Atentados en París

Cuatro fallos de seguridad de la incubadora de yihadistas de la UE

Bélgica genera un gran número de terroristas y la mayoría de los implicados en París eran conocidos por sus servicios de inteligencia.

El primer ministro belga explica en el parlamento las nuevas medidas contra el EI.

El primer ministro belga explica en el parlamento las nuevas medidas contra el EI. Reuters

“No acepto las críticas que tratan de denigrar a nuestros servicios de seguridad, que hacen un trabajo tenaz y eficaz”, ha dicho este jueves el primer ministro belga, Charles Michel, durante una comparecencia extraordinaria ante el Parlamento para presentar nuevas medidas contra el terrorismo yihadista. El Gobierno trata de defenderse de los ataques que le llegan desde Francia por los fallos, la ineficacia y la fragmentación de su sistema de lucha antiterrorista, que podrían haber facilitado los ataques de París. “Bélgica no está al nivel”, ha denunciado Alain Chouet, un antiguo jefe de los servicios de inteligencia galos.

Michel ha matizando al presidente francés, François Hollande, que sostiene que los atentados fueron “planificados en Siria, organizados en Bélgica y perpetrados en nuestro territorio con complicidades francesas”. En su lugar, el primer ministro belga ha precisado en su discurso que la masacre “se decidió en Siria y fue ejecutada por células franco-belgas”. Gracias a las fuerzas de seguridad belgas, “se han evitado atentados potencialmente trágicos en Saint-Denis” y en los últimos meses ha habido más de 160 condenas por terrorismo, ha alegado.

La policía belga ha realizado este jueves otras nueve detenciones relacionadas con los atentados de París y con uno de sus autores, Hadfi Bilal, uno de los kamikazes del Stade de France, que vivía en el barrio bruselense de Forest. Otros dos de los terroristas -el suicida de la sala Bataclan Ibrahim Abdeslam y su hermano, el huido Salah Abdeslam- residían en el barrio de Molenbeek, donde coincidieron con el supuesto cerebro de los atentados, el belga Abdelhamid Abaaoud, que según se ha confirmado, murió en la operación policial de este miércoles en Saint-Denis.

Los expertos consideran a Bélgica como la “incubadora” de yihadistas en Europa. Alrededor de 500 ciudadanos belgas han acudido a luchar a Siria e Irak junto al Estado Islámico, la tasa más alta de cualquier país de la UE proporcionalmente (en Alemania son 750 y en Alemania, 760). De los belgas que se desplazaron, 72 han muerto y otros 120 están dispuestos a volver, según dijo esta semana en un foro sobre terrorismo global celebrado en Madrid el analista belga Pieter Van Ostaeyen.

Como respuesta a los ataques de París, Bélgica encarcelará a los yihadistas que regresen de Siria, obligará a llevar brazaletes electrónicos a las personas que los servicios de inteligencia consideren de riesgo y expulsará a los imanes radicales. El plan de 18 medidas anunciado por el Gobierno incluye también 400 millones de euros extra para la seguridad, así como el despliegue de 520 militares.

Se modificará la Constitución para extender de 24 a 72 horas el plazo máximo de detención preventiva y se permitirá a la policía hacer redadas durante las 24 horas del día. Ahora está prohibido entre las 21:00 y las 5:00 horas salvo casos excepcionales. Repasamos cuatro fallos y problemas de los servicios de seguridad belgas.

Bélgica conocía a los atacantes

Tanto los hermanos Abdeslam como Bilal eran conocidos por los servicios de inteligencia belgas. Figuraban en una lista de 800 personas que han llamado la atención de las autoridades por su relación con los combatientes en Siria, según la revista MO. Ibrahim intentó huir a Siria pero sólo llegó a Turquía. La policía le interrogó a su regreso, a principios de 2015, y también a su hermano. Pero les dejó marchar por falta de pruebas de participación en actividades terroristas. La policía investigaba también a Bilal desde principios de 2015 por su huida a Siria.

No informó a Francia del riesgo

Bélgica no informó a Francia de que los hermanos Abdeslam estaban en su lista de personas vigiladas. “Sabíamos que los dos hermanos estaban radicalizados y que podían irse a Siria, pero no mostraban signos de una posible amenaza. Incluso si se lo hubiésemos señalado a Francia, dudo que hubiera podido arrestarlos”, ha alegado un portavoz de la fiscalía belga.

Salah Abdeslam fue interceptado por la policía francesa en un control fronterizo durante la madrugada del sábado, cuando huía hacia Bélgica tras la masacre de París, en un Golf en el que vinieron a buscarle dos amigos. Pero como todavía no había ninguna alerta sobre él, le dejaron marchar. Sus dos cómplices fueron detenidos en Molenbeek el sábado, pero Salah sigue huido.

Hay pocos policías que hablen árabe

La falta de investigadores que hablen árabe constituye un “enorme problema”, según ha dicho a la prensa belga Hans Bonte, el alcalde de Vilvorde, ciudad dormitorio a las afueras de Bruselas. Este es uno de los motivos del fracaso de las fuerzas de seguridad belgas a la hora de detectar los preparativos de los atentados, según el periódico flamenco De Morgen.

“Los miembros de la célula terrorista han podido, sin problemas comprar material para los explosivos, comprar armas, y alquilar coches. En nuestra jerga, llamamos a esto un ‘intelligence gap’ intolerable, es decir, una pifia en el lenguaje normal”, explica una fuente de seguridad anónima citada por el diario.

Las fuerzas de seguridad están muy fragmentadas

Bruselas tiene seis áreas policiales para cubrir toda la ciudad, que además está fragmentada en 19 distritos con 19 alcaldes. Esta fractura, derivada de la complejidad administrativa de un país dividido entre flamencos y valones con una capital separada del resto, dificulta el intercambio de información y la coordinación operativa.

El propio ministro del Interior, Jan Jambon, reconocía ya antes de los atentados de París como uno de los posibles riesgos que “hay demasiada división entre las diferentes autoridades locales en Bruselas”.

“Los acontecimientos muestran que nuestro sistema preventivo sufre de un evidente fallo de vigilancia y control de los jóvenes radicalizados, que se van al frente de Siria”, admitía este jueves el diario La Libre Belgique en su editorial.