de andar corriendo para alcanzar los plazos que imponía el premio.

¿En qué punto se encuentra el diálogo entre el uribismo y el Gobierno para reconducir los acuerdos?

Le hemos dicho al Gobierno que habiendo ganado el 'no', le corresponde al presidente de la República ponerse la camiseta del 'no' y salir a negociar con las FARC los puntos que los voceros [portavoces] del 'no' han manifestado durante esta campaña. Sin embargo, pareciera que el presidente está pretendiendo más bien fragmentar el 'no', negociar con algunos y volver a presentar el plebiscito no buscando un acuerdo que congregue a la nación entera, sino simplemente una pequeña mayoría.

¿Por qué asegura que Santos está fragmentando el 'no'?

Las iglesias cristianas tienen enormes inquietudes sobre lo que se ha denominado en Colombia la “ideología de género”, según las cuales los niños no nacen varones ni las niñas nacen hembras, sino que es un proceso de construcción social que puede tardar años (…). Esas concepciones fueron incluidas en los acuerdos de La Habana y por eso sectores religiosos votaron 'no'.

El presidente Santos ha mostrado disposición en acondicionar aquellos temas, pero mantenerse en los temas de impunidad, de representación de los genocidas en la política, prohibición de la extradición de los narcotraficantes, convertir el narcotráfico en delito político, no permitir la aspersión aérea de los cultivos ilícitos, mantener en pie de igualdad a las Fuerzas Armadas con el grupo terrorista FARC… es decir todos los demás temas de igual importancia aún no han sido recibidos con el beneplácito que estaríamos esperando del Gobierno.

Sin embargo, si Juan Manuel Santos nos escuchara y pudiera intervenir, probablemente diría que la impunidad, por ejemplo, que es una de los reproches principales del Centro Democrático para él no es tal.

Claro, pero lo que no le cuenta el presidente a la comunidad internacional es que los criminales de lesa humanidad van a ser investigados, juzgados y condenados. Pero no van a tener una pena privativa de la libertad y de hecho la pena que se les imponga no puede oponerse a la libertad de sus derechos políticos, de manera que la pena tendrá que ser simbólica.

Lo primero es que el Gobierno decida que acepta la voluntad popular y que sale a negociar en nombre no sólo de los del 'sí'

¿Se sentarán ustedes también a la mesa con el líder de la guerrilla, Timochenko, o con sus representantes?

El problema (…) es que nosotros no podemos sentarnos a negociar, porque al único al que le corresponde la negociación con un grupo del terrorista es al Gobierno y por lo tanto lo primero es que el Gobierno decida que acepta la voluntad popular y que sale a negociar en nombre no sólo de los del 'sí', sino también de los del 'no'. Hay una enorme oportunidad de que el presidente Santos deje de representar una fracción de la población colombiana y decida representar a la totalidad de los colombianos y logre unos acuerdos que complazcan a toda la nación.

¿Se han sentido abandonados por la comunidad internacional en sus reivindicaciones?

Absolutamente abandonados, desatendidos, porque esto ha sido una lucha muy grande: nosotros tuvimos que enfrentar al Gobierno, que bajó el umbral que en los plebiscitos de Colombia es del 50% al 13%, que le dio financiación pública únicamente a la campaña del 'sí', que por primera vez en muchísimos años permitió la participación política de funcionarios públicos, convirtiendo alcaldes y gobernadores en proselitistas de la campaña del 'sí'.

Además de que el clima que generó el Gobierno y algunos partidarios agresivos del 'sí' era que aquel que iba a votar por el 'no' era neonazi, fascista o amigo de la guerra, que quería muertos. Por eso las encuestas no pudieron predecir los resultados, porque los colombianos no se sentían con la libertad de expresar lo que estaban sintiendo. Muchos empresarios no quisieron darle plata a la campaña del 'no', porque temía represalias del Gobierno.

A ello se sumó un evento donde vino la comunidad internacional, intentando distorsionar la opinión de los colombianos, el 26 de septiembre en la firma, donde lo que se pretendía era destruir la campaña del 'no'. Sin embargo, los resultados hablan por sí solos. Es más, la mayoría de colombianos no quisieron participar en esta refrendación.

Usted mencionaba que cree que la gran abstención se debe a que a los ciudadanos no les ilusionaba este acuerdo, pero lo cierto es que ganó el 'no' con un escaso margen del 0,4%. ¿Está Colombia preparada para la reconciliación ya no sólo entre las partes del conflicto armado, sino también entre ambos sectores de la población?

El Centro Democrático y los que hemos sido voceros del 'no' hemos sido sumamente generosos en términos de no sentir esto como una victoria, sino como una nueva oportunidad para Colombia. Así se lo expresamos al presidente y a todos los partidarios del 'sí'. Sin embargo, uno sigue sintiendo de parte de ellos una inmensa soberbia y un deseo simplemente de aplastar a quienes votamos 'no'.

El Gobierno para un mal acuerdo se demoró seis años, de manera que uno no puede pensar que con diferencias de fondo esto se vaya a solucionar en pocos días

¿Cuáles son los plazos que plantean desde el Centro Democrático para alcanzar un nuevo acuerdo que suscriban todas las partes, incluidos ustedes?

El Gobierno para un mal acuerdo se demoró seis años, de manera que uno no puede pensar que con diferencias de fondo esto se vaya a solucionar en pocos días. Se necesita unas políticas urgentes que den condiciones para que no haya violencia, que den garantías a las FARC y a sus hombres para mantener el cese a todos los delitos por parte de ese grupo terrorista. Esas condiciones estamos dispuestos a que se les otorguen de manera inmediata para poder mantener una negociación en un clima de no violencia.

Las FARC aseguran que no retomarán las armas, pero si hablamos de seis años más… El presidente Santos de momento únicamente ha ampliado el alto el fuego hasta el 31 de octubre -prorrogable-, por lo que en realidad sí que hay cierta prisa.

Ha pretendido poner un ultimátum tanto a las FARC como a los del 'no'. Creo que es equivocado, así se lo expresamos en la reunión que sostuvimos con el presidente Uribe y el presidente Santos. Sin embargo, contestó que él verá, porque es el presidente. Aún no ha entendido que el mandato de los colombianos es un mandato que le obliga a representarnos a todos.

¿Considera que debería haber dimitido tras el 'no'?

El presidente Santos tiene en sus manos la decisión: o decide renegociar los acuerdos en nombre de aquellos que hoy representamos la mayoría o debe hacerse a un lado y dejar que alguien más lo haga.

¿Qué les diría usted a los miembros del comité noruego que le ha otorgado el Nobel de la Paz si pudiera hablar con ellos personalmente?

Que para Colombia es un gran honor recibir ese premio, que ojalá hubieran tenido la consideración de observar los acuerdos y mirar si realmente le van a servir a Colombia, porque el nombre de los “acuerdos de paz” es muy pomposo y atractivo pero la realidad puede ser nefasta para el futuro de los colombianos.

El Nobel de la Paz o entiendo como el premio que se le dio al presidente Obama o nominaciones que a uno le sorprenden

¿Entonces está de acuerdo con lo que ha dicho la academia de los premios Nobel, que ha asegurado que el galardón debe entenderse como un premio a todos los colombianos?

No, yo no lo entiendo así. Lo entiendo como el premio que se le dio al presidente Obama o nominaciones que a uno le sorprenden. Éste es un premio bastante político y yo respeto la decisión y me alegra por el presidente Santos como individualmente considerado, porque él tenía enorme ilusión por recibir ese premio. Pero me parece que desconocen las realidades de un pueblo que hoy se siente muy inseguro de pensar que la impunidad y el premio a los violentos vaya a trastocar las posibilidades de un mejor destino para este país.

¿Y usted cómo se siente?

Me siento igual, incomprendida por la comunidad internacional. Aquí hay unas observaciones serias, no pasionales, sino reales sobre los peligros que puede significar este acuerdo para el futuro de Colombia. Me habría gustado que tanto el Nobel como la comunidad internacional se pararan a mirar cuáles son los riesgos que realmente este acuerdo implica para los colombianos.

¿Cuándo será el siguiente encuentro entre las comisiones?

Creo que los encuentros van a ser muy fluidos, seguramente hoy [por el viernes] o mañana [sábado]. La idea es trabajar a toda marcha.

Supongo que ha tenido oportunidad de hablar con el presidente Uribe…

No he podido hablar con él hoy. Yo he estado trabajando y él también.

¿No han compartido entonces impresiones en el partido con respecto al Nobel?

La verdad es que no, porque cada quien está en sus trabajos. El tiempo no nos ha dado para reunirnos, la mayoría de la gente se encuentra en sus regiones.

¿Así que en realidad tampoco les parece que sea tan relevante para lo que queda por venir en Colombia?

No creo que esto cambie las circunstancias de Colombia. Lo que espero es que le dé serenidad al presidente Santos, que los ritmos no tengan que atender a los requerimientos del premio, sino a las realidades de los colombianos. Espero que habiendo recibido este premio, decida y ponga su corazón en representar a todos los colombianos.