Libro primero. Vísperas del 36.

Brunete

 (29 de diciembre de 1935, domingo)

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Resumen de lo publicado. Julio Camba y Francesc Cambó hablan de la situación política en el Lhardy, donde han quedado para despedir el año. Todos los atracadores menos Ángel Navarrete, que se esconde en Brunete, han sido atrapados.

-Me alegro de que hayas venido a verme, Pepe. Mira esto, mira las eras que nos rodean. Ahora están heladas pero en verano, con los campos agostados, esas plazoletas empedradas con cantos redondos se barren bien para echar sobre ellas el trigo cortado. A mí de chico me gustaba montarme en el trillo que la mula arrastraba sobre la alfombra de espigas. Lo hacía, poniendo cuidado de no caer hacia delante, mientras los hombres volteaban el trigo triturado, lanzándolos contra el aire para que volase la paja. La gracia era pasar corriendo a través de esa nube de paja, con los ojos cerrados. Y luego escuchar a los hombres en la taberna. Siempre me gustaron esos labriegos que se sientan con el jarro de vino, deslían la faja, dejando los calzones caídos, desatan el nudo que aprisiona el dinero y lo vuelcan sobre la mesa. Todo lo que sé sobre el pueblo lo aprendí en las tabernas. Allí he tratado con todos: campesinos, fruteros, carniceros, fabricantes de harneros, toneleros, pasteleros, boteros, cordeleros, talabarteros… –seguía–. Brunete siempre ha sido un pueblo pequeño partido por la carretera. Los veranos eran duros y después de comer no cabía sino echarse la siesta y yo me tumbaba simplemente en las piedras del zaguán, que estaban frescas, con la puerta cubierta con una cortina para que corriera el aire. Desde allí se oía a mi tía y a otras mujeres chismorreando. Como no había árboles, aquello era un horno. Pero en fin. Volvamos, que mi tía estará preocupada... 

Habían salido a dar un paseo, aprovechando el mal tiempo y a sabiendas de que a esas horas crepusculares ya no quedaba nadie fuera. Pero tocaba volver, y Pepe Mañas aprovechó para tocar el tema de las próximas elecciones. Ángel Navarrete estaba desquiciado con la situación y echaba pestes contra los socialistas.

-Ya verás como nos vuelven a traicionar como en el 34...

En el 34, cuando los socialistas se vieron desahuciados por primera vez del poder, fue cuando Largo Caballero, tan moderado hasta entonces, empezó a hablar de la dictadura del proletariado y los ugetistas, de alianza sindical. Los socialistas, fuera del Congreso, temían que les pasase como en Alemania y empezaban a auspiciar la revolución. En La Tierra, el periódico anarquista de Madrid se había publicado un artículo titulado Alianza revolucionaria, sí, oportunismo de bandería, no, que intentaba cambiar la posición del cenetismo. (El Motín, de la FAI, más radical, ni siquiera lo intentó). Porque, a excepción de los asturianos y castellanos, la mayoría de los confederales eran reacios a cualquier alianza. Estaban todavía demasiado frescos los agravios del primer bienio y costaba olvidar las medidas que Largo Caballero había tomado desde el Gobierno. Pero a fin de cuentas si los socialistas querían jugar según sus reglas no era momento de cambiar de opinión, y, aunque había costado convencer a los compañeros de colaborar con los socialistas, se acabó logrando. Con los comunistas, eso sí, fue imposible. Solo se consiguió en Asturias de manera excepcional.

-Y al final no ha valido para nada. Con los gobiernos del Partido Radical sigue habiendo las mismas represiones antiobreras que en tiempos de Azaña, la única diferencia es que ahora también las sufren los socialistas. Por eso apoyaron la huelga revolucionaria del 34. Pero lo que pretendían Prieto y Largo Caballero era hacer del movimiento un espantapájaros para intimidar al Gobierno radical-cedista y evitar la deriva fascista. El programa que redactó Prieto parecía un programa electoral. Lo que ocurrió en Asturias fue un desbordamiento de sus consignas… Yo siempre he pensado que en realidad los socialistas no querían la revolución.

-Pero la CNT, sí.

-La Confederación, tragado el sapo de tener que considerar como correvolucionarios a los socialistas, se dedicó, como siempre, a apoyar movimiento revolucionario allí donde se dio… La CNT nunca ha renegado de su participación. Los socialistas, por el contrario, no hacen más que desvincularse. Encima estaban libres en su casita, los tres, Largo Caballero, Prieto y Carrillo, moviéndose como pez en el agua por la capital. En realidad lo de Asturias los desbordó totalmente. Fue la virulencia de los mineros, su bravura, lo que tiró para adelante con aquello, no los cobardes de Madrid que se limitaron a lanzar la piedra y esconder la mano. Además, en Asturias se vio clara la diferencia entre marxistas y anarquistas. Donde triunfaban marxistas, la obsesión era la autoridad e impusieron la dictadura. Donde había libertarios, en cambio, había prisa por dejar las armas. En un lado hubo hosquedad cuartelaria; en el otro el pueblo en armas tenía libertad para ir y venir, hubo deliberación pública, anulación del dinero, distribución de alimentos y vestidos. Son dos conceptos del socialismo contrapuestos. Y te digo que yo, como anarcosindicalista, siempre estaré en contra de cualquier dictadura, y que lucharé contra el marxismo con la misma virulencia que lucho contra la Guardia Civil y el Gobierno… 

Hubo un momento de silencio. Al cabo, Mañas le preguntó qué pensaba hacer.

-Hay que esperar a las elecciones de febrero. Me acogeré a la amnistía.

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