Crisis refugiados

Gobiernos versus derechos humanos: ¿es Turquía un país seguro?

La devolución de migrantes de la Unión Europea a Ankara ha comenzado sin las garantías necesarias.

Un migrante deportado a Turquía, bajo una señal de "la seguridad, primero".

Un migrante deportado a Turquía, bajo una señal de "la seguridad, primero". Reuters

Angela Merkel y el primer ministro turco, Ahmet Davatoglu, insistían este lunes en que la expulsión de los migrantes y refugiados a Turquía es legal. Bajo la fórmula del "1x1", la Unión Europea deberá acoger a un refugiado regularizado por cada uno que devuelva sin dicho estatus. El acuerdo de los 28 con Ankara ha generado numerosas críticas desde las organizaciones en defensa de los derechos humanos. Pero la Unión Europea se escuda en que Turquía es un país seguro, algo que pone en duda la propia Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur) y que organizaciones como Human Rights Watch o Amnistía Internacional niegan abiertamente.

Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, considera que Turquía no es un país preparado para recibir a los solicitantes de asilo o potenciales demandantes de asilo. Asegura que tanto en Grecia, país desde el que la Unión Europea devuelve a quienes han arribado en las islas helenas desde el 20 de marzo, como en Turquía existen “persistentes y serias lagunas”.

En Grecia “numerosos aspectos de los sistemas de acogida y atención a las personas que puedan necesitar protección internacional, o no se han establecido o no funcionan”, ha denunciado la Agencia, que se ha visto obligada a suspender sus servicios en instalaciones cerradas, exceptuando la supervisión de la protección e información para los demandantes de asilo.

En Turquía, aunque Acnur reconoce los esfuerzos de este país en la acogida de cerca de 3 millones de refugiados, su acceso al empleo se reguló sólo recientemente y el acceso a la atención sanitaria y la educación no está disponible para todos. Un migrante sirio que trabaja en Gaziantep (cerca de la frontera con Turquía) relataba recientemente a EL ESPAÑOL que estaba dispuesto a lanzarse al mar antes que ser refugiado en el país que actualmente le acoge como trabajador.

Acnur reconoce -al igual que han hecho otras organizaciones humanitarias y la propia Merkel- que Turquía ha acogido a más de refugiados que ningún otro país, cerca de tres millones en total. Bueno, no exactamente “refugiados”, porque -tal y como señala la agencia- Ankara es firmante de la Convención del Refugiado de 1951, pero no del protocolo que la actualizó en 1967.

El caso es que Turquía ha concedido a los 2,5 millones de sirios que acoge una protección temporal, pero no el asilo. Y es que, destaca Human Rights Watch, “es el único país en el mundo que aplica una limitación geográfica [a la Convención del Refugiado], de forma que sólo los europeos pueden pedir el estatus de refugiado allí”.

¿Qué define a un país seguro?

La Unión Europea establece las características de un país seguro que no sea Estado miembro en el artículo 38 de la Directiva sobre procedimiento de asilo que entró en vigor en julio de 2013. Incluye asuntos como el respeto a su religión, ideología, nacionalidad o raza así como la seguridad física de que no será sometido a torturas o pueda sufrir “graves daños”.

Pero existen tres condiciones marcadas por la Directiva europea y cuyo cumplimiento no está claro. Los puntos de la discordia se encuentran en las siguientes garantías que debe ofrecer el país de acogida:

- sin riesgo de ser devuelto a su país;

- posibilidad de solicitar el estatus de refugiado y recibir protección como tal;

- evaluación individual de que el país al que se devuelve al solicitante de asilo es un país seguro para ese caso particular.

Dudosas garantías para solicitar el asilo

Amnistía Internacional denunció la pasada semana la devolución “masiva” de refugiados sirios a su país de origen desde enero, incluidos menores. “La inhumanidad y la magnitud de las devoluciones son francamente espantosas; Turquía debe detenerlas de inmediato”, pidió John Dalhuisen, director para Europa y Asia Central de la organización. “Existe un riesgo muy real de que algunas de las personas que la UE devuelva a Turquía corran la misma suerte”.

El Gobierno turco niega que esta denuncia sea cierta y reivindica que su “política de puertas abiertas a los sirios” no ha variado en más de cinco años. Reivindica que 270.000 sirios se encuentran acogidos en 26 centros temporales de protección y les proporcionan comida, servicios médicos y educativos además de apoyo psicológico, entre otros asuntos.

Ankara asegura que no ha devuelto a ninguna persona a un lugar donde corra peligro. “Turquía es el mayor país de acogida de refugiados del mundo, una clara indicación de que obedece el principio de no-refoulement escrupulosamente”.

Amnistía misma ha destacado en el pasado que Turquía es el país que más sirios acoge, pero las denuncias al trato que reciben se han repetido en las últimas semanas. Esta organización también asegura que han sido devueltos varios afganos tras denegarles el procedimiento de concesión de asilo “pese al temor a ataques talibanes”, subrayó la organización. Turquía reconoció a Amnistía la devolución de 27 personas de esa nacionalidad y aseguró que habían accedido voluntariamente a ello y que ninguno había solicitado asilo.

Una de esas personas, sin embargo, contó una historia bien distinta a la ONG, durante una llamada telefónica “llena de pánico”. El hombre aseguraba que estaba en un avión en Estambul y que lo devolvían a casa. Afirmaba que había sido obligado físicamente a poner la huella de su pulgar en un documento en el que “accedía” a su deportación.

Amnistía Internacional pudo hablar de nuevo con el denunciante en una parada en Ankara y recibió mensajes a través del móvil desde Kabul cuando llegó. “Los intentos posteriores de comunicarse con él han sido infructuosos y su teléfono está aparentemente apagado”, ha comunicado la organización. Amnistía Internacional destaca que no se trata de un hecho aislado, sino más bien de “hechos narrados idénticos a las devoluciones y otros abusos” recogidos en un informe del pasado diciembre.

Otros testimonios recogidos por la ONG indican que algunas personas que intentaban registrarse como refugiados en el sur de Turquía han sido detenidas y devueltas a Siria junto con personas refugiadas que iban indocumentadas.

Desde las necesidades básicas al cierre de fronteras

“En los últimos meses, Turquía ha introducido requisitos de visado para las personas sirias que llegan por vía aérea, ha cerrado su frontera terrestre con Siria para todas las personas menos las que necesitan atención médica de urgencia, y ha disparado contra algunas de las que intentan entrar en el país irregularmente”, ha denunciado John Dalhuisen. “Las devoluciones a Turquía no pueden hacerse partiendo de la base de que Turquía es un país seguro para las personas refugiadas”.

Acnur considera que Turquía ha hecho “enormes contribuciones durante años” a la recepción de solicitantes de asilo y destaca la reciente aprobación de una regulación de empleo para refugiados sirios. “Teniendo en cuenta la enorme magnitud de la tarea, Turquía aún tiene dificultades para cubrir todas las necesidades básicas de la creciente población siria”, denuncia. Por ello pide que las personas con derecho a asilo tengan acceso efectivo al trabajo, sanidad y educación.

La Agencia ha pedido tener acceso a las personas que sean retornadas desde Grecia “para asegurar que estas personas se puedan beneficiar de protección internacional efectiva y para evitar posibles riesgos de refoulement (devolución de una persona a un lugar donde su libertad, su vida o su integridad física pudieran correr peligro)”. Además, ha pedido la pronta adopción de una regulación sobre protección temporal en ese país, “necesaria para conceder o restablecer el estatuto de protección temporal a los nacionales sirios readmitidos desde Grecia”.

Desde Acnur recuerdan la necesidad de realizar una evaluación individual de cada caso y hacerlo en profundidad. Además, los demandantes de asilo deben tener derecho a apelar ante una denegación de su petición.

“Turquía no puede ser considerada un país seguro para refugiados”, advirtió Human Rights Watch (HRW) en un comunicado tras el anuncio del acuerdo UE-Turquía. “No provee protección efectiva para refugiados y ha empujado repetidamente a demandantes de asilo de vuelta a Siria”.

Bill Frelick, director de los derechos de refugiados en HRW, lamentó entonces que mientras los líderes de la UE y Turquía se reunían en Bruselas, las fronteras del país presidido por Recep Tayyip Erdogan permanecían “cerradas a decenas de miles de sirios” que huían de los bombardeos sobre Alepo de aquellos días.

La devolución efectiva de migrantes o solicitantes de asilo de la Unión Europea al otro lado del Egeo que antes cruzaron arriesgando su vida ha comenzado este lunes 4 de abril. En los primeros barcos se veía únicamente a hombres, con rostro serio. Los agentes de Frontex -la agencia europea de fronteras- les acompañaban a los barcos que les llevarían marcha atrás en su ruta hacia la nueva vida que buscaban. Las primeras informaciones hablan de que eran pakistaníes y bangladesíes que -según la UE- no habían demandado asilo. Poco importa su procedencia. Cada caso es un mundo y la legislación internacional establece que cada uno se estudie de forma individualizada. Aún si no tenían intención de pedir asilo, el acuerdo incluye devolver a aquellos que sí lo hagan.