ATAQUES ALEMANIA

La destitución del jefe de policía de Colonia trata de calmar la alarma por las agresiones

El Ejecutivo de Merkel se ha comprometido a actuar con mano dura con los inmigrantes que delincan.

Las agresiones avivan el debate migratorio.

Las agresiones avivan el debate migratorio. Reuters

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Una semana después de los hechos, todavía se desconoce el verdadero impacto de la oleada de violencia sexual que sufrió Alemania la pasada Nochevieja. Alrededor de 200 mujeres han presentado ya denuncias por robo y agresiones y el número de denunciantes va en aumento. Cada día que pasa, el país conoce nuevos detalles sobre este oscuro suceso. Mientras, el debate sobre política migratoria se aviva.

Este viernes, el Ministerio del Interior alemán ha informado de la presencia de al menos 18 demandantes de asilo entre las 31 personas identificadas como sospechosas de participar en los hechos violentos de Nochevieja. Este lunes, la policía aseguró que un millar de hombres de aspecto “árabe o norteafricano” se habían congregado en torno a la estación central de Colonia, el principal foco de los ataques.

La polémica desatada por el escándalo de las agresiones ha llevado al cese del jefe de policía de Colonia, Wolfgang Abers, por parte de las autoridades. Se trata de la primera 'víctima' institucional del escándalo, después de que las fuerzas de seguridad se vieran desbordadas por la ola de violencia. 

Ante la presión creciente, Gobierno alemán se ha comprometido a actuar con mano dura contra los inmigrantes que delincan. Reuters informa de que la conservadora CDU, el partido de la canciller, Angela Merkel, se plantea privar del derecho a asilo a aquellos demandantes que sean condenados, según un borrador obtenido por la agencia de noticias antes de la reunión de los líderes de la formación política de este fin de semana.

La propia Merkel se ha mostrado dispuesta a hablar de deportaciones. Para ella, lo ocurrido en Nochevieja pone de manifiesto que Alemania ha de considerar si hace lo conveniente en esta materia. “Es necesario dejar una señal clara a aquellos que no quieren respetar nuestro orden legal”, ha prevenido.

La canciller ha sido objeto de críticas en los pasados meses por su política de puertas abiertas de cara a la crisis de los refugiados. El año pasado, Alemania recibió algo más de un millón de solicitantes de asilo al convertirse en el destino principal de migrantes y refugiados en Europa. El miércoles, Merkel optó por culpar abiertamente a la Unión Europea del desorden migratorio.

La política de mano dura propuesta por la CDU es algo en lo que parecen estar de acuerdo sus socios en el Gobierno, los socialdemócratas. Sigmar Gabriel, el vicecanciller alemán, ha prometido “tolerancia cero contra la criminalidad y las agresiones sexuales”. Él ha sugerido que los refugiados que sean condenados cumplan la pena en sus países de origen.

En Facebook, ha nacido una iniciativa en Düsseldorf para crear patrullas civiles recorran las calles de la ciudad. 

Un suceso sin precedentes

Si bien Colonia fue el principal epicentro de los ataques -las denuncias en la urbe superan el centenar-, no paran de conocerse víctimas en otras partes del país. En Hamburgo se cuentan varias decenas. También ha ido en aumento el número de denuncias en ciudades como Fráncfort, Düsseldorf o Berlín.

En Colonia, la cuarta ciudad más grande de Alemania, los ataques se produjeron después de que la policía dispersara en la plaza de la estación central a cerca de mil personas tras observar que algunos hacían un uso temerario de fuegos artificiales y los lanzaban contra otros usuarios de la vía pública. Allí, una multitud de jóvenes festejaba la llegada del año nuevo. Tras lo ocurrido, esas celebraciones ya han sido bautizadas en la prensa como “la noche de los horrores de San Silvestre”.

Las autoridades han dado a entender que están ante crímenes de una naturaleza nunca vista. “Éste es un fenómeno que no habíamos podido imaginar antes”, ha reconocido Christine Kronenberg, la responsable en Colonia para la Igualdad de Mujeres y Hombres.

Por su parte, el ministro de Justicia, el socialdemócrata Heiko Maas, ha considerado lo ocurrido como “una evidente dimensión nueva de criminalidad organizada”. El carácter masivo de las agresiones ha llevado a que se busquen etiquetas con las que identificar rápidamente y grosso modo a los criminales. En un país que ha acogido a algo más de un millón de asilados este año en su respuesta a la crisis migratoria, los hay que no han dudado desde el principio en relacionar los hechos de Nochevieja con los inmigrantes llegados en los últimos meses.

También han aflorado tensiones relacionadas con la gestión de zonas urbanas deprimidas. Así, Armin Laschet, vicepresidente de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) y líder de la oposición en el Land de Renania del Norte-Westfalia, donde se encuentra Colonia, ha vinculado lo ocurrido en esa ciudad con la existencia en ese estado de “no-go areas”, expresión que alude a barrios de ciudades como Duisburgo o Gelsenkirchen frente a los cuales “la policía se para” y en los que ya “no tienen el control”. “La estación central y los alrededores de la Catedral de Colonia fueron en Nochevieja una no-go area, un vacío legal para las mujeres”, según Laschet.

En este contexto, el ministro del Interior, Thomas de Mezière, ha manifestado sobre la identidad de los autores de las agresiones que no ha de ser “un tabú” plantear que éstos sean refugiados. De Mezière ha advertido igualmente que es necesario no caer en sospechas contra todos los asilados.

Albers, el jefe saliente de la policía de Colonia, trató en un primer momento, al igual que la alcaldesa de la ciudad, Henriette Reker, de recalcar lo incierto de las identidades de los violentos, hablando sólo de que los policías sobre el terreno vieron una cantidad predominante de hombres de entre 18 y 35 años con aspecto “norteafricano o árabe”. Esa descripción no excluye que esos jóvenes sean ciudadanos alemanes.

Pero el semanario Welt am Sonntag ha recogido declaraciones de agentes de policía según las cuales “sólo una minoría” de los controlados por la policía en la plaza de la estación central eran “norteafricanos”, pues “la mayoría de los controlados eran refugiados llegados recientemente”.

La policía, sin embargo, sólo puede ofrecer por ahora una versión limitada de los hechos, porque se vio ampliamente desbordada. De ello da cuenta el informe policial al que tuvo acceso el semanario Der Spiegel esta semana y que mostraba a unas fuerzas del orden superadas por lo ocurrido. “Habían demasiados al mismo tiempo”, se lee en alusión a los agresores en dicho documento. En él se precisa que, en un determinado momento de la noche, la identificación de los criminales llegó a ser imposible.

Que se terminen de esclarecer los hechos, después de que la policía diera muestras de haber perdido el control en Colonia, no parece cosa fácil. En este sentido, el socialdemócrata Ralf Jäger, responsable de Interior de Renania del Norte-Westfalia, ha reconocido que las autoridades “necesitan tiempo”.