Discapacidad

La victoria del pequeño Iván: los jueces dicen que los cuidados en el colegio no son suficientes

El Tribunal Supremo concede a una madre el derecho a cobrar una ayuda por cuidar a su hijo, con parálisis cerebral.

Iván posa en una excursión con su madre, Alicia.

Iván posa en una excursión con su madre, Alicia.

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Iván cumplirá pronto 7 años y vive en Santander. Desde que nació sufre parálisis cerebral. Su madre, Alicia, ha conseguido que el Tribunal Supremo le conceda el derecho a cobrar una ayuda para poder seguir pagando los cuidados que su hijo necesita fuera del colegio.

"Estaba embarazada de gemelos. En el último momento, cuando iba a ingresar para que me hicieran una cesárea, descubrieron que el hermano de Iván había fallecido", cuenta Alicia. Aparentemente, Iván estaba bien. "A las 24 horas de nacer, le hicieron una ecografía y vieron que había tenido una hemorragia cerebral". En ese momento, los padres de Iván no sabían qué iba a pasar, porque "se ve con el tiempo cuáles son las secuelas, aunque nos contaron que quizá no tuviera movilidad en el lado derecho de su cuerpo".

Se ve con el tiempo cuáles son las secuelas

Pasados unos meses, les contaron que lo que Iván tenía era parálisis cerebral. "Iván ahora mismo no habla, no anda...pero entiende todo lo que le dices, porque está muy estimulado desde que era un bebé", apunta Alicia. El pequeño tiene reconocido un Grado III de dependencia por el Gobierno de Cantabria, con un grado de discapacidad del 78%.

Rehabilitación desde el principio

"Cuando llegamos a casa con él sabíamos que tenia un problema muy grave así que sabíamos que la rehabilitación era muy importante para él desde el minuto cero", afirma Alicia. Esa es la razón por la que, desde que Iván tenía tres meses, acude a Aspace, donde recibe atención de fisioterapia, logopedia y neurorehabilitación.

También acudía a sesiones en la Seguridad Social, pero "eran muy escasas". Dos días a la semana, media hora cada día. "Nos tuvimos que buscar la vida", señala Alicia, que indica que "todo lo que hay son terapias privadas con un coste económico muy importante".

"Le hemos llevado a todo tipo de tratamientos que hemos podido conocer y que le han venido muy bien", cuenta Alicia. Por eso, pidió una excedencia en su trabajo y se fue a vivir con Iván a un pueblo cercano a Santiago de Compostela, donde recibía un tratamiento esencial. 

Al volver de la capital gallega, Alicia pidió una reducción de jornada en su trabajo. "Me acogí a la opción que existe para padres con niños con enfermedades graves, y no tuve ningún problema", explica. Sin embargo, sí que lo tuvo al solicitar la prestación que le corresponde por esta situación. "Los médicos de MC Mutual, mutua colaboradora con la Seguridad Social, acreditan que Iván tiene parálisis cerebral y que necesita cuidados permanentes y constantes las 24 horas del día, pero me deniegan la prestación diciendo que no cumplo los requisitos", indica Alicia.

El Tribunal Supremo le da la razón

Alicia no se queda ahí. "Presenté una demanda de impugnación ante el juzgado de lo social en Santander, que dice lo mismo", cuenta. A pesar de esta segunda puerta cerrada, la madre de Iván continúa luchando por lo que considera su "derecho". La tercera vía: el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria.

"El TSJC consideró que cumplía todos los requisitos, que el porcentaje de reducción de jornada era correcto pero que, como Iván estaba escolarizado, no tenía derecho a prestación", explica. Pero "dejó un poco abierta la puerta porque hay sentencias contradictorias entre varias comunidades autónomas". En el País Vasco, en un caso prácticamente igual al de Iván, su familia había conseguido la prestación.

Es el Tribunal Supremo quien toma entonces la palabra y considera que la Alicia tiene derecho a recibir la ayuda. "Es la primera vez que pasa algo así", afirma Alicia ilusionada. El TS apunta que el hecho de que el pequeño acuda al centro especial no supone, “dada la gravedad de sus dolencias y severas limitaciones que comportan”, que durante el tiempo en el que permanece en su casa no tenga que “ser objeto de intensos cuidados por parte de su madre de manera directa, continua y permanente”.

Iván acude al colegio por la mañana, donde le deja su madre antes de ir a trabajar. Cuando Alicia sale, va a buscar al pequeño y, ya por la tarde, "empezamos con todas sus sesiones de rehabilitación". "El que tiene un niño con parálisis cerebral sabe que necesita cuidados permanentes, absolutamente para todo, por lo que el único tiempo en el que puedo trabajar es cuando él está en el colegio", explica Alicia.

"Puedo seguir pagando"

"Yo sé que los gastos los tengo que asumir yo, pero reduje mi jornada a la mitad, lo que supone una reducción de mis ingresos muy importante", continúa la madre. "Esta prestación supone que yo siga pagando el logopeda, su fisioterapeuta...una serie de gastos que hasta ahora no podía asumir", apunta. 

Alicia asegura que están "muy felices". "No solo por nosotros, sino por lo que esto supone. Hay muchas familias que tiran la toalla antes de llegar hasta el final", concluye.