Fotografía difundida por el Ministerio del Interior de la muñeca de una de las víctimas tatuadas

Fotografía difundida por el Ministerio del Interior de la muñeca de una de las víctimas tatuadas

La denuncia de una de ellas desarticuló la red

44 años de prisión al capo de un clan rumano que marcaba como ganado a las mujeres

El Supremo confirma condenas de 1 a 44 años de prisión a 14 integrantes de una red de trata de personas.

María Peral

Los 14 integrantes de una red de tráfico de jóvenes rumanas con fines de explotación sexual deberán cumplir penas de 1 a 44 años de prisión después de que la Sala Penal del Supremo haya confirmado la sentencia dictada el pasado abril por la Audiencia Provincial de Madrid.

La mayor condena recae sobre Iulian Tudorache, que obligaba a las mujeres a ejercer la prostitución golpeándolas e intimidándolas, hasta el punto de que les llegó a grabar en la cara interna de las muñecas tatuajes con su alias, 'Nelutu', y un código de barras con las cifras de dinero que debían.

Las mujeres eran trasladadas a la calle Montera, al polígono Marconi y a otros lugares de Madrid a prostituirse bajo una estrecha vigilancia y se veían forzadas a entregar todo el dinero que obtenían. En ocasiones recibían pequeñas cantidades para que pudieran enviarlas a sus familias en Rumanía. Sometidas a un régimen de práctica esclavitud, tenían prohibido abandonar las casas en las que residían sin la compañía de miembros del clan.

Testigos protegidos

La red fue desmontada después de una de las víctimas acudiera a la Policía y se convirtiera en testigo protegido. La mujer relató que fue contactada en Rumanía y que aceptó trasladarse a España bajo la promesa de un trabajo que, al llegar a Madrid, le dijeron que era la prostitución. La testigo fue amenazada con atentar contra su vida y contra su integridad física y la de sus familiares si se negaba a esa actividad.

Esta testigo habló de la situación de otra joven que resultó ser menor de edad y que, tras la desarticulación de la red, también aceptó colaborar con la Policía. Ambas mujeres han sido un pilar fundamental de la acusación.

La menor relató que un amigo suyo la trajo a Madrid desde Bucarest aprovechándose de su difícil situación económica y de su "carencia de estudios, al no saber ni leer ni escribir".

Nada más llegar a España fue encerrada en una vivienda de Valdemoro, donde residían otras tres rumanas con las que acudía a la calle Montera a prostituirse de manera forzada.

La sentencia relata que "en reiteradas ocasiones" la menor manifestó a los integrantes de la red su deseo de no continuar con esa actividad. "Para doblegar su voluntad", añade la resolución, "Tudorache la agredía golpeándola con un cable en los brazos, piernas y espalda, así como con puñetazos en la cara".

En la noche del 13 al 14 de diciembre de 2011, unas dos semanas después de haber llegado a Madrid, la joven logró huir, pero Tudorache logró encontrarla en la Casa de Campo y la trasladó de nuevo, contra su voluntad, a la vivienda de Valdemoro.

Golpes brutales

Allí fue golpeada brutalmente con un cable, unos guantes de boxeo y una barra de hierro. 'Nelutu' le clavó la punta de un cuchillo en diversas partes del cuerpo y le rasuró la cabeza con una máquina de afeitar. Luego, entre risas, le pulverizó la cara con harina y le colocó una peluca de color rojo.

"En esas condiciones", señala la sentencia, "fue exhibida al resto de las mujeres que se hallaban en la vivienda con el propósito de que éstas conocieran las consecuencias que conllevaría desobedecer las indicaciones de los acusados o huir".

La menor fue liberada por la Policía el 17 de marzo de 2012 en el curso de una operación policial propiciada por la denuncia de la primera testigo protegida.