Guerra siria

3.000 dólares por saber solo una palabra sobre su ser querido: 'vivo' o 'muerto'

65.000 personas han desaparecido a manos del gobierno de Asad. La mafia del régimen vende información sobre su paradero.

La mujer de Fa'eq al Mir sostiene fotos familiares. Lleva 2 años desaparecido.

La mujer de Fa'eq al Mir sostiene fotos familiares. Lleva 2 años desaparecido.

“Solo una palabra: vivo o muerto”. Por esa información la familia de Salam asegura que pagó 3.000 dólares a un intermediario para saber cuál había sido el destino de su hijo detenido. Una auténtica fortuna en un país donde la renta per cápita es de 5.100 dólares según estimaciones de 2011 del World Factbook de la CÍA. El precio de la información sobre un ser querido desaparecido de forma forzada en Siria varía de cientos a miles de dólares “dependiendo de lo importante que que se la persona y cuánto pueda permitirse la familia”, explica el informe Entre la cárcel y la tumba: desapariciones forzadas en Siria de Amnistía Internacional publicado este jueves.

Mohamed Isam Zaglul volvía a casa en coche tras terminar su jornada laboral como abogado y activista por los derechos humanos cuando fue secuestrado. Se lo llevó un grupo de hombres teóricamente afiliados al Gobierno. Consiguió contactar con su mujer Mais y contarle lo que había pasado. Pero después de que la familia se negara a pagar el rescate, lo transfirieron a un centro de la Inteligencia siria en Damasco. “Para saber dónde estaba pagamos dos millones de libras sirias [el equivalente a unos 30.000 dólares]. Vendimos nuestras tierras para poder pagar a aquel hombre… y al final para nada. Pero fue la decisión correcta. Si lo encuentran, daríamos todo lo que tenemos”, ha confesado Mais.

Mohamed Isam Zaglul con sus dos hijos.

Mohamed Isam Zaglul con sus dos hijos.

Como Salam y Mohamed, 65.116 personas -58.000 de ellos, civiles y 3.900 menores- han sufrido este tipo de detenciones desde que estallara el conflicto en marzo de 2011 a agosto de 2015, según el documento.

El mercado negro creado en torno a esta situación se ha convertido en “una vaca lechera de efectivo para el régimen, una fuente de financiación de la que ha llegado a depender”, asegura un abogado de Damasco. Los brokers o mediadores -como los llaman los sirios- de este oscuro negocio son individuos con estrechos lazos con las autoridades sirias. La moneda de cambio, información sobre su paradero, su salud o cualquier información sobre un detenido desaparecido.

Los sobornos que los desesperados familiares pagan a los mediadores se emplean para pagar a funcionarios del gobierno o de prisiones a cambio de información o en el menor de los casos tratar de negociar su liberación. “Los sobornos que pagan los familiares son una especie de negocio para el Gobierno. Ahora son una gran parte de la economía siria”, ha afirmado Tarek Hokan, un activista sirio de derechos humanos.

Opositores pacíficos, individuos considerados desleales al Gobierno o familiares de los anteriores. Todos ellos pueden caer en las garras estas “desapariciones forzadas” que Amnistía Internacional define como la privación de libertad llevadas a cabo directamente por agentes del Estado o con su implicación. Además, las autoridades más tarde negarán la detención o privarán a sus seres queridos de darles información sobre el destino del detenido o detenida (solo un 4% son mujeres). “Debería volver a casa. Si está con nosotros no se lo vamos a decir de todos modos”, contestó un agente de seguridad al padre de un hombre que se atrevió a preguntar por él. Otros ni lo intentan, por temor a mayores represalias.

Algunas familias renuncian a los ahorros de toda una vida para descubrir que sus seres queridos están muertos

Torturas, incluidas violaciones y otras formas de acoso sexual, aislamiento del mundo exterior y sin derecho a un abogado. A todo esto y más se exponen o han expuesto las 65.000 personas que han sufrido las desapariciones documentadas durante al menos un mes, aunque otras perduran a través de los años. Algunos nunca volverán.

“[Algunas] familias renuncian a los ahorros de toda una vida [en el mercado negro de la información] solo para descubrir que sus seres queridos están muertos”, asegura un abogado defensor. La madre de dos hijos desaparecidos explica: “Cuando tu hijo ha desaparecido y oyes algo, corres hacia la noticia. No te importa de dónde sale ni si es verdad”. El abogado sirio de derechos humanos Anwar Al Buni ha afirmado que “en cada vecindario hay varios intermediarios. Es la más novedosa profesión para los sirios”.

El clima de miedo que esta mafia crea es tal, que los familiares de los desaparecidos huyen del país. Forman parte de esos cientos de miles de refugiados que llaman a las puertas de Europa y de los países vecinos de Sira en busca de ayuda. Un hombre afirmó que tras una desaparición forzada de su hermano, un conocido activista de derechos humanos que el informa evita nombrar, toda la familia huyó de Siria. Y toda significa, absolutamente toda: hasta 2.000 miembros abandonaron su tierra en busca de seguridad. “Nuestro nombre estaba marcado”, explicó el hermano.

Las desapariciones forzadas no son algo nuevo en el régimen de los Asad. El padre de Bashar, Hafez, está acusado de unas 17.000 entre 1980 y el año 2000. Cuando Bashar sucedió a su padre continuó con esta práctica, aunque en menor medida. Hasta que llegó la Primavera Árabe a su país.

Aquella revolución pacífica desembocó en una guerra civil que ya lleva más de cuatro años en marcha, con el Estado Islámico y otros terroristas aprovechando la situación. Desembocó en un país donde la compra y venta de información sobre el bienestar de un ser querido se ha convertido en una mercancía que financia al mismo opresor contra el que se levantó el pueblo sirio.