Crisis refugiados

AfD, el creciente brazo político del racismo alemán

El derechista Alternativa para Alemania, que se nutre del resentimiento hacia la llegada masiva de solicitantes de asilo, va camino de convertirse en la tercera política del país.

Simpatizantes del islamófobo Pegida asisten a una protesta organizada por AfD.

Simpatizantes del islamófobo Pegida asisten a una protesta organizada por AfD. Getty

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A través de las polémicas declaraciones de sus líderes, o por su manifiesta simpatía con el movimiento islamófobo Pegida, el pujante partido Alternativa para Alemania (AfD) está afianzándose en la escena política germana como la formación de referencia de la extrema derecha. Los hay, como Hajo Funke, politólogo de la Universidad Libre de Berlín, que no dudan en acusar a este partido de movilizar el “resentimiento racista” en Alemania, un sentir que comparten en suelo germano quienes ven con peores ojos la crisis generada por la afluencia masiva de solicitantes de asilo a Europa.

“Por razones de seguridad tiene que quedarse aquí”. Con esas palabras dan la bienvenida a quien se persone estos días en la sede de Alternativa para Alemania (AfD) con la intención de hablar con uno de sus responsables. Los escasos veinte metros cuadrados del pasillo de la sexta planta del edificio de oficinas en el que se sitúa la sede federal del este partido político sirven de improvisada sala de espera. No hay donde sentarse, sólo dos ascensores y tres puertas. Una es la de la sede de AfD y las otras pertenecen a un par de empresas también instaladas en el sexto piso de este moderno inmueble de ocho alturas situado cerca del famoso y céntrico parque berlinés de Tiergarten. Hace unos días hubo que limpiar aquí unas pintadas en las que se podían leer mensajes como “nazis fuera”, “refugiados bienvenidos” o “ninguna persona es ilegal”.

“Llevamos poco aquí, desde las pasadas elecciones generales de 2013”, explica Andreas Zöllner, encargado de dar la bienvenida a la sede de AfD a EL ESPAÑOL y uno de los responsables federales para la prensa y comunicación del partido. Prueba de que la sede de la formación todavía es una novedad en este edificio es que otros empleados que trabajan en el inmueble pregunten entre risas al ver a un reportero que no es alemán: “¿No irá usted a la sede de AfD, el partido anti-extranjeros?”. Las cuestiones de extranjería no son, sin embargo, ninguna broma para Zöllner y compañía. Cuando se le pregunta a esta cara joven de AfD qué asuntos políticos son los más relevantes para su partido, se citan primero la inmigración y la crisis de los refugiados. “Nuestra primera prioridad es controlar el tema que domina todo el debate y que es la crisis de los refugiados”, dice Zöllner.

Andreas Zöllner, miembro de AfD, en la sede del partido en Berlín.

Andreas Zöllner, miembro de AfD, en la sede del partido en Berlín.

En la sede berlinesa de AfD hay un perceptible ambiente optimista estos días. Porque, a base de defender posiciones soberanistas y xenófobas al estilo del Frente Nacional (FN) francés, esta formación fundada en 2013 se ha convertido en la tercera fuerza política según las encuestas de intención de voto. “Nuestra posición en las sondeos es particularmente buena y nos alegramos por ello, pero no nos alegramos de que sea por culpa de una mala situación”, explica Zöllner en su despacho. La “mala situación” a la que se refiere no es otra que la crisis de los refugiados que ha llevado a Alemania a recibir, sólo el año pasado, a 1,1 millones de solicitantes de asilo. “Frente a esta crisis, desde principios del año pasado propusimos restablecer los controles fronterizos; somos el único partido que lo ha propuesto, mucha gente está de acuerdo, y de ahí viene el apoyo que nos hace fuertes”, agrega.

En Francia, el Frente Nacional de Marine Le Pen ha hecho de esos controles y del restablecimiento de las fronteras uno de sus principales caballos de batalla. No obstante, Zöllner rechaza las comparaciones entre la formación frontista y AfD con argumentos económicos. “La comparación no se ajusta a la realidad, aunque sea posible por la crítica al euro, el FN, en temas sociales o económicos, es más socialista que nosotros, nosotros somos un partido liberal y eso no lo veo en el FN, ellos son estatistas y quieren que el Estado juegue un papel en la economía, nosotros no”, explica Zöllner.

Desde la Universidad Libre de Berlín, el profesor Funke, un experto de referencia en temas relacionados con la extrema derecha en Alemania, también rechaza la comparación entre AfD y FN. Pero no lo hace en base a cuestiones socioeconómicas. Él se apoya en lo que dicen las encuestas. “AfD se mueve en unos porcentajes del 10 al 12% en términos de intención de voto y el FN está por encima del 20%”, subraya. Para las elecciones locales en Hesse del próximo 6 de marzo, a AfD se atribuye cerca del 12% de los votos. Una semana después de esa cita con las urnas habrá elecciones en los Länder de Baden-Wurttenberg (suroeste), Renania Palatinado (oeste) y Sajonia-Anhalt (este). Allí, las encuestas otorgan a AfD, respectivamente, un 10%, 8,5% y un 17% de los votos. “Vamos camino de confirmarnos como el tercer partido de Alemania y eso está muy bien”, dicen Zöllner sin ocultar su satisfacción.

