Relaciones Cuba-EEUU

Así se ha allanado el viaje de Barack Obama a Cuba

La futura visita del presidente de EEUU a la isla en marzo es fruto de un proceso de acercamiento entre dos naciones que, pese a estar cerca en el mapa, han permanecido alejadas geopolíticamente.

Barack Obama y Raúl Castro estrechan manos en la sede de la ONU.

Barack Obama y Raúl Castro estrechan manos en la sede de la ONU. Reuters

Han pasado casi 90 años desde la primera y última vez que un presidente estadounidense pisó suelo cubano. Fue en enero de 1928, cuando el entonces comandante en jefe Calvin Coolidge asistió a la Conferencia Internacional de Estados Americanos. Ahora, el actual líder, Barack Obama, será el segundo en el cargo en visitar la isla, que durante décadas estuvo en la lista negra de Estados Unidos.

“El mes que viene, viajaré a Cuba para impulsar nuestro progreso y esfuerzo que pueden mejorar la vida de los cubanos”, ha asegurado en su cuenta oficial de Twitter. El expresidente Jimmy Carter había viajado allí en 2011, pero ya no ocupaba el puesto.

La visita oficial, que tendrá lugar del 22 al 23 de marzo, resulta de un proceso de acercamiento sin precedentes en los últimos dos años después de que los dos estados rompieran el contacto en plena Guerra Fría. Obama quiere que el deshielo se recuerde como uno de los principales legados de su Administración, ya que la distancia entre EEUU y Cuba, aunque físicamente minúscula, había sido hasta ahora insalvable desde el punto de vista diplomático.

El acercamiento comenzó (públicamente) el 17 diciembre de 2014. La Habana liberó entonces al preso estadounidense Alan Gross y Washington hizo lo suyo con espías cubanos. Después, ese mismo día, Obama y su homólogo en la isla caribeña, Raúl Castro, se dirigieron a sus respectivos pueblos para anunciar un punto de inflexión en las relaciones entre sus Estados, fruto de negociaciones secretas en las que medió el propio papa Francisco.

“Acabaremos con un enfoque desfasado que, durante décadas, ha fallado a la hora de promover nuestros intereses y, en su lugar, empezaremos a normalizar las relaciones entre nuestros países”, afirmó el dirigente estadounidense desde la Casa Blanca. “Tenemos la intención de crear más oportunidades para los pueblos estadounidense y cubano e iniciar un nuevo capítulo entre las naciones de las Américas”.

Por su parte, Castro, que sustituyó a su hermano Fidel en 2008, alabó el enfriamiento de las tensiones entre los dos Estados en un discurso televisado, pero subrayó que éstas no se derretirán por completo hasta que Washington levante el embargo comercial que impuso sobre la isla hace más de cincuenta años. “Esta decisión del presidente Obama merece el respeto y reconocimiento de nuestro pueblo”, dijo el líder cubano. “Esto no quiere decir que lo principal se haya resuelto. El bloqueo económico, comercial y financiero que provoca enormes daños humanos y económicos a nuestro país debe cesar”.

La Administración Obama y las autoridades cubanas han logrado mucho en su propósito de tejer vínculos entre sus países. EEUU retiró a Cuba de su lista de naciones que apoyan el terrorismo. El pasado verano, cada país abrió su embajada en la capital del otro. El comercio y el tránsito de personas se han flexibilizado. Se ha autorizado a empresas estadounidenses a hacer negocios en la isla. Esta semana se ha firmado un acuerdo para establecer vuelos directos entre los dos territorios. Pero un importante escollo permanece en la vía de la reconciliación: el bloqueo comercial, que sólo puede desaparecer con la intervención del Congreso de EEUU.

Los republicanos se han mostrado recelosos y críticos con el proceso de acercamiento de su país a la isla. Incluso los candidatos a la nominación del Partido Republicano Ted Cruz y Marco Rubio, ambos de origen cubano, han atacado la futura visita del presidente a la tierra de su ascendencia. En una entrevista a CNN, Rubio aseveró que, como presidente, no visitaría Cuba “si no es una Cuba libre”, para luego añadir que el Gobierno cubano “no es sólo una dictadura comunista, sino una dictadura comunista antiestadounidense”.

La mayoría de los estadounidenses, con todo, apoyan retomar las relaciones con Cuba y acabar con el bloqueo comercial, según un sondeo publicado este verano por el Pew Research Center. El 73% de los participantes estadounidenses en la encuesta estaba a favor del reestablecimiento de las relaciones diplomáticas, mientras un 72% apoyaba poner fin al embargo.

Ben Rhodes, viceasesor de la Casa Blanca en materia de Seguridad Nacional y participante en las negociaciones, afirma en un artículo publicado este jueves que el progreso logrado por las autoridades de las dos naciones es insuficiente y que por eso el presidente visitará la isla. “Todavía hay mucho que se puede hacer, por parte de Estados Unidos y el Gobierno cubano para impulsar esta apertura de manera que sea beneficiosa para los cubanos y para los Estados Unidos. Es por eso que el Presidente Obama viajará a Cuba”, escribe. “Queremos abrir más oportunidades para que negocios y viajeros estadounidenses se relacionen con Cuba y queremos que el Gobierno cubano genere más oportunidades para que su gente se beneficie de esto”.

Obama, previsiblemente, no se reunirá con el anterior presidente cubano, Fidel Castro, en su visita a la isla. “Yo no esperaría que se reuniese con Fidel; Raúl Castro es el presidente de Cuba”, dijo Rhodes en declaraciones recogidas por AFP. Fidel Castro ya había predicho años atrás el acercamiento que viven hoy día su país y EEUU. “Cuba volverá a tener relaciones con Estados Unidos cuando el presidente de Estados Unidos sea un negro y en Roma haya un papa latinoamericano”, aseveró.

APRETONES DE MANOS

Si bien el deshielo es obra de un esfuerzo diplomático entre países, Castro y Obama son las caras del proceso (junto con el papa Francisco). El encuentro el pasado abril en la VII Cumbre de las Américas en Panamá de los dirigentes cubano y estadounidense demostró al mundo su deseo de empujar el acercamiento hacia adelante. Era la primera vez que se veían desde que ambos pronunciaron sendos discursos anunciando una nueva era en el continente.

Los presidentes se apretaron la mano en la inauguración del evento ante la atenta mirada del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Ya habían realizado el gesto en el entierro del líder sudafricano Nelson Mandela dos años antes, pero esta vez el contexto era muy distinto. El New York Times informa que aunque el apretón de manos en Panamá era un hito tremendamente esperado, no formaba parte de la agenda oficial del presidente de EEUU.

El siguiente llegó el pasado otoño en la Asamblea de la ONU. Entonces las relaciones diplomáticas ya se habían restaurado formalmente con la apertura de las embajadas. Esta vez, los dirigentes posaron ante la prensa. Luego se reunieron en privado.

Castro y Obama hablaron, asimismo, del proceso ante las Naciones Unidas. Los dos coincidieron en que el embargo comercial debía concluir. “Estoy seguro de que el Congreso levantará inevitablemente un embargo que ya no debería estar ahí”, dijo Obama, quien aseguró que continuaría defendiendo los derechos humanos y que todavía tenía diferencias con las autoridades cubanas. Castro, que admitió que el restablecimiento de los vínculos diplomáticos era un “importante avance”, criticó además del bloqueo el hecho de que EEUU mantiene una base en su isla en Guantánamo.

INTERVENCIÓN PAPAL

El papa Francisco ha sido uno de los principales defensores internacionales de la reconciliación cubano-estadounidense. No sólo medió en las negociaciones previas al anuncio de diciembre de 2014, sino que ha aprovechado sus visitas papales para promover el proceso.

Este otoño, viajó a Cuba para luego dar el salto a EEUU. Allí se reunió con Fidel Castro y promovió con vehemencia el deshielo. “Es un proceso, un signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo”, afirmó el pontífice. “El mundo necesita reconciliación”.

Los líderes de EEUU y Cuba le han agradecido su ayuda en el restablecimiento de nexos entre los dos territorios.

Ya en el norte, en Washington, el Papa aprovechó su histórico discurso a las cámaras del Congreso para convencer a los legisladores escépticos. “Cuando países que han estado enfrentados retoman la vía del diálogo (…), nuevas oportunidades se abren para todos”, sentenció. “Esto ha requerido y requiere valor y osadía, que no es lo mismo que irresponsabilidad”.