Crisis migratoria

Desmantelando 'La Jungla' de Calais: mañana te quedas sin casa

Las fuerzas de seguridad francesas aceleran la demolición del campo de refugiados pese a las protestas de migrantes y activistas

Un grupo de refugiados protesta encima de sus cabañas por el desalojo

Un grupo de refugiados protesta encima de sus cabañas por el desalojo

Hassan tiene 21 años, vive desde hace seis meses en el campo de refugiados de Calais, conocido como 'La Jungla', junto al túnel del Canal de La Mancha, y no sabe qué será de su vida a partir de este 2 de marzo. “Me gustaría estudiar informática o ingeniería”, me cuenta a media tarde mientras juega al Candy Crush en su móvil frente a un fuego para calentarse. Explica que huyó de la persecución política en Sudán, viajó a Europa a través de Libia y entró por Italia. La minúscula cabaña en la que vive, de tablas de madera cubiertas de plástico para aislarla del frío y la lluvia que cae en Calais, se encuentra ahora en primera línea. La policía francesa podría derribarla este mismo miércoles.

Por segundo día consecutivo, una veintena de obreros con chalecos naranjas, protegidos por la policía, han trabajado en la demolición de los refugios improvisados que se encuentran en la parte sur del campamento de Calais, la más precaria. A diferencia de lo ocurrido el lunes, cuando se produjeron enfrentamientos entre los habitantes de 'La Jungla' y las fuerzas de seguridad, que acabaron lanzando gases lacrimógenos, este martes apenas ha habido incidentes. Algunos inmigrantes se han subido a sus cabañas como signo de protesta para retrasar los desalojos, pero la destrucción ha seguido adelante. "Espacio de vida", han escrito en los plásticos que protegen las chabolas.

A primera hora de la tarde del martes, la entrada a 'La Jungla' es ya un gran espacio despejado rodeado por una especie de muralla de tierra y escombros. La operación de desalojo se ha suspendido hasta el día siguiente. Por el suelo embarrado se ven todavía las huellas de las apisonadoras y muchos objetos personales esparcidos: zapatillas, calcetines, chanclas, envases de alimentos o una bolsa de agua caliente. Durante el día se han incendiado varias chabolas. El fuerte viento que sopla hace saltar chispas de los fuegos que usan los inmigrantes para calentarse. Cuando estoy a punto de irme estalla un nuevo incendio y los antidisturbios vuelven a desplegarse.

Un refugiado contempla cómo arde una de las cabañas

Un refugiado contempla cómo arde una de las cabañas

El campo está organizado por nacionalidades. La mayoría de las cabañas destruidas en los dos primeros días eran de familias iraníes. En primera línea están ahora los refugios de los sudaneses, en su mayoría hombres. Muchos caerán este miércoles. El primer sudanés con el que hablo, de unos 30 años, ni siquiera quiere darme su nombre. “Aquí no soy nadie”, se justifica. Asegura que en su país era abogado, pero se vio obligado a huir debido a la persecución política del Gobierno sudanés.

Su sueño, como el de la mayoría de los refugiados que viven en 'La Jungla', es llegar a Reino Unido y rehacer allí su vida. No quiere pedir asilo en Francia porque teme que esto sea el primer paso para su expulsión. “No he venido buscando dinero sino libertad y un trato justo y ahora me doy cuenta de que aquí tampoco hay justicia”, me explica. Y se queja de que la operación de desalojo comenzó “por sorpresa, sin previo aviso”.

¿Una operación humanitaria?

El Gobierno francés ha justificado la demolición como una operación humanitaria, porque 'La Jungla' no cumple las mínimas garantías de seguridad o sanitarias. A los inmigrantes se les ofrece la posibilidad de trasladarse a la parte más nueva del campo, en la que se han habilitado contenedores de puerto como refugio. O bien viajar a centros de acogida en otras ciudades francesas, alejadas del Canal de la Mancha. Pero las organizaciones humanitarias que trabajan con los refugiados aseguran que no hay plazas suficientes. Y acusan a las autoridades galas de haber incumplido su compromiso de no recurrir a la fuerza.

Ni siquiera hay acuerdo sobre las cifras. Según el Gobierno francés, en el campo de Calais viven alrededor de 3.700 personas, que vienen de Oriente Medio, Afganistán y África. La parte sur, la que está siendo desalojada, alberga a un millar. La organización Help Refugees eleva la cifra a 5.500 y sitúa la cifra de afectados en 3.455, entre ellos alrededor de 300 menores no acompañados. Las autoridades galas no disponen de plazas suficientes para acogerlos y los condenan a vivir a la intemperie en pleno invierno, alega. La seguridad en el túnel del Canal de la Mancha ha aumentado en los últimos meses y ahora es casi imposible llegar a Reino Unido.

¿Reino Unido o Francia?

Mohamed, sudanés de 24 años, tampoco sabe qué hará a partir de ahora. Asume con resignación que su chabola será derribada y, al igual que el resto de sudaneses, deja claro que no piensa responder con violencia. A diferencia de la mayoría de sus compatriotas, él no quiere irse a Reino Unido. Pidió asilo en Francia y ha sido reconocido como refugiado hace cuatro meses. Pero sigue en 'La Jungla' porque no tiene adónde ir y las autoridades galas no le han ofrecido ninguna alternativa.

Sobre las seis y media de la tarde se reúne con otros compatriotas en una de las cabañas que todavía quedan en pie. Encienden en un barril metálico un fuego para calentarse y toman un café con jengibre, al que me invitan. Hassan todavía duda. Le gustaría quedarse en Francia pero cree que tendrá más posibilidades en Reino Unido.

Con ellos está Sylvie, una habitante de Calais de unos 60 años. Por la mañana trabaja como administrativa y dedica todas las tardes a tratar de ayudar a los refugiados de 'La Jungla'. Actúa por su cuenta, sin depender de ninguna ONG. Todos los sudaneses la conocen por su nombre. Les trae comida, les asiste en el papeleo, incluso les lleva a su casa a ducharse o a que puedan conectarse a Internet. “Es una cuestión de humanidad. Tienen la edad de mis hijos, otros son más jóvenes. Lo que pasa no es normal. Una gran mayoría huyen de la guerra y han acabado en una especie de barrio de chabolas que ahora se les suprime”, lamenta.

“No puede derribarse esto sin haber encontrado antes una solución alternativa. Hay muchas personas que se quedarán a la intemperie. ¿Qué soluciones se les proponen? No se les propone ninguna solución”, lamenta Sylvie.

A primera hora de este miércoles llega la policía para continuar con las demoliciones. Como estaba previsto, las primeras cabañas en caer son las de Hassan y Mohamed junto al resto de la colonia sudanesa de 'La Jungla'. Ellos se han ido antes de que empezaran los derribos.