JUICIO A ANTONIO ORTIZ

La Policía sobre el pederasta de Ciudad Lineal: "Es la prueba del 9. Ya detenido no hubo más abusos"

El responsable del operativo que dio caza a Antonio Ortiz sostiene que su firma era invitar a las niñas a gastar “una broma” a algún familiar.

El presunto pederasta de Ciudad Lineal, Antonio Ortiz, en el banquillo de los acusados.

El presunto pederasta de Ciudad Lineal, Antonio Ortiz, en el banquillo de los acusados.

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El jefe de la investigación del pederasta de Ciudad Lineal ha explicado al tribunal que fueron muchos los datos que tuvieron que cotejar hasta que se concluyó que Antonio Ortiz podía ser el autor de los abusos de las menores, denunciados durante un año, y se procedió a arrestarle. “Es la prueba del 9. Una vez detenido no ha vuelto a ocurrir ningún abuso. No descarto que en un futuro haya un imitador pero a día de hoy no lo hay”, ha explicado el mando policial en el juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de Madrid.

Este jefe del Servicio de Atención a la Familia (SAF) de la Jefatura Superior de Policía de Madrid ha relatado al tribunal cómo los indicios les fueron llevando a Ortiz. Tras una ardua investigación, en la que hubo que “quitar la paja hasta que queda sólo la aguja”, se fueron descartando candidatos elegidos inicialmente porque sus teléfonos habían estado localizados en el mismo lugar en el que una de las niñas aseguró que había hecho una llamada después de meterla en un coche, para llevársela a un piso y abusar sexualmente de ella.

Tras varios análisis, la Policía se quedó con tres candidatos. “Trabajamos con indicios, por desgracia la policía científica no tenía ninguna prueba, si no se le hubiese detenido antes”, ha subrayado para explicar que finalmente de dio con Ortiz por el cúmulo de indicios, que le sitió en el lugar de los hechos, se le identificó con los coches señalados por las niñas, y como usuario de un piso con características similares a las ofrecidas por las pequeñas.

El jefe de la investigación colocó a una treintena de policías diariamente cerca de colegios, zonas infantiles y gimnasios, después de que tanto una menor como una testigo que le vio le definió con un hombre con “venas marcadas, muy musculado”. Una de las víctimas aseguró en su declaración ante la Policía que “sudaba mucho y que le secó con una toalla pequeña de esas que se lleva en una bolsa de gimnasio”. “Todo nos hacía indicar que se podía tratar de una persona relacionada con el mundo del culturismo”, ha añadido.

Tras esta identificación, los investigadores identificaron a una persona con una mochila, con características similares a las descritas por las testigos protegidas. “Se le paró y se comprobó que tenia antecedentes policiales. Además, se vio que aparecía en los listados de llamadas realizados en la zona el día de uno de los abusos. Sobre ese candidato se empezaron a hacer gestiones. Se vio que su madre tenia una vivienda compatible con las características de las descripciones”, explica el mando policial.

Por otro lado, sobre este candidato se comparó que los datos sobre los coches que las niñas reconocieron eran vehículos compatibles con los que él había estado usando, y que podían ser de un concesionario, dado que una de las víctimas reconoció que la llave del coche llevaba un cartón verde, similar al que se ponen en los establecimientos de compra-venta de vehículos. “Se entrevistó a los del concesionario con el que él tenía contacto y nos reconocieron que había usado los coches que nosotros estábamos detrás, aunque no se ha podido comprobar que fueron esos coches exactos porque en estos sitios se los limpian muy bien para venderlos”, ha añadido.

De la investigación también se pudo detallar que el pederasta que había agredido entre 2013 y 2014 a por lo menos cinco niñas tenía una firma al actual. “A todas las decía, para reclamar su atención, que iban a gastar una broma a alguno de los familiares, y así llevárselas. Broma, era una palabra muy concreta que siempre la utilizaba.

Otros dos candidatos

Durante la búsqueda, que duró cinco meses, había otros dos candidatos que inicialmente no podían descartarse. “Hubo una persona que vivía fuera de Madrid que acudía a la zona de los hechos. Llevaba pastillas que llevaban Lorazepan. También era caso curioso y se le puso vigilancia. A esa persona no la descartamos”, ha indicado.

Se investigó a una tercera persona, que tenía acceso también a vehículos de concesionario. Se acercaba a un gimnasio de la zona y físicamente no era descartable. “Así que solicitamos el posicionamiento de los teléfonos de estas personas para ver los recorridos de los teléfonos. Durante toda la investigación recibimos ayuda de la Policía Municipal de Madrid, de Tráfico, de todas las unidades. Colaboró todo el mundo”, ha recordado.

Tras llevar a cabo por parte de los investigadores varias comprobaciones más, se solicitó al juez el posicionamiento del teléfono de Ortiz. “Se comprobó y su teléfono ya no estaba en Madrid sino en Santander”, ha destacado. Además, se comprobó que esta persona había estado trabajando en empresas de alquiler coches y mantenía contacto con concesionarios, trabajó en inmobiliarias, que había tenido distintas parejas...”, ha detallado.

Como candidato era el que más se parecía así que se solicitó al juez que se acordara la intervención telefónica. “Pudimos ver que se había ido de Madrid no de manera prevista. Tras ser identificado por una testigo en una tienda se fue con lo puesto a Santander”, ha recalcado. Después de ahí, y tras más comprobaciones, se decidió proceder a su detención y entrada y registro de sus domicilios habituales.

Respecto a los tranquilizantes que suministró a alguna de las niñas, el mando policial ha explicado que la madre de Ortiz, con la que vivía de manera intermitente, declaró que ella había tomado Orfidal. Además, Rosa, su pareja en el momento, verificó a la Policía que tenía receta para tomar Orfidal. “Contó que tenía una caja en casa pero en un momento determinado perdió de vista la caja. Lo que puedo decir es que el acusado tuvo posibilidad de acceso a estos tranquilizantes”.