Terrorismo

Los sirios que se unen al Estado Islámico no lo hacen por ideología

Un estudio revela que la mayoría acaban siendo terroristas por los efectos traumáticos y prácticos de la guerra. Cada mes mueren once kamikazes niños o jóvenes en un ataque suicida.

Terrorista del Estado Islámico/ Reuters

Terrorista del Estado Islámico/ Reuters

  1. Terrorismo
  2. Estado Islámico
  3. Guerra en Siria
  4. Siria

Vulnerabilidad. Ese es el motivo resumido por el que muchos de quienes se unen a las filas de los grupos terroristas Estado Islámico o Jabat al Nusra -una rama de Al Qaeda- en Siria. El desmoronamiento moral y social que ha supuesto la guerra en este país lleva a algunos ciudadanos a unirse a quienes les proporcionan sustento y motivos para seguir adelante, según un estudio de la ONG pacifista International Alert publicado este miércoles.

Ello junto con recuperar la dignidad y la creencia en una obligación moral por proteger, vengar y defender son “factores clave que empujan a sirios jóvenes a unirse estos grupos extremistas”, concluye el documento. La organización entrevistó a 311 jóvenes sirios, a sus familias y miembros de la comunidad en Siria, Líbano y Turquía, los dos países adonde más refugiados han huido.

En el complejo escenario bélico de Siria se mueven además del Ejército de Asad y distintas facciones opositoras de todo tipo (kurdos, islamistas, laicos) también estos dos grupos sobre los que todos los bandos están de acuerdo en que son terroristas: Al Nusra y el Estado Islámico (EI). Sobre éste último -el más fuerte de ambos- los expertos en terrorismo estiman que actualmente cuentan entre sus filas con unos 25.000 combatientes extranjeros, de los que entre el 20 y el 25% proceden de Europa Occidental. El estudio se ha centrado en los que vienen de la propia Siria, país donde junto con Irak, más extendido está el EI.

Los chicos sirios entre 12 y 24 años son los más vulnerables, según el nuevo estudio, junto a niños y jóvenes adultos sin educación, personas desplazadas internamente dentro de la propia Siria (hay 6,6 millones en esa situación, según Acnur) y también refugiados sin un soporte familiar o estructural.

“La radicalización no es una explicación para unirse a un grupo extremista violento per se”, afirman desde International Alert. “Para muchos jóvenes sirios, creer en ideologías extremistas parece ser, como mucho, un factor secundario en la decisión inicial de unirse a un grupo extremista”. En esta apreciación de partida, el estudio coincide con las investigaciones sobre las motivaciones yihadistas en Europa: coincidir con la ideología violenta del yihadismo no está entre las principales razones de quienes se unen a los terroristas.

La vulnerabilidad a la que están expuestos los jóvenes sirios en su país y en los países vecinos se debe, según el nuevo informe, a una combinación de:

- trauma;

- pérdida;

- desplazamiento;

- falta de alternativa para vivir “decentemente”;

- destrucción de estructuras sociales e instituciones, incluida la educación;

- deseo de vengarse contra el régimen de Bashar al Asad.

Además, los encuestados aseguraron que los grupos armados proporcionan “una fuerte sensación” de luchar por un objetivo, de honor y de autoestima. “La gente puede encontrar un nuevo sentido a su vida en el extremismo. El extremismo abre una puerta a una nueva vida donde les necesitan”, argumentó un joven sirio en Líbano.

Una cuarta parte de las escuelas en Siria (5.000) ya no están en funcionamiento, según datos de Unicef de mediados de febrero. El colapso del sistema educativo con unos dos millones de menores sin colegio a fecha de septiembre de 2015 también ha contribuido “enormemente” a su vulnerabilidad y los terroristas están “llenando este hueco ofreciendo sus propios formatos educativos”. “Sus escuelas están altamente segregadas, explotan divisiones sectarias y apoyan narrativas divisivas”, añade esta ONG.

Grupos armados están reclutando niños y gente joven a una escala alarmante en Siria y en los países vecinos

El estudio ha identificado cuatro factores esenciales para contrarrestar los argumentos que aprovechan los reclutadores yihadistas:

1. Facilitar una educación de calidad que incorpore al currículum escolar el tratamiento del trauma y apoyo psicológico. “En Siria, los niños que no tienen un apoyo psicológico son tan vulnerables al reclutamiento, que podrían reclutarlos directamente el Daesh [acrónimo árabe para Estado Islámico] o Al Nusra. Les damos herramientas para expresarse ellos mismos dentro de su comunidad, en lugar de usar armas para expresar rabia por sus pérdidas”, ha afirmado desde Líbano un educador del proyecto de “educación para la paz” que impulsa esta ONG.

2. Ofrecer fuentes alternativas para ganarse el sustento. “Si no fuera por este trabajo, estaría en el frente con un kalashnikov”, ha reconocido un facilitador sirio del propio programa de educación para la paz.

3. Mejorar el acceso a grupos sociales e instituciones positivos, como integrarlos en proyectos de ayuda humanitaria. El estudio señala que también entre los refugiados es importante realizar esta labor para evitar que los puedan reclutar.

4. Mejorar el acceso a ejercer un activismo no violento.“Grupos armados están reclutando niños y gente joven a una escala alarmante en Siria y en los países vecinos”, ha advertido Rebecca Crozier, directora del programa de Oriente Medio en International Alert.

Lo dice en referencia a un informe del Centro para Combatir el Terrorismo de West Point, la conocida academia militar de EEUU. Dicho documento advierte de que en enero de 2016 se habían triplicado las operaciones suicidas con niños o jóvenes (menores de 22 años según el informe) frente a enero del año anterior. Cada mes mueren once jóvenes implicados en ataques kamikazes del Estado Islámico en Siria e Irak, frente a seis un año antes.

Cumplidos los cinco años del conflicto en Siria, se estima que han muerto entre 300.000 y 470.000, según las distintas fuentes. La ONU dejó de dar cifras a finales de 2014, cuando constató que ya no tenía forma de contrastar las informaciones que llegaban. Por aquel entonces habían llegado a contar más de 250.000 víctimas mortales.