Elecciones Galicia

Rajoy, en alerta ante la indecisión: "Unos pocos votos pueden ser decisivos"

Feijóo y Rajoy dan la última función de la campaña ante 1.000 personas en el teatro García Barbón de Vigo.

Rajoy y Feijóo en el teatro García Barbón de Vigo

Rajoy y Feijóo en el teatro García Barbón de Vigo

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En torno a las seis y media de la tarde, 3 policías municipales revisaban todas y cada una de las alcantarillas que rodean el Teatro García Barbón en la señorial avenida Policarpo Sanz de Vigo. Dos furgones blindados y varias motos rodeaban el perímetro. Faltaban dos horas para la última función de Alberto Núñez Feijóo. El candidato, en pos de su tercera mayoría absoluta, no quería dejar escapar ningún detalle; pretendía tenerlo todo atado -y bien atado- para el domingo. Enfrente de ellos, “el caos”, aseguraban dirigentes del partido antes del mitin. Había que defender la gestión. Para ello eligieron el teatro con más renombre de la ciudad.

“Este gobierno es el que más ha invertido en Vigo. Fin de la cita”. Mariano Rajoy se sonreía en la primera fila, observando a un Feijóo que le emulaba desde el escenario. El líder gallego reivindicó una vez más su gestión, y lamentó que no a todos les gustase. “Como dijiste tú una vez, Mariano: Yo soy como soy”.

Su última intervención volvió a ser un alegato de galleguidad, ya habitual en las dos semanas de campaña, ante más de 1.000 personas que le observaban desde las bancadas. “Galicia es una gran familia. A los gallegos no nos interesan las preguntas; siempre responderemos depende, salvo a una. ¿Qué vamos a votar el 25 de septiembre? ¡Vamos a votar por Galicia!”.

Rajoy los pueblos, Feijóo las ciudades

Feijóo en un mitin en el puerto de A Coruña esta semana

Feijóo en un mitin en el puerto de A Coruña esta semana

Feijóo contrapuso a lo largo de la campaña dos visiones distintas de Galicia: él y la estabilidad contra el resto. Cargando sistemáticamente contra él. Eso se ha tradujo en un todos contra uno constante. La candidatos de la oposición han tenido que luchar contra las dos ideas que Feijóo ha instalado en el electorado: el desconocimiento de tres líderes que prácticamente acaban de tomar el control de sus respectivos partidos, y el supuesto desgobierno al que se vería abocada Galicia en el caso de que venciese un supuesto tripartito (En Marea, PSOE, BNG). “Su objetivo es que no gobierne quien va a ganar las elecciones. Su única campaña ha sido la de atizar sin misericordia a Alberto, que es el mejor candidato”, ha criticado Rajoy en Vigo.

En Vigo se volvió a apelar al voto útil. "No os creáis nada. No hagamos aquí lo que los británicos. Vayamos a votar, a unir fuerzas, a no dispersarnos".También Rajoy alertó a los suyos de que el domingo todo se juega en el filo de la navaja: “Unos pocos votos pueden ser decisivos para gobernar”. El PP sabe que las encuestas son traicioneras, y lo que se traduciría en una alianza con Ciudadanos si llegan al Parlamento Gallego puede convertirse en humo si el partido de Rivera no alcanza el 5 % de los votos de cada provincia, necesarios para conseguir un diputado. 

“Hay socialistas que no están dispuestos a entregar toda la historia del Partido Socialista al inmovilismo. Pues yo les digo: os queremos representar”

La estrategia de campaña ha sido clara: Rajoy a los pueblos, Feijóo a las ciudades. Es la misma estrategia que llevan usando desde hace ocho años. Esta vez solo han coincidido dos veces: el primer día en la plaza de toros de Pontevedra y el último este viernes en Vigo, ambos actos señalados y multitudinarios. Rajoy ha encontrado en la campaña gallega el bálsamo que necesitaba para distanciarse de los meses de negociaciones en Madrid. Ha visitado granjas, teatros, secaderos de jamón, queserías, pueblos recónditos… Lo que ni él ni Feijóo pudieron evitar fue que aflorase la sombra de la corrupción -Rita Barberá, José Manuel Soria, Manuel Baltar-, esa que Feijóo asegura que les hizo perder 3 millones de votos. Tampoco las críticas ante la ausencia del logo del PP en los carteles de la campaña.

El “sputnik” nacionalista

Xosé Manuel Beiras con el candidato de En Marea, Luis Villares, el jueves en Ourense

Xosé Manuel Beiras con el candidato de En Marea, Luis Villares, el jueves en Ourense

Luis Villares, candidato de En Marea, ha ido de menos a más. Comenzó serio y parco, pero se soltó conforme pasaban los días, afilando la retórica y la retranca. El jueves emergió en Ourense completamente desatado. Con la voz rasgada, fue enumerando una larga lista de cargos del partido de Feijóo mientras 1.500 personas entregadas coronaban cada una de las frases con un sonoro “¡Imputado!”. “Va como un sputnik”, apuntó hace unos días su mentor y referente, el líder nacionalista Xosé Manuel Beiras.

Su lucha fue contra el desconocimiento. Pero el principal problema que En Marea ha tenido que afrontar tuvo lugar esta segunda semana. Pablo Iglesias convirtió su única visita a la batalla electoral gallega en el escenario de su trifulca con Íñigo Errejón. Su intervención en el multitudinario mitin del pasado martes en el puerto de Vigo trasladó a Galicia la tormenta política del partido. “Hace falta más a Bruce Springsteen y menos Cold Play”. El críptico mensaje fue rápidamente interpretado Errejón. El conflicto no ha gustado ni un pelo en el seno de En Marea, cuyos dirigentes y responsables de campaña lamentan que las diferencias internas se aireen durante un momento que consideraban trascendental.

El PSOE, descafeinado con sacarina

Leiceaga con Pedro Sánchez el sábado pásado.

Leiceaga con Pedro Sánchez el sábado pásado.

Xaquín Fernández Leiceaga el candidato del PSOE, ha navegado a contracorriente. Las encuestas confirman, de momento, el sorpasso gallego de En Marea sobre el partido de Pedro Sánchez. El líder de los socialistas ha dejado sentir su presencia en la comunidad, alejado, como Rajoy, de las intrigas madrileñas y volcándose de lleno en los actos de Euskadi y de Galicia. Sin embargo, el desconocimiento puede acabar de consumar la debacle socialista en la comunidad.

A falta de la jornada de reflexión, los gallegos votarán el domingo para su tierra. Pese a las encuestas, Galicia, tablero político nacional en las últimas semanas, hay una cosa que todavía no tiene clara: quién será su presidente a partir del próximo lunes.