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Ibiza: escaparate del más impúdico y exhibicionista derroche

Cada verano llega a la isla una fauna de personajes que desean demostrar su desmedido poderío económico.

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Nadie puede negar que, probablemente, Ibiza sea el símbolo más reconocido del disfrute y del hedonismo internacional; un valor indudablemente positivo tanto para la isla, como para la marca España. Dicho esto, también hay que decir que, en los últimos años, y gracias al reciente y gran dinero del Este y al ya tradicional del Golfo Pérsico, la isla también se ha convertido en el escaparate del más impúdico y exhibicionista derroche dinerario. Todos los veranos llega a las islas pitiusas una creciente e inconfundible fauna de personajes necesitados de demostrar, en todo momento y circunstancia, su desmedido poderío económico. Este incesante afán por hacer indecente ostentación material, no conoce límites. Sirva de ejemplo la feria de vanidades flotante que se da cita en la gran pasarela marina que constituyen los 2 clubs náuticos y los 5 puertos deportivos de la isla, por los que, a lo largo de la temporada, desfilan los super yates y mega barcos de recreo más grandes, más caros y más suntuosos del mundo .

En lo que a las grandes embarcaciones de lujo se refiere, a lo largo de los últimos años, se ha visto atracar en aguas ibicencas a las embarcaciones más emblemáticas del top ten mundial, incluido el Azzam, que con sus 180 mt de eslora es el barco privado de recreo de mayores dimensiones que existe. Una embarcación que también es el yate de super lujo mas caro; por el que el jeque Jalifa bin al Nahayan, presidente de los Emiratos Árabes, pagó en 2013, 600 millones de $. Las dimensiones de este mega yate son tan desproporcionadas, que en su periplo balear no siempre puede amarrar en puerto, ya que no son muchos los muelles que pueden acoger un navío de casi dos centenares de metros, y, cuando lo hacen, la tarifa de atraque no baja de los 35/40.000€ diarios. Ah, llenar los depósitos de uno de estas super villas flotantes puede superar los 600.000 €.

Otro de los macro yates más asiduos de las aguas ibicencas es el ya mítico “A”, que no destaca tanto por sus 110 m de eslora, como por su revolucionario y singular diseño de Philipe Starck. Esta envidiada embarcación, propiedad del oligarca ruso Andrey Melnichenko, guarda más parecido con el diseño de una futurista nave espacial, que con un barco, y su precio supera los 350 millones de $.

Entre otros grandes monstruos del super lujo marino este año han visitado Ibiza: el Prince Abdaluzit del príncipe saudí del mismo nombre, con sus 147mt y su flota de Mercedes negros; el novísimo Palladium de Mikhail Prokhorov , otro potentado ruso; el Radiant con su espectacular diseño e iluminación nocturna, que en 2016 ha sido la atracción del puerto de Ibiza y que pertenece al jeque Al-Futtain, del que se dice que vende 5 de cada 10 coches que se compran en los Emiratos Árabes.

La mayor parte de todos estas inmensas residencias flotantes tienen, como no, su correspondiente helipuerto; aunque, lo último de lo último, en este grand prix de la ostentación que ancla sus epatantes excesos en Ibiza, es incorporar un pequeño submarino. Alguno de los navíos luxury que ya se han hecho con este “imprescindible” extra son : el Eclipse del magnate ruso Román Abranovich; el Serene de Yuris Scheffler, otro acaudalado de la antigua Unión Soviética; o el Dubai del riquísimo empresario del Golfo Pérsico, Mohammed bin Rashid.

Esta extraordinaria demostración de poderío en el mar, suele ir acompañada de toda una serie de gestos de ostentación y excentricidad en tierra. Quien esto escribe ha podido ver como para desplazarse desde su palacio náutico , al Lio - el restaurante-cabaret más de moda en la isla - un jeque se subía en un deslumbrante Rolls blanco para recorrer los escasos 100m que le separaban del famoso local nocturno.

La mayor parte de estos barcos son para el exclusivo uso de sus propietarios, aunque para el hiper rico, sin ansias de propiedad naval, siempre existe la posibilidad de alquilar un super yate al estratosférico precio de un millón de $ a la semana.

Ibiza es, en la actualidad, sinónimo del mayor y más obsceno exceso crematístico; un lugar en el que, muchas veces, lo de menos es la calidad y lo de más la apariencia de la opulencia y la práctica del derroche por el derroche. El pasado año, por ejemplo, un príncipe saudí propietario de un yate de casi 150m y 5 cubiertas, reservó dos plantas completas del Gran Hotel de Ibiza- el más lujoso de la isla- para que pudiese pernoctar su séquito… En Ibiza está “Pachá” la discoteca más celebre del mundo y por cuyos reservados- mini espacios privados- se han llegado a pagar, en reventa, por encima de los 60.000€ noche. Yo he sido también testigo de como un cliente ruso, poco antes de abandonar un local de moda, pedía un Don Pérignon Rosé, tamaño “matusalen” ( 6 litros y 12.000€ en tienda ) para tomarse una única y última copa. En restaurantes- espectáculo como Heart o Lio no son raras las propinas que superen los 5 o 6000€. Tampoco es inusual que jeques árabes adornen sus fiestas con “remesas” de jóvenes profesionales llegadas de París, Londres, Milán..

En Ibiza se encuentra también, desde hace ya tres años, Sublimotion, el restaurante más caro del planeta, a 1.500€ el cubierto y en el que, al parece , ya no es posible reservar hasta dentro de un par de años.

Aunque es obvio que existen otras Ibizas, existe también ésta que comentamos, en la que el dinero lo es todo. Lo es todo incluso para sacar ventaja a la hora de ir al baño; ya que, como sucede en Blue Marlin , si eres titular de la tarjeta VIP del local, te evitarás la infinita cola que tendrías que esperar para entrar en el aseo. Este indecoroso derroche, o falta de respeto por el dinero, que manifiestan algunos, es aprovechado por otros en beneficio propio. Hay beach clubs en los que la colección de fotos playeras que te hacen se cobra según la apariencia o “lo rumboso” del bañista. Si lleva grandes pelucos, cadenas.. o exhibe, sin pudor, otros evidentes signos externos de manejar pasta; pues, en ese caso, se les dobla o triplica el precio del album y ya está.

El papanatismo internacional, la ignorancia gastronómica y la boba e ilimitada disponibilidad dineraria, son los responsables de que, en plena temporada ibicenca, sea imposible reservar en algunos locales, o que te intenten cobrar 70 u 80 € por un supuesto plato de rodaballo salvaje, cuando lo que te sirven, en realidad, no es más que un triste filete descongelado de fletan. La profunda estultez y desmedida vanidad de muchos de los visitantes estivales de la isla, está haciendo que el coste de las cosas resulte prohibitivo y la calidad de lo ofrecido sea ínfima. Eso sí, si te mueves en los ambientes adecuados, podrás coincidir con Leonardo Di Caprio en el chiringuito de moda, o con Paris Hilton en un aseo cualquiera.

En el especial mundo ibicenco de las vanidades infinitas y los egos desproporcionados, el dinero es lo esencial. Dinero para lograr lo que sea, siempre que lo conseguido resulte extremadamente escaso; para que la mayor parte de los que pudieran codiciarlo, no puedan tenerlo y te envidien por ello.

En esta Ibiza de lo presuntuoso, superexclusivo y tontorron, todo está en venta y se puede comprar, sobre todo, si es carísimo y para unos pocos privilegiados.