Fuerzas Armadas

Dos veteranos de Afganistán en huelga de hambre: "Pedimos una pensión justa por nuestra invalidez"

Exigen a las puertas del Ministerio de Defensa que se revise su situación tras sendos accidentes en Afganistán que les causaron discapacidad.

Andrés Merino (i) e Iván Ramos (d) llevan una semana a las puertas del Ministerio.

Andrés Merino (i) e Iván Ramos (d) llevan una semana a las puertas del Ministerio.

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El 1 de noviembre de 2004, el paracaidista Andrés Merino se cayó de un camión cuando apenas le faltaban dos días para regresar de Afganistán. El accidente le provocó varias hernias de disco y, con el tiempo, pasó por el quirófano en varias ocasiones. El 13 de abril de 2011, también con Afganistán como escenario, el soldado Iván Ramos perdió el bazo, un riñón y se rompió 17 huesos -entre otras lesiones- al volcar un vehículo en el que viajaba. Ambos se encuentran ahora apostados a las puertas del Ministerio de Defensa. Coinciden en su reivindicación: "Pedimos una pensión justa". Y, para ello, han iniciado una huelga de hambre que lleva prolongándose desde hace una semana.

El caso de Andrés Merino

"Entré en el Ejército tras hacer el servicio militar", comenta Andrés Merino, Caballero Legionario Paracaidista. Está casado y tiene seis hijos. Tras su accidente en Afganistán, y pese a contar con un informe en el que se le declaraba "Apto con limitaciones de grado 3", fue reintegrado en diferentes unidades. Hasta que sufrió una nueva caída que empeoró su dolencia en la espalda: con seis hernias de disco y dos discos desplazados pasó por quirófano, donde se le instalaron en la espalda seis tornillos y dos placas. En el año 2011 abandonó las Fuerzas Armadas mediante Resolución de Compromiso.

"Mis hijos pasan hambre", cuenta Merino. Tras abandonar la Legión pasó a cobrar el paro. Pero ahora lucha para que se le reconozca una pensión por invalidez. Según cuenta, un tribunal médico le reconoció un 16% de invalidez, que tras un segundo examen se amplió al 24%. La reivindicación de Merino se centra, fundamentalmente, en que se reconozca que su dolencia se produjo en acto de servicio. También argumenta que el Tribunal Superior de Justicia de Murcia dictaminó una sentencia en la que se le obliga al Ministerio a pagarle el equivalente a cuatro años de sueldo.

El caso de Iván Ramos

"Entré con 18 años en el Ejército", explica Iván Ramos. La mitad de su trayectoria militar la desempeñó en la Legión; la otra mitad, en el Grupo de Operaciones Especiales. El 13 de abril de 2011 sufrió en Afganistán el accidente que cambiaría el transcurso de su carrera. "Yo era el tirador del tercer vehículo de un convoy y ese día había amenaza de atentado con bomba -explica-. Yendo por la carretera, un camión afgano se nos echó encima. El conductor de mi vehículo, ya fuera pensando que era un ataque o bien para esquivar a los otros, maniobró para evitar el golpe. Dimos varias vueltas y yo, que iba expuesto, sufrí varias heridas".

Ramos habla de 17 huesos rotos, del bazo y el riñón reventados, neurotórax y traumatismo craneoencefálico, entre otros. Desde entonces se sometió a varias pruebas en diferentes tribunales médicos. Mientras el de Defensa le dictaminó un 24% de discapacidad, el de la Comunidad de Madrid elevaba el porcentaje al 65%. Con éste documento en la mano, Ramos volvió al tribunal médico del Ministerio, que admitió un 42% de discapacidad. Pero un último informe de la Comunidad de Madrid, el más reciente de todos, habla de un 81%. "Dependiendo del grado, la pensión otorgada es mayor o menos -afirma-. Sólo pido que nos den lo que nos corresponde".

La vida en la calle

Es lunes por la mañana y el termómetro apenas marca diez grados. Andrés Merino es sometido a un examen por parte de operarios del SAMUR que evalúan a diario su estado. "Estoy cansado", comenta tras una semana en huelga de hambre. "Bebo mucha agua, muchos líquidos, lo más importante es estar hidratado", advierte, envuelto en mantas. Su compañero, Iván Ramos, ha restringido la ingesta de alimentos, pero no asume una huelga de hambre en los mismos términos que Merino: "Sin bazo y sin riñón, podría ser fatal".

El teléfono y todas las baterías las cargan en casa de los padres de Ramos, que residen en las inmediaciones de Plaza de Castilla. Reparten panfletos a todos aquellos que se les acercan a preguntar por su situación. De la pared han colgado una bandera española con sus reivindicaciones escritas con rotulador. Ambos necesitan bastón. "Parecemos mendigos", comentan entre risas. 

- ¿Cuánto tiempo aguantarán aquí?

- Tanto como el que podamos o lo que los médicos nos lo permitan.