En su cita con este periódico, Zöllner trata de explicar que sólo los rivales políticos de AfD sitúan al partido en la extrema derecha del panorama político alemán. Pero esa calificación no sólo es cosa adversarios del mundo de la política. Funke, por ejemplo, asegura desde su posición de investigador universitario que AfD está ideológicamente mucho más a la derecha que formaciones conservadoras tradicionales, como son la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de la canciller Angela Merkel o la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU). “Los líderes de AfD describen a los refugiados como invasores y eso es propaganda de extrema derecha”, dice Funke. “Están decididos movilizar el racismo y a utilizar fórmulas racistas”, agrega.

En esta lógica, a finales de enero se escuchó a la líder federal y portavoz del partido Frauke Petry hablar de “hacer uso de las armas” frente a los migrantes que llegan ilegalmente a suelo alemán, algo que desató una fuerte polémica y el rechazo general de la clase política. Antes de que Petry se viera envuelta en la polémica, Björn Höcke, líder regional de AfD en Turingia, en el este del país, fue acusado de racismo tras exponer sus teorías reproductivas sobre África y Europa. A los países africanos, Höcke los identificaba como demografías expansivas incompatibles con las de los países europeos. “Los países de Africa necesitan las fronteras alemanas, necesitan las fronteras de Europa para que encuentren una política de población sostenible”, sostuvo el líder de AfD en Turingia.

Pegida y AfD: distintos, pero aliados

Este tipo de discurso contribuye en buena medida a que se meta en el mismo saco a AfD y al movimiento islamófobo de los Patriotas Europeos contra la Islamización de Europa (Pegida, por sus siglas alemanas). Sin embargo, Zöllner recuerda que si bien “en el debate público, AfD y Pegida se mezclan, estructuralmente no tenemos nada que ver con Pegida, que es un movimiento de ciudadanos”. “Es seguro que algunos miembros de AfD van a las manifestaciones de Pegida, pero institucionalmente no tenemos nada que ver, no tenemos ninguna cooperación con Pegida”, agrega. Ahora bien, Zöllner no duda en señalar que su partido se toma en serio “la preocupación de algunos alemanes sobre el islam, sobre el contenido del islam, porque son preocupaciones legítimas”.

Hacer frente a la 'amenazante islamización' de Europa que ven en Pegida no es algo que figure en el programa del partido de Zöllner. Tampoco lo es establecer sinergias con el movimiento xenófobo que se manifiesta todos los lunes en la ciudad de Dresde. Teóricamente, hasta se les podría considerar competidores, pues en Pegida “han hablado de querer formar un partido político”, dice Zöllner, aludiendo a una eventualidad que sorprendería a propios y extraños, habida cuenta de lo concentrado que está en la capital sajona el movimiento islamófobo. Sin embargo, Funke, el politólogo de la Universidad Libre de Berlín, estima que también “Pegida está movilizando el sentimiento racista de Alemania, algo que es especialmente fuerte en el este del país y que está siendo apoyado por AfD”.

Según Funke, de ese sentimiento racista dan buena cuenta los recurrentes actos violentos que se registran a diario contra centros de acogida a refugiados. En 2015 la Oficina alemana de Investigaciones Criminales contabilizó algo más de 900 ataques de este tipo. “Tenemos que hacer todo lo posible para que los ataques xenófobos cesen lo más rápido posible y sean castigados de manera coherente”, ha dicho el ministro de Justicia alemán, Heiko Maas. Los esfuerzos en la materia de las autoridades germanas no impidieron que en la madrugada del pasado 29 de enero un agresor lanzara una granada a un centro donde dormían una veintena de refugiados en la ciudad de Villingen-Schwenningen, en el suroeste alemán. Por fortuna, el artefacto no hizo explosión.

Sin mirar más atrás, en la noche del domingo al lunes de esta semana, en la ciudad sajona de Bautzen, se produjo un incendio en un edificio del centro urbano que iba a servir de hogar a unos 300 refugiados. Según la policía, un grupo de jóvenes celebró el siniestro, pidiendo a los bomberos que dejaran que se quemase el inmueble y que no se esforzaran. Trataron incluso de impedir las tareas para apagar el incendio y hubo dos detenidos. Por lo pronto se desconoce qué o quién originó las llamas, pero hay abierta una investigación. “No es nada nuevo”, lamenta Funke. La novedad en todo esto reside en que AfD, animado por el clima generado por la crisis de los refugiados, pueda hacerse un poco más fuerte en las próximas elecciones regionales. “Ahora estamos en un buen momento”, concluye Zöllner.