Marcas Ñ

Un día en la oficina de Jesús Calleja (II)

El aventurero leonés nos muestra cómo es pasar un día en su trabajo.

Llegar a los lugares a los que llega Jesús Calleja no es tarea sencilla. Por eso se rodea siempre de la mejor tecnología. En ocasiones ha llegado a lugares prácticamente inaccesibles, para lo que ha necesitado de una buena preparación física, un gran equipo y herramientas adecuadas. O al menos eso pensaba él. Algunas veces la realidad supera la ficción, como él mismo cuenta.

“Ocurrió en el mismísimo Polo Norte. Nuestra expedición había alcanzado este punto geográfico tan especial tras muchos días de esfuerzo, de pelarnos de frío en mitad del casquete polar, arrastrando un trineo que pesaba 80 kilos, con mucho sufrimiento. Cuando estábamos celebrando con euforia y emoción haber alcanzado nuestra meta, aterrizó un helicóptero con señoras de abrigo de visón y zapatos de tacón, con señores barrigudos y con un pedal encima que apenas sostenían, y salieron a tomar champán y caviar a celebrar una juerga impresionante”, recuerda Calleja.

“Nos quedamos de piedra, con nuestro momento mágico hecho polvo. Nos invitaron a su fiesta y accedimos, qué íbamos a hacer, al menos comeríamos buen caviar. Porque eran rusos, claro. ¡Uno de ellos había perdido una apuesta y estaba pagándola! Y acabamos bailando la conga en mitad del hielo, dando círculos abrazados a unos borrachos de vodka, ¡en el mismísimo Polo Norte! Fue embarazoso. Pensamos, bueno, nadie nos ve. El caso es que lo grabamos nosotros mismos y salió en el programa, un final inesperado. Al final el jefe nos felicitó porque le habíamos parecido un atrezzo perfecto para su evento”.