NUEVAS REVELACIONES (II)

El 'señor de la guerra', antes de ser detenido: "Los españoles son tontos. Completamente tontos"

La intención de marcharse a Ucrania para evitar embargos precipitó la detención del capo polaco. 

Pierre Dadak posa junto algunos de sus coches de alta gama.

Pierre Dadak posa junto algunos de sus coches de alta gama.

El vendedor internacional de armas Pierre Dadak intentó escapar de la Justicia española colocando sus negocios en Ucrania. Según el sumario del caso, al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, el empresario polaco, investigado por las principales policías mundiales con el FBI estadounidense y la NCA de Reino Unido a la cabeza, tramó un plan para vender su patrimonio en España y trasladar el grueso de sus fondos a Ucrania, donde la legislación sobre el blanqueo de dinero es mucho más laxa y la inestabilidad política hacía posible una entrada fácil en el país, con dinero de por medio.

"La prioridad es que aceleremos el dossier de España. Acordamos hacer una liquidación o no sé qué. ¿Qué quieres? ¿Que vaya a la cárcel?", espetaba el capo polaco por teléfono el 6 de enero de 2016. Al otro lado del teléfono trataba de tranquilizarle su abogado galo, Sebastián Bono, a quien Dadak vincula con la agencia de detectives Kroll, la más importante del mundo. "Son los detectives de la CIA", afirma sobre ella. Según las intervenciones telefónicas, es Bono quien mueve su dinero en Suiza, Vietnam, Tailandia o EEUU. "Sabe dónde tenemos el dinero y en qué cantidades", le dijo a otra persona en otra llamada.

Vistas desde la terraza de la mansión comprada por Dadak en Ibiza.

Vistas desde la terraza de la mansión comprada por Dadak en Ibiza.

El 11 de enero de 2016, Dadak se reunió con su abogado en Ibiza para poner en marcha la operación y trasladar todo su capital a Ucrania. El activo más importante era la vivienda de 1,45 millones de euros que había comprado en la isla por medio de una sociedad en Chipre y colocado bajo el control de su pareja, Katerina Dirgini, con una empresa en Delaware (EEUU). Su primer objetivo ahora era conseguir la residencia fiscal en Ucrania. Que España dejara de ser su "lugar de retaguardia". Y a partir de ahí, trasladar sus intereses a un país sería lo más sencillo. 

"Es por eso que no quiero tener nada con España", le decía a su abogado el 16 de abril de 2015. "Porque, como te dije, España es un nivel para monitos que van al jardín de infancia. Son tontos, completamente tontos. Tontos e idiotas. Toda Europa se está riendo de los pringados de España, el país con un nivel intelectual más bajo que cualquier cosa. Los mayores estafadores. Todo el mundo está huyendo de España". 

Corre Electrónico donde Pierre Dadak refleja su relación con la sociedad Sinonim.

Corre Electrónico donde Pierre Dadak refleja su relación con la sociedad Sinonim.

"Al borde de una crisis nerviosa"

Según el sumario del caso, la investigación que más preocupaba a Dadak era la que abrió el Gobierno belga para investigar una trama de facturas falsas de IVA en sus empresas. Las autoridades locales consideran que el fraude pudo ascender a los 10 millones de euros y que los fondos fueron a parar también a dos empresas españolas: Singular Context, abierta en Ibiza y dedicada a la reforma de inmuebles, que recibió una trasferencia de 99.4568 euros, e Ibicendade Marmoleso Gratinas, a la que fueron abonados 21.583 euros desde una filial de Dadak abierta en Reino Unido. El 30 de junio de 2015, el abogado llama a Dadak para informarle de que la investigación belga también se centra en España: "Han dado todas las cuentas de las empresa y las vinculan con construcciones en Ibiza", refleja la conversación intervenida. "Estoy al borde de una crisis nerviosa", reconocía Dadak.

Cuando llegó a Ibiza en 2011, el dinero comenzó a llegar a sus empresas españolas desde cuentas en Lituania. La cúpula del holding se controlaba desde una sociedad en Delaware (Polietica Holding LLC), con NIF para operar en España. Además, Dadak utilizó una segunda empresa llamada Itabuna Enterprise, propietaria de la mansión de lujo en la urbanización Calo den Real que colocó a nombre de su pareja, Kateryna Dirginia. Los fondos para las operaciones llegaron a España por medio de "operaciones invisibles de comercio exterior", es decir, transferencias entre sociedades que no responden a la compra de productos.

Para acreditar la procedencia lícita del dinero, en un primer momento los hombres de Dadak aportaron un justificante bancario de la entidad Erste bank Hungary de Budapest. Pero la documentación era falsa. Cuando la Audiencia Nacional requirió a las autoridades húngaras información sobre la cuenta, sus homólogos les contestaron que las cuentas de aquel país no tienen esa numeración, y que el supuesto intermediario, un tal Robert Timmons, nunca ha tenido relación con empresas en Hungría. "Por lo tanto nos encontraríamos ante una falsedad documental presentada ante notario". 

Cierre de la primera cuenta

Las escuchas telefónicas del capo polaco reflejan que, pese a utilizar una maraña de personas interpuestas, los bienes comprados en España eran controlados en realidad por el propio Dadak. La primera pista apareció con una sociedad llamada Sinonim, de la que los agentes no encontraban rastro alguno. Llamadas posteriores aportaron más datos: se trataba de una empresa abierta en Chipre con cuentas en Varsovia. El registro de los ordenadores de Dadak aportó un correo electrónico donde el vendedor de armas polaco se reconocía dueño de la sociedad.

Kateraina, expareja de Dadak, también fue detenida en la operación Cardon.

Kateraina, expareja de Dadak, también fue detenida en la operación Cardon.

Pese a los grandes números (Dadak dice en sus conversaciones que hace pedidos de plástico pet por valor de 80 millones de euros), las cuentas del capo polaco reflejan también "innumerables ingresos en efectivo" realizados desde cajeros. Un pitufeo de fondos que nutría sus cuentas de forma discreta. En las de su pareja, entraron en cuatro años 86.000 euros de origen desconocido. 

En marzo de 2015, los hombres de Dadak vieron como una sucursal bancaria cerraba su primera cuenta en España ante las sospechas de blanqueo. Fue la oficina en Ibiza del Deutsche Bank, preocupada porque la actividad de la empresa del polaco, controlada por su colaborador Marcus Taylor, era distinta a la que estipulaban sus escrituras ante Hacienda.