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. Carlos Rodríguez Casado

Opinión Libro primero. Camino del 36

Reaparece el socialista

(18 de diciembre de 1935, miércoles)

18 diciembre, 2015 01:17

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“SALUD A VIEJOS AMIGOS. Reaparece hoy EL SOCIALISTA al cabo de catorce meses, bien corridos, de suspensión gubernativa. Podemos ostentar un privilegio que nadie nos disputará, y que hemos de agradecer a la significación de nuestro título: el de haber sufrido un castigo que no tiene precedente comparable en la historia de la prensa española. Ciertamente, no se es socialista de balde, vieja verdad que ha tenido, en el curso de esos catorce meses, confirmación rotunda, y esperamos –aviso al contento de nuestros amigos- que la tendrá también en lo sucesivo. Si se ahogó nuestra voz en horas de tragedia, no lo son de bonanza las que vivimos cuando vuelve a escucharse. A escucharse…, los camaradas y lectores cordiales que se acerquen a nuestras páginas pondrán en ellas lo que nuestras plumas no podrán poner. Una vez más nos acogemos a esa colaboración antigua determinada por la sordina de la censura. En fin de cuentas, la experiencia nos ha dado ya cierto estoicismo que nos permite salir indemnes de todos los temporales. Y a veces, como ocurre ahora –a pesar de todo- fortalecidos. Las heridas externas suponen poco cuando el ánimo no sufre quebranto. 

No nos ceñimos corona de martirio. Perderíamos en ello demasiado tiempo, y acaso un poco de dignidad. Los que escribimos EL SOCIALISTA hemos estado –y era justo, para no ser menos que quienes lo leían– en la cárcel. De ese modo, por añadidura, resultaba más completa la muerte transitoria –que algunos quisieron definitiva– de nuestro diario. Para ello se han puesto todos los medios: la ineficacia absoluta de las gestiones realizadas para conseguir que EL SOCIALISTA reapareciera antes de ahora, lo comprueba. No se rechazaban absolutamente nuestras peticiones. Lo que se hacía era algo peor: aparentar interés por ellas, y luego, al tiempo de resolver, impugnarlas. En ese inútil forcejeo han pasado los meses. Sin elementos de juicio suficientes para individualizar la responsabilidad del atropello, forzoso es que lo repartamos a partes iguales entre todos los ministros que han pasado por el banco azul desde octubre de 1934 hasta hoy. Citemos, sin embargo, porque lo merece, el caso especialísimo del señor Lerroux, que gusta presumir –por presumir de todo– de periodista, y que, sin duda, por sus méritos como tal, ha sido durante mucho tiempo presidente de la Asociación de la Prensa. Presidente de la Asociación de la Prensa y del Consejo de ministros, a la vez, venía siendo el señor Lerroux cuando pidió reiteradamente la reaparición de EL SOCIALISTA. Dos títulos bastantes para esperar que la petición fuese atendida… si no se hubiera tratado del señor Lerroux. Lerroux necesitaba proceder en esto, como en todo, con torpe deslealtad. No por nosotros –que no queremos nada de él, ni aún su respeto–, sino por lo que él dice ser.

Y es un extraño modo de ser periodista y presidir la Asociación de la Prensa el de complacerse en la persecución de periódicos y haber opuesto la negativa más obstinada, en el Consejo de ministros, a la publicación de EL SOCIALISTA. Es verdad que Lerroux tenía con nosotros viejas cuentas. Habíamos calado demasiado en su lamentable contextura moral. Habíamos clavado muchos alfileres en su vanidad de tonto fanfarrón. En nuestras páginas habían salido a relucir sobradas muestras del método administrativo que Lerroux y su guardia suelen aplicar a los negocios públicos… Fuimos nosotros –y lo pagamos caro– los descubridores del divertido juego del estraperlo. Comprendemos que Lerroux no sintiera ningún entusiasmo por nuestra salida. Con censura y todo, había demasiados estraperlos aún por descubrir. Los que en los meses anteriores a octubre de 1934 –incluso muchos periódicos– nos llamaban difamadores pueden recoger ahora sus invectivas. Humildemente esperamos que nos hagan la merced de una rectificación. (…) Mas no quebremos nuestro propósito de ser parcos en la queja. Ahí queda conclusa nuestra explicación, que es a la vez un saludo a los viejos amigos y camaradas. Aquí estamos ya. Y ninguna presentación mejor que esta: aquellos que fuimos somos. Si acaso, un fondo de amargura en el corazón por el recuerdo de los ausentes. Y nada más…”.

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