Corridas toros

López Simón cae de pie en la 'nueva' plaza de El Puerto

El madrileño desorejó al sexto y con un total de tres orejas salió a hombros junto con Diego Ventura en su presentación en la reinauguración del mítico coso. Padilla rozó el triunfo.

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La rehabilitación de la plaza de toros de El Puerto de Santamaría descubrió de nuevo al mito enmarcado por Joselito con una frase, convertida en el retuit más numeroso de la historia. Tan repetida en lo analógico que es un tópico.

Este rincón del toreo se inauguró en 1880 con la condición de real y este domingo se celebraba su reapertura con un festejo mixto: Diego Ventura, Padilla y López Simón partieron el primer paseíllo de la nueva era. Muchas calvas en los tendidos para un acontecimiento como liviano. Antes se celebraba de otra manera. O ahora se han agotado las ideas.

A López Simón le salió redondo su debut en esta plaza. Tres orejas. Sí funcionó la espada esta vez. Desorejó al sexto, un toro medio que se dejó sin más. López Simón llega a los tendidos con una facilidad pasmosa y la poca entrega del último toro de Salvador Domecq, esa condición ausente, fue perfecta para elevarse poniéndolo todo el torero.

Jugó con el caballo. Toda la corrida a pie se había gastado demasiado en el peto. Fue sentir la puya y ya había un capote tirando de él. Apenas tocó el peto. Se le intuía un hilo de sangre por el lomo cuando citó López Simón en el tercio. Entre las dos rayas, a pies juntos, las banderas, firme. Luego los derechazos. Hubo ligazón y limpieza.

Arrancó 'Concha flamenca' y todo fluía: se sucedieron las tandas, el toro repetía sin humillar y López Simón estaba asentado, sin la impaciencia de otros días.Después de una última tanda con la izquierda a pies juntos entró en los terrenos del toro. Hasta tres circulares envolvieron la embestida. Las puntas rozaban la taleguilla sin inmutarse el madrileño. La muleta al suelo y la gente en pie. El espadazo confirmó las dos orejas con un bullicio de palmas por bulerías.

A los dos los recibió lanceando a pies juntos. No se puede llamar a eso verónicas como tampoco natural a una luquecina. Las palmas para dentro encorsetan el lance. Al tercero lo toreó despacio, aunque tocó más la muleta. Una trincherilla destelló en el inicio. Basó la faena en la mano derecha. La primera serie acompañó el galope del toro sin exigir, que giraba a su alrededor. La muleta puesta y los talones. Fue a menos todo hasta la estocada, que con un certero descabello, amarró la primera oreja. Volverá en agosto.

Junto a él se fue a hombros Diego Ventura. Los dos toros de rejones de Fernando Sampedro se pararon aunque la embestida del primero tuvo la calidad que le faltó al cuarto. Un único rejón de castigo para cada uno. El temple como medicina también a ambos. 'Nazarí' y después 'Sueño', que consiguió los mejores momentos a caballo de la tarde, sin terminar de romper, alargaron en torno a la grupa las dos arrancadas. 'Remate' y 'Roneo' como rompeolas. La eficacia con el rejón de muerte puso una oreja por actuación en las manos de Ventura.

Las largas cambiadas de Padilla en el tercio desperezaron la tarde, así como vaga. El final de julio tiene algo de final de verano. El resto es septiembre. El recorte a una mano abrochó el saludo. Galleó hasta el caballo por chicuelinas y ahí se gastó el toro. Un puyazo como tres. Estuvo demasiado tiempo bajo el hormigón de carne del percherón, un muro con patas.

Las banderillas de Padilla avivaron un poco la endeble llama. Cuadró en la cara dos veces y se escurrió el violín. Al contrario con el quinto. Al tomar la muleta, de nuevo de rodillas. Aguantó dos arreones interiores, rectos, y giró para el redondo. Todo muy intenso. Otra vez se colaría el toro puesto en pie el torero. La faena fue un intercambio de ganas y falta de empuje. Padilla crea conjuntos con miles de cosas, un museo kitsch de martinetes, molinetes y desplantes que funciona genial. Además, estuvo firme.

Luego, otro inicio apabullante también de rodillas descompuso al quinto que se lesionó. El látigo explosivo se llevó por delante la opción de puerta grande. A la deriva el trasteo, no se sostenía el toro, abierto de patas, la estocada resultó entera. El de Salvador Domecq se aferró detrás de la tormenta de muerte que le acechaba y Padilla lo vendió bien. Cayó el toro, los pañuelos se abrieron y la presidenta consideró que no había suficientes. Padilla se fue andando.