LA POLÍTICA ESPAÑOLA Y LA CONDICIÓN HUMANA (y III)

Iglesias y la desmesura

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Si alguien ha encarnado en la política española reciente la hibris -esa idea griega de la desmesura, la soberbia y la arrogancia que no tiene traducción exacta al castellano- ha sido Pablo Iglesias, el líder de Podemos. Su éxito electoral no tiene precedentes. En apenas unos meses, su movimiento situó a cinco eurodiputados en el Parlamento Europeo y a finales de 2015 se alzó con 69 diputados, revolucionando el hemiciclo español. Por si alguien no se ha dado cuenta, Iglesias proclama su presencia a gritos cada vez que asiste a un Pleno.

Pero Némesis era la diosa encargada de castigar o refrenar la hibris de los mortales y es la que últimamente viene marcando los pasos de Iglesias.

En primer lugar lo ha hecho con el jarro de agua fría que supuso el resultado electoral del 26-J, ya que el líder de Podemos había dado por hecho que sobrepasarían en votos al PSOE con total seguridad. Días antes de la votación se jactaba ante los periodistas de su olfato político: “Si hubiera sabido lo bien que iba a funcionar el acuerdo con IU lo hubiese impuesto antes”. Nótese el “lo hubiese impuesto”, que llamó poderosamente la atención de los presentes. Iglesias ni sospechaba que su apuesta se dejaría un millón de votos por el camino y que abriría un profundo proceso de reflexión en sus filas.

Y en segundo término por la actual rebelión de la fracción ‘errejonista’ en Madrid, dispuesta a una batalla frontal por el control de la dirección del partido en la capital, cuyo desenlace sólo se conocerá a mediados de noviembre.

Iglesias 'le hizo sangre' a latigazos a la coyuntura política cuando le exigió al PSOE para sí la vicepresidencia y para los suyos los ministerios clave y el CNI

La hibris de Iglesias se me vino a la mente nada más ver la ilustración de Javier Muñoz. Ha escogida la escena de El Aviador de Martin Scorsese en la que el excéntrico millonario Howard Hughes realiza un casting para una de sus películas. En un galpón poco iluminado, un Di Caprio en pleno manspreading -la Fundeú recomienda traducirlo como “despatarre” o “despatarrado”- para que no haya duda alguna de que necesita abrir bien las piernas para acomodar todas las partes de su humanidad, juega al gato y al ratón con Faith Domergue, una aspirante a actriz de 15 años.

El auténtico despatarre de Iglesias, cuando realmente "le hizo sangre a latigazos" a una coyuntura inmejorable, se registró el 22 de enero pasado cuando ofreció un acuerdo de gobierno tripartito al PSOE en el que él se quedaría una vicepresidencia y los suyos ocuparían todos los ministerios clave incluido el control del CNI. Esa conferencia de prensa lo cambió todo. Hay dirigentes de Podemos, especialmente del ala ‘errejonista’, que creen ahora que la historia hubiese sido distinta de no haberse producido ese órdago que se completó más tarde con las referencias a Felipe González, los GAL y la cal viva en la sesión de investidura del 3 de marzo.

Desde ese momento, las cosas se torcieron. Las negociaciones con el PSOE no prosperaron. Podemos votó en contra de Sánchez, cuando se podía haber abstenido en nombre de un gobierno de izquierdas. Y después vino la frustración del 26-J, cuando la sonrisa del destino se trocó en mueca burlona. La constatación de que los números, además, condenaban a Podemos a la irrelevancia en una fase de pactos, es la explicación del prolongado silencio en el que cayeron sus dirigentes tras las elecciones.

La paradoja es que tanto en Galicia como en el País Vasco es muy probable que Podemos o su filial regional adelante a los socialistas en las elecciones del 25 de septiembre, materializando así lo que a nivel nacional se frustró en las últimas generales.

Podemos se ha convertido en poco tiempo en un partido de gran complejidad, un mérito poco reconocido a Iglesias y a sus compañeros de viaje, más pragmáticos de lo que parece 

El gran desafío para Iglesias ahora está en Madrid. El enfrentamiento de la línea ‘pablista’ con la ‘errejonista’ tiene ribetes dramáticos. No sólo se trata de un hito en la maduración de Podemos que ha pasado de ser una asociación de amigos a un entramado político de gran complejidad -un mérito poco reconocido a Iglesias y sus compañeros de viaje que han sido más pragmáticos que sus palabras-, sino que hay relaciones personales que se han deteriorado en el camino. No tiene mucho sentido pedir debate y democracia interna a los partidos y criticarlos cuando se produce, pero los propios dirigentes de Podemos reconocen que la situación ofrece aristas demasiado seductoras para el relato periodístico.

Hay quienes apuestan a que las dos facciones alcanzarán un acuerdo antes de noviembre en pro de la unidad, alternativa que a la izquierda tradicional le atrae por puro reflejo condicionado y a otros les parece una estrategia “viejuna”. Otros creen que el grupo de anticapitalistas de Miguel Urban puede inclinar la balanza, al menos cualitativamente. Pero también hay quienes piensan que dirimir democráticamente qué línea prevalece en Podemos marcaría una diferencia apreciable con la vieja política.

Bajo este último punto de vista, el enfrentamiento no sería banal. Podría ser tan decisivo para Podemos como el Congreso Extraordinario del PSOE de 1979, cuando Felipe González impuso la renuncia al marxismo. 

Las visiones del partido de Iglesias y de Errejón son incompatibles a medio y largo plazo. Iglesias es un gran comunicador y tiene liderazgo, pero, en definitiva, es un izquierdista con muchos rasgos de la vieja usanza, formado en las juventudes del Partido Comunista, que permanece atado a las referencias a la Guerra Civil y al franquismo.

Errejón, que tiene ideas quizá más radicales que Iglesias en ciertos aspectos (ahí está su colaboración en proyectos sobre desmercantilización de ciertos bienes como la vivienda), cree que hay españoles que votarían a Podemos pero que salen huyendo cuando ven la hoz y el martillo o les hacen revivir sufrimientos que ya padecieron. Además, en la candidatura de Adelante Podemos la inclusión de dos mujeres importantes en el escalafón -Rita Maestre y Tania Sánchez- supone una velada alusión al malestar que han causado ciertos gestos de la dirección que han sido tachados de machistas.