Estados Unidos

Clinton pide unidad ante el muro divisor de Trump

La candidata demócrata ha aceptado la nominación presidencial del partido demócrata con un discurso antagónico al de Donald Trump.

Hillary Clinton durante la Convención Nacional demócrata.

Hillary Clinton durante la Convención Nacional demócrata. Reuters

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En el discurso más importante de su larga carrera política, Hillary Rodham Clinton ha aceptado la noche del jueves la candidatura presidencial del Partido Demócrata, quedando en una posición inédita en la historia de Estados Unidos para intentar, otra vez, hacer historia en noviembre próximo, cuando los norteamericanos decidan quién será su próximo líder, ella, o el candidato republicano, Donald J. Trump.

Clinton ha brindado una visión antagónica a la que ha dejado Trump en la convención republicana de Cleveland respecto del presente del país, y ha llamado a todos los norteamericanos a trabajar juntos para profundizar la agenda progresista desplegada por el presidente, Barack Obama.

“Mas fuerte juntos”, el moto de su campaña y el tema que ha unido a casi todos los discursos que se escucharon en Filadelfia, fue el gran hilo conductor de su mensaje.

“El lema de nuestro país es E pluribus unum: a partir de muchos, somos uno. ¿Vamos a permanecer fiel a ese lema? Bueno, oímos la respuesta de Donald Trump la semana pasada en su convención. Él quiere dividirnos del resto del mundo, y de nosotros”, ha afirmado Clinton.

Luego, ha citado la frase más célebre de otro presidente, Franklin Delano Roosevelt, quien dijo “lo único a lo que hay tenerle miedo es al miedo mismo”, y ha afirmado: “No tenemos miedo. Vamos a estar a la altura de los desafíos, como siempre. No vamos a construir un muro. En vez de eso, vamos a construir una economía donde todos los que quieran un trabajo bien pago tengan uno”.

El mensaje de Clinton ha marcado el punto final de un encuentro en el cual los demócratas hicieron todo lo que podía hacerse para cerrar filas y apuntalar a su candidata, cuya honestidad aparece muy cuestionada en las encuestas, y cuya trayectoria ha sido denostada por los republicanos durante años, un hábito que alcanzó su pico en su convención de Cleveland, donde el público llegó a demandar su encarcelamiento al grito de “¡Enciérrenla!¡Enciérrenla!”.

La causa de Sanders

Clinton ha tenido que lidiar con las divisiones dentro de su partido. Un puñado de los seguidores más radicales del senador Bernie Sanders ha abucheado tramos de su discurso en varias ocasiones. Cada vez que ocurrió, fueron callados por la multitud, que ha gritado: “¡Hillary!¡Hillary!”. Clinton les ha dejado un mensaje: “Los he escuchado, si causa es nuestra causa”.

Sin ahorrar críticas para su adversario, Clinton ha buscado también apelar a los republicanos moderados, una fracción del partido que aún no termina de digerir a Trump como el candidato de su partido. Ha prometido más oportunidades, mejores trabajos y mejores salarios, y trabajar para incluir las regiones del país postergadas por la nueva economía, donde Trump tiene un alto respaldo. En ese terreno ha lanzado uno de sus dardos al republicano.

“Trump habla mucho de poner a América primero. Por favor, que me explique qué parte de América primero lleva a hacer las corbatas de Trump en China, no Colorado. Trajes en México, no en Michigan. Muebles de Trump en Turquía, no en Ohio. Marcos para fotos de Trump en la India, no Wisconsin”, ha dicho, nombrando todos los estados disputados donde se decidirá la elección.

Y, como era de esperarse, ha atacado su carácter y ha cuestionado su capacidad para ser Comandante en Jefe de la primera potencial global.

“Imagínenlo en la Oficina Oval frente a una crisis real. Un hombre a quien se puede atrapar con un tweet no es un hombre al que podemos confiar con armas nucleares”, ha dicho, una preocupación extendida entre los norteamericanos.

Las críticas a Trump han sido uno de los distintivos de la convención. Los demócratas han puesto a sus mejores figuras en el escenario. Cada uno de los oradores –un 'dream team' que no decepcionó– ha buscado humanizar y aportarle credibilidad a Clinton, algunos con más entusiasmo que otros. Y cada uno se ocupó también de defenestrar a Trump. Michelle Obama, quien, para muchos, brindó el mejor discurso de todos, fue la única que lo criticó sin nombrarlo. La Primera Dama habló como mujer y madre, y ofreció un contundente respaldo: dijo que Hillary era la única personaba en la confiaba con la responsabilidad de “moldear” los hijos del país por los próximos cuatro u ocho años.

Bill Clinton fue el encargado de defender la trayectoria de su mujer. Hizo un pulido relato cronológico de su vida pública y privada, y también intentó desterrar la imagen “bidimensional” que, a su juicio, intentaron instalar los republicanos.

“Es la mejor creadora de cambio que jamás he conocido”, dijo el ex presidente.

Otros no se guardaron nada. Barack Obama llamó a Trump una “amenaza para el país” y un “demagogo doméstico”. Su vicepresidente, Joe Biden, lo acusó de pregonar un “cinismo sin límites”, y disparó: “No tiene idea de qué hace grande a Estados Unidos. En realidad, no tiene idea. Punto”. Sus dos discursos, su despedida de los demócratas, marcaron dos de los puntos más altos de toda la convención.

Ese doble juego que se vio en los discursos dejó una realidad al descubierto: Clinton es la candidata más calificada de la historia del país en buscar la Casa Blanca, pero es, también, una de las candidatas más impopulares de la historia, algo que forzó a acentuar los riesgos, a juicio de los demócratas, de elegir a Trump. Michael Bloomberg, que llegó a la convención con el objetivo de apelar al electorado independiente, lo resumió en dos líneas.

“Trump es una opción riesgosa, imprudente, y radical. Y no nos podemos permitir elegir esa opción”, afirmó. “Ahora, sé que Hillary Clinton no es perfecta. Ningún candidato lo es. Pero ella es la elección correcta, y la elección responsable, en esta elección”, completó.

Obama explicó las críticas a Clinton con argumentos similares a los de los seguidores más devotos de la demócrata. Dijo que había sido “caricaturizada por la derecha y por algunos en la izquierda”, algo que ocurre cuando alguien está “bajo el microscopio por 40 años”.

“Ella sabe que a veces durante esos 40 años ha cometido errores, al igual que yo, al igual que todos nosotros. Es lo que sucede cuando tratamos”, ha terciado el presidente.

Al cierre de la conveción, Hillary Clinton cerró con una nota optimista. “Sí, el mundo está observando lo que hacemos”, ha dicho. “Sí, el destino de Estados Unidos es nuestro para elegir. Así que vamos a ser más fuertes juntos, compatriotas. Vamos a mirar hacia el futuro con coraje y confianza. Vamos a construir un futuro mejor para nuestros hijos queridos y nuestro querido país. Y cuando lo hacemos, Estados Unidos será más grande que nunca”, ha dicho.