Terrorismo

Un exmilitar español en Irak: así estuvo a punto de matarme un francotirador del Estado Islámico

En un vídeo grabado por los combatientes se escucha la bala del tirador de élite silbando sobre la milicia.

Simón, a la derecha, es uno de los españoles integrados en las milicias cristianas.

Simón, a la derecha, es uno de los españoles integrados en las milicias cristianas.

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Mosul está cercada. El enclave bajo el que el Estado Islámico ha impuesto su ley está a punto de ser liberado. Las tropas oficiales del Ejército iraquí rodean el bastión yihadista. Junto a él lucha, además, un conglomerado de fuerzas locales (yazidíes y peshmergas kurdos, entre otros), unidos por su determinación de acabar con el Daesh. Las milicias cristianas, compuestas por combatientes de diferentes nacionalidades, se han unido a su propósito. 

Los españoles incorporados a esta milicia cristiana son testigos del ataque "a la desesperada" que proyectan los soldados del Estado Islámico. Disparan donde antes no lo hacían; prueban a alcanzarles desde distancias mucho mayores; tratan de contener los envites de las tropas oficiales. Los francotiradores entran en juego.

Calcular la fuerza y la dirección del viento, además de la distancia, marcan el disparo. Cualquier fallo en los cálculos es suficiente para que la bala no alcance su objetivo. Fallo que, de no producirse, podría haber acabado con la vida de Simón, uno de los combatientes españoles, o de cualquier de sus compañeros de unidad. 

Faltaron centímetros. El tirador del Estado Islámico erró por poco en su disparo. La bala silbó por encima de Simón y de los demás miembros de la milicia cristiana. En los últimos segundos de un vídeo difundido por los combatientes en su página de Facebook se escucha el proyectil pasando junto a su objetivo.

El francotirador del Estado Islámico terminó perdiendo la vida en el enfrentamiento: "Al tercero en la cabeza", resuelven los combatientes españoles.

Integrados entre yazidíes

Simón, que sostiene su identidad en secreto por "motivos de seguridad", se encuentra en el frente de Shinjal. Precisamente esta ciudad sufrió, recientemente, el ataque de unos 400 soldados del Estado Islámico. "Parece que son los últimas coletazos de la bestia herida a quién auguramos un final cercano y acorde a lo que se merece", explica.

Otro español, al que los demás apodan el cocinero -utilizó esta coartada para acceder al país-, está entre las localidades de Telles Kuf y Baqoufa. Hay otros españoles en estas unidades, aunque rehúsan desvelar su nombre ni ningún detalle sobre su identidad.

Simón se encuentra bajo el mando de los peshmergas kurdos, aunque ha recibido el permiso para integrarse en las milicias cristianas. Éstas adiestran a las fuerzas yazidíes, una minoría de corte cristiano que sufrió un genocidio por parte de los yihadistas hace dos años. 

"Todavía hay poblaciones cristianas y yazidíes bajo Daesh, pero los peshmerga no muestran interés en recuperarlas. Por eso se está formando un ejército yazidí: para defenderse y recuperar sus villas y sus mujeres secuestradas", comentaba Simón en una entrevista reciente publicada por EL ESPAÑOL.

El objetivo de Mosul

Desde que los españoles alcanzaron Irak, el objetivo prioritario ha sido tomar la ciudad de Mosul. Por el camino han participado en otras operaciones destacadas, como la liberación de Bashir. "En el combate todos los sentidos están ocupados y el miedo se aparca", comenta Simón, reconociendo que su "mayor miedo" es el de "quedarse sin agua a 48 grados". 

Fuentes diplomáticas insisten en que la participación de ciudadanos españoles en un conflicto al margen de las decisiones del Gobierno puede ser objeto de delito.