EL PSOE, DIVIDIDO

Un PSOE partido en dos y sin liderazgo se resigna a hacer presidente a Rajoy

La votación refleja las dos almas del PSOE. Sánchez reaparece en Twitter para pedir un cambio de rumbo.

La sala del Comité Federal, con la gestora al fondo de la imagen.

La sala del Comité Federal, con la gestora al fondo de la imagen.

  1. PSOE
  2. Javier Fernández Fernández
  3. Pedro Sánchez
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Hay detalles que ayudan a comprender por qué el PSOE tiene un problema que va mucho más allá de su posición en la votación de investidura de Mariano Rajoy. El Comité Federal se reunió este domingo, el mismo día en el que a Pedro Sánchez le hubiese gustado que se celebrasen unas primarias para dirimir el liderazgo del partido.

Tanto los que defendían la abstención como los que permanecieron en el "no", defendieron sus posturas de manera contundente, pero civilizada. Todo un avance respecto al último cónclave socialista. Como explicó Javier Fernández, presidente de la gestora, el debate fue "intenso, fuerte, franco, duro y respetuoso". Gracias a lo expeditivo que fue José Blanco, nuevo presidente del órgano, también duró menos de lo que cabría esperar. 

Sin embargo, el PSOE mostró con el resultado que es un partido roto por Rajoy, a quien todos han combatido y que está en las antípodas de su ideario. El a la abstención se impuso por 43 votos (139 frente a 96). Es una diferencia más abultada que la de la votación que acabó con Sánchez, cuando fue por 25, pero en esta ocasión no estaba la Ejecutiva del exsecretario general, que entonces votó. Numéricamente, la división no es tan diferente. 

El comportamiento de los barones abstencionistas

Susana Díaz, la presidenta andaluza, entró por el garaje y no hizo declaraciones a los medios. Dentro de la reunión, evitó pronunciar la palabra "abstención", aunque después explicó que no intencionadamente.

Díaz sí votó a favor de la resolución que permitirá gobernar a Rajoy, como los presidentes autonómicos Javier Lambán (Aragón), Ximo Puig (Comunidad Valenciana) y Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha), que insólitamente no pidieron la palabra a pesar de ser también líderes regionales del partido. "Por prudencia", explicaban fuentes cercanas a uno. "No nos corresponde a nosotros pilotar este proceso", explicaba uno de los barones. 

El presidente de la gestora, Javier Fernández, presidente de Asturias, se mantuvo en un discreto segundo plano. Guillermo Fernández Vara, el presidente de Extremadura, fue de nuevo uno de los socialistas más claros.

El problema del liderazgo

Algo tiene la abstención que nadie la defiende con convicción. Los principales líderes del partido se han pasado semanas argumentándola con la boca pequeña o con rodeos, poniendo más el foco sobre la virtud de evitar a los españoles unas nuevas elecciones. A la hora de hablar, este domingo nadie quería levantar mucho la voz, por lo que el nuevo PSOE no tiene un liderazgo claro. Está pendiente de un congreso que fuentes cercanas a la presidenta autonómica aseguran no tener ni en mente en este momento. 

Según varios miembros del Comité Federal, el dirigente más "mitinero" fue Patxi López, el diputado por Vizcaya y expresidente del Congreso, que defendió con vehemencia el "no" y al que muchos ven como una posible tercera vía si Díaz decide no dar el paso de momento.

Estuvo en el equipo de Sánchez, pero puede entenderse con Díaz y otros barones regionales que, enredados en sus propias dificultades, podrían optar por una solución de consenso y temporal antes que dar otro paso hacia lo desconocido. "Parecía que estaba en campaña", decía un miembro del Comité. 

Sánchez, ni en cuerpo ni en alma

Del que no hubo más rastro que un tuit fue de Pedro Sánchez, que no estuvo ni en cuerpo ni en alma. "Nadie lo ha citado, nadie se ha acordado de él. ¡Ni los suyos!", explicaba un veterano miembro del órgano. 

Su reacción incendió los whatsapps que se intercambiaban los dirigentes socialistas. En calidad de exsecretario general, Sánchez puede acudir siempre que lo desee a las reuniones del Comité Federal. Además, como diputado, está concernido por el debate, ya que tendrá que decidir qué va a hacer en la investidura. 

A él, y a los irreductibles díscolos que prevén mantener el "no", tratará de "persuadir" Javier Fernández para evitar que la división que se ha cristalizado en el máximo órgano entre congresos se traslade también a la cámara baja.