Crisis refugiados

Naufragios en el Mediterráneo, la tragedia que no cesa

El último rescate con un centenar de desaparecidos en alta mar muestra que a pesar del paso del tiempo, nada evita estos hundimientos, aunque son muchas menos las llegadas registradas este año.

En sólo 48 horas se ha rescatado a 5.600 personas en el Mediterráneo, según la Guardia Costera Italiana, que coordina a todas las embarcaciones de rescate. El mayor naufragio lo ha sufrido una embarcación con más de 560 personas a bordo este miércoles. 562 sobrevivieron, mientras que al menos cinco perecieron según la Marina italiana (esos son los cuerpos sin vida recuperados del mar). Sin embargo, de acuerdo con los testimonios de los supervivientes, hay un centenar de desaparecidos, recoge France Presse

La llegada del buen tiempo siempre propicia un aumento de barcos que se hacen a la mar para esta peligrosa travesía hacia Europa. Sin embargo, la llegada de demandantes de asilo y migrantes esta primavera está siendo notablemente menor que en 2015. Si entre abril y mayo del año pasado vinieron a la Unión Europea arriesgando su vida por mar 69.426 personas, en el mismo periodo de este año no han llegado ni una tercera parte: 19.828, a falta de que acabe mayo. Son datos de la Agencia de Naciones Unidas para la Ayuda al Refugiado (Acnur).

El efecto del pacto UE-Turquía

El factor que parece haber influido directamente en esta disminución, es el pacto entre la Unión Europea y Turquía anunciado a mediados de marzo y que entró en vigor el 20 de marzo para evitar nuevas llegadas de demandantes de asilo a través del Egeo. De hecho, hasta marzo, la llegada por mar era más de siete veces mayor que el año pasado: 171.132 frente a 23.245.

Lo que resulta especialmente llamativo es que la bajada frente a 2015 no se ha producido únicamente en el Egeo. Las llegadas a Grecia han descendido a poco más de mil personas en lo que llevamos de mayo frente a las 57.000 personas que arribaron en el país heleno en febrero.

Las llegadas a Italia sí han aumentado, como en años anteriores, con la llegada del buen tiempo, pero con un despunte menor. El punto de inflexión se encuentra en abril, tras el acuerdo UE- Turquía: 9.149 personas llegaron por esa vía en abril mientras que en el mismo periodo del año pasado fueron 16.063. También aquí el polémico pacto puede haber influido a la hora de desanimar a las personas a realizar el peligroso viaje, pues en marzo habían llegado cuatro veces más personas por esta vía de entrada que en el mismo periodo de 2015. 

Sobre el temor que mostraban las ONG a que el acuerdo desplazara la huida al norte de África también de sirios, afganos, iraquíes y otras personas que antes iban por el Egeo, Carlos Ugarte, responsable de relaciones externas de Médicos Sin Fronteras, cree que aún es demasiado pronto para saber si se está produciendo ese cambio en la ruta.

EL ESPAÑOL repasa algunos de los naufragios más grandes que han sufrido estas personas desde que comenzara la crisis de refugiados en 2014. Bueno, “los más grandes, que se sepa”, apostilla Ugarte de MSF, una ONG con tres embarcaciones desplegadas en la peligrosa travesía Mediterráneo Central para operaciones de rescate. “Un barco que se hunde en la soledad de la noche o en la inmensidad del mar sin tener otro cerca que pueda contabilizar el naufragio [no entra en esas estadísticas]”.

Lampedusa, la isla de los naufragios masivos

La isla italiana es la puerta de entrada a la Unión Europea para quienes intentan alcanzar una vida mejor desde el norte de África, principalmente desde Libia. En abril se cumplió un año del brutal naufragio que se llevó por delante la vida de 800 personas. Otro naufragio de una gran embarcación mató al menos a 200 personas y se rescató a otras 400.

El 3 de octubre de 2013 el incendio en otro barco con unas 500 personas a bordo dejó otra desgracia en la que fallecieron más de 360 personas en el que se llegó a calificar como el mayor naufragio de Lampedusa. Las autoridades italianas incluso decretaron un día de luto. Un vídeo de las tareas de rescate que publicó en exclusiva el diario italiano La Repubblica:

En busca de la dignidad

Una lancha del Dignity I se enfrentó el 5 de agosto del año pasado al rescate del peor naufragio en el que probablemente haya participado Médicos Sin Fronteras durante la crisis de refugiados. Una barca de madera había volcado cerca de la costa libia poco antes de que el barco que busca la dignidad llegara al lugar, informó la ONG médica en aquella ocasión.

Llegaban de salvar a 94 personas de otra embarcación y en este segundo naufragio sobrevivieron alrededor de 400 personas. Otras 200 fallecieron. Otros buques acudieron a ayudar en las tareas de rescate. MSF había recibido sendos avisos desde la central de Roma, donde coordinan estas operaciones con todas las embarcaciones.

“Lo que vimos al llegar a la zona era terrible: gente aferrada a los flotadores y luchando por su vida mientras veía cómo otros se ahogaban porque no sabían nadar y carecían de chaleco salvavidas”, contó entonces Juan Matías, coordinador del proyecto de MSF en el Dignity I. “El hecho de que nos llamaran para rescatar al bote hundido y poco después nos enviaran a ayudar a otro muestra la falta de recursos globales disponibles para las operaciones de rescate.”

Cuando hay que elegir entre salvar al hijo o al padre

El 28 de octubre de 2015 se hundió una embarcación con unas 300 personas a escasos metros de la costa de Lesbos (la otra isla -en esta ocasión griega- de los naufragios, tristemente célebre desde el año pasado). Unos socorristas españoles que en esta crisis han fundado la ONG Pro Activa Open Arms salvaron con sus motos de agua a tantas personas como pudieron. Apenas había recursos ni humanos ni materiales y podían salvarlos de uno en uno. Se vieron obligados a elegir a quiénes salvaban y a quiénes dejaban en el mar con la esperanza de que aguantaran el tiempo suficiente hasta que pudieran volver a rescatarlos.

"Estuvimos navegando entre cadáveres de niños y adultos", contó uno de esos socorristas, Gérard Canals a EL ESPAÑOL el día después del naufragio. "Tuve que elegir a quién salvaba y a quién no dependiendo de las posibilidades que tenían de sobrevivir".

Aquel día perdieron la vida unas 41 personas (se encontraron 7 cuerpos y quedaron al menos 34 desaparecidos). En los meses posteriores, llegaron más recursos de salvamento a la zona, tanto oficiales como de ONG y voluntarios.

En lo que va de año, han perecido en el Mediterráneo al menos 1.375 personas, cerca de una tercera parte de las que fallecieron en 2015. Mientras estos naufragios masivos y otros de pequeñas embarcaciones se suceden, la Unión Europea continúa con su operativo de control de fronteras en el mar con Frontex sin dedicar un operativo específico para el rescate.

Frontex y las vías seguras y legales para los migrantes

“Frontex nunca ha tenido un mandato de búsqueda, rescate y salvamento”, señala Ugarte, de Médicos Sin Fronteras. “Esto es responsabilidad de los jefes de Gobierno de los 28 cuando decidieron no seguir apoyando la operación Mare Nostrum que Italia puso en marcha en 2014.

Otra cosa es que los barcos que trabajan para la operación Sofía [como se denomina la actual función de Frontex en el mar] rescaten al que pase cerca de ellos o se encuentren. Entonces están obligados a intervenir por ley”. Ugarte explica que otra cosa muy distinta sería que la UE pusiera en marcha aviones de reconocimiento, Inteligencia, satélites y otros recursos además de los barcos de vigilancia para poder paliar el problema humanitario.

Una investigación publicada recientemente por la organización State Watch aseguró que un informe del propio Frontex había advertido a Bruselas de que “la retirada de recursos navales de la zona, si no se planea adecuadamente y se anuncia con antelación suficiente, puede resultar en un número de víctimas mortales mayor”.

Se estima que en Libia hay entre 600.000 y un millón de personas esperando a cruzar a Europa. No es una espera corta ni placentera. "Pasé ocho meses en Libia. Al llegar, una banda de traficantes nos encerró. Nos dejaban sin comida ni agua durante dos o tres días y nos daban palizas solo para divertirse. Me han quedado muchas cicatrices en el pecho", aseguró Filsim, una somalí de 22 años a Oxfam Intermón, un testimonio recogido en el informe Miedo e incertidumbre en los centros de registro de la Unión Europea. Las ONG siguen reclamando a la Unión Europea que establezca vías seguras y legales para evitar más muertes.