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La crisis de los finlandeses voladores

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La próxima temporada se cumplirá década y media de sequía para una de las escuelas que más pilotos ganadores ha generado en la historia del automovilismo. Si en educación siempre se ha puesto a los finlandeses como ejemplo a seguir, con sus programas de tareas reducidas para los estudiantes y buenos resultados académicos, en los rallies también siempre se ha tenido a este país y sus productos como referencia durante años, precisamente hasta la irrupción definitiva del modelo galo.

Durante años, de la factoría nórdica han salido nombres como Ari Vatanen, Juha Kankkunen, Hanu Mikkola, Timo Salonen, Henri Toivonen, Markku Alén, Tommi Mäkinen o Marcus Grönholm. Tras ellos ha llegado un parón después de que Mikko Hirvonen y Jari-Matti Latvala no hayan podido parar durante casi 15 años el dictatorial dominio ejercido por los pilotos franceses, Sébastien Loeb y Ogier con nueve y cuatro títulos mundiales conseguidos de forma consecutiva respectivamente.

Y no es porque no lo intentaran. En el caso de Mikko Hirvonen, se quedó a las puertas en los años 2009 y 2011, temporadas en las que el por aquel entonces piloto de Ford llegó con posibilidades a la última cita del campeonato, en Gales, pero una serie de catastróficas desdichas le dejaba con la miel en los labios en ambas ocasiones y con Loeb ampliando su ya envidiable palmarés.

En cuanto a Latvala, incluso se vio obligado a cambiar su forma de pilotar, recibir lecciones de cómo pilotar sobre asfalto por profesores de circuitos e incluso recurrir a un entrenador personal o ‘psycho-trainer’ que le ayudara a ser más fuerte mentalmente. El actual piloto de Volkswagen sigue buscando su oportunidad en forma de brecha en Ogier, ocasión que no ha terminado de llegar en gran parte por los continuos errores del finés que por la también superioridad del piloto nacido en Gap (Francia).

La nueva etapa que está viviendo el Mundial de Rallies, con coches mucho más efectivos, ha obligado a los pilotos a hacer mucho más preciso y directo su pilotaje. Es precisamente ahí donde han destacado los pilotos franceses durante las últimas dos décadas, haciendo olvidar en parte aquella revolucionaria técnica denominada como scandinavian flick (jugar con las inercias del coche para tomar la curva derrapando a gran velocidad) que incluso Carlos Sainz tuvo que asimilar para ser bicampeón del Mundo. El exitoso programa de formación de la FFSA (Federación Francesa de Automovilismo) se ha impuesto de forma rotunda al talento natural y a las horas de diversión sobre lagos helados de los finlandeses.

Un futuro oscuro con algún claro:

El propio Juha Kankkunen (cuatro veces Campeón del WRC) afirmaba a la prensa francesa encontrarse ciertamente preocupado por sus compatriotas tras el cuarto título de Ogier. A pesar de que Finlandia es un inagotable molde de pilotos, es cierto que tras Latvala ha habido un parón. Jarkko Nikara se quedó por el camino, Juho Hänninen no llegó a despuntar (al menos por el momento) al volante de un World Rally Car y el Campeón de Europa de 2014, Esapekka Lappi, cinco años más joven que Jari-Matti ha tardado hasta tres temporadas en contar con la confianza de un equipo oficial para dar su salto a la categoría absoluta.

Precisamente Lappi, junto a la otra perla salida de la cantera de Toyota Motorsport GmbH, Teemu Suninen, presentan el más inmediato futuro. Este último, hizo una aparición tardía en el WRC2 de 2015, pero su progresión ha sido notable, llegando incluso a pelear por el título esta temporada y sólo un fallo de motor en el Rally de España le ha puesto casi inalcanzable el ser campeón frente a pilotos mucho más experimentados como Elfyn Evans o el propio Lappi.

Tras ellos la gran esperanza de los flying finns: Kalle Rovanperä. Nacido en una familia en la que su padre fue piloto oficial de Peugeot Sport y SEAT en el Mundial de Rallies, este adolescente de 16 años se ha convertido esta misma temporada campeón del Nacional de Letonia, uno de los pocos países en los que puede competir bajo licencia especial antes de cumplir la mayoría de edad. Su crecimiento ha sido incluso más meteórico, una especie de Max Verstappen o Marc Márquez en potencia que ha hecho de nuevo reverdecer la esperanza en los ojos de sus compatriotas, soñando con un sucesor a la altura de la larga saga de finlandeses voladores